Echando cuentas

Gafas y pluma sobre una página de información estadísticaDurante los dos primeros días de esta semana he tenido la fortuna de participar en el curso sobre Financiación y explotación de instalaciones culturales municipales, inscrito en el “Plan de Formación continua” de la Federación Española de Municipios y Provincias [FEMP] y desarrollado en el magnífico marco del Círculo de Bellas Artes en Madrid, donde pude plantear algunas ideas y mostrar algunos ejemplos de lo que se puede hacer “Para añadir glamour a nuestra ciudad”. En este foro, al que han acudido cerca de un centenar de profesionales de la gestión cultural en el ámbito municipal —coordinadores, programadores, técnicos… y también bibliotecarios— de casi la totalidad de las comunidades autónomas, se han planteado los retos de la cultura en las entidades locales, especialmente difíciles en esta coyuntura socio-política y económica en que nos encontramos, siguiendo los ponentes tres líneas básicas de intervención: la evaluación de las políticas culturales, la búsqueda de nuevas fuentes de financiación y mecenazgo, y la necesidad de la extensión de las prácticas de colaboración, cooperación y planificación compartida. Siendo como fueron de gran interés las intervenciones de todos aquellos con quienes compartí la mesa de ponentes, la Cuenta Satélite de la Cultura en España fue para mí todo un descubrimiento.

Durante su intervención la Directora de la División de Estadísticas Culturales del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, María Ángeles Pérez Corrales, aportó algunos datos sumamente interesantes que permiten obtener una imagen del valor real de la “industria cultural” en España. Por ejemplo, la Estadística de Financiación y Gasto Público en Cultura, que no maneja magnitudes presupuestarias —una mera declaración de intenciones— sino exclusivamente datos de liquidación de gastos, demuestra que la Administración Local gastó en 2009 en torno a 3,5 veces más en cultura que la Administración Central, tanto en valores absolutos (3.873.868.000 € frente a 1.135.273.000 €) como en valores medios por habitante (84,5 € frente a 24,8 €). Para el mismo ejercicio económico, según la Estadística sobre consumo cultural en los hogares españoles, el gasto medio por persona en bienes y servicios culturales alcanzó los 350 €, un 3,1% del presupuesto personal de gastos, sumando casi 16 mil millones. En la atención a esos usuarios/consumidores se ocuparon 537.000 empleados —ya fuera en la Administración, empresas o entidades culturales—, muchas de ellas con dedicación a tiempo parcial, lo que supone según la Encuesta de Población Activa el 2,8% del total de los trabajadores. De ese total, apenas el 6,1% realizaron su actividad en bibliotecas, archivos, museos y otras instituciones culturales, dedicándose el resto a otras actividades económicas: edición, audiovisuales, diseño, espectáculos… De manera didáctica, la ponente desgranó la información ofrecida por la Encuesta de hábitos y prácticas culturales en España 2010-2011: la actividad cultural más frecuente es escuchar música (84,4%), mientras que el 49,1% de los residentes en España al menos acude al cine una vez al año. La asistencia anual a bibliotecas se reduce al 20,5% de la población, aunque la lectura es una actividad cultural que alcanza un índice del 58,7%. Por su parte, de los más de 52 millones de turistas que nos visitaron en el ya mencionado año 2009, el 11% lo hizo principalmente por motivos culturales y hasta el 53,5% realizaron alguna actividad cultural.

Sector cultural vs. Acvtividades vinculadas a la propiedad intelectualPero de toda la intervención de Pérez Corrales fue su exposición sobre la Cuenta Satélite de la Cultura en España, una operación estadística elaborada por el Departamento perteneciente al Plan estadístico Nacional con el objetivo de estimar el impacto de la cultura en el conjunto de la economía española. La gran dificultad de este proyecto se encuentra en delimitar qué es cultura a efectos estadísticos, lo que sólo se ha podido solventar mediante una cuidadosa selección de actividades y productos de la Contabilidad Nacional de España. Como resultado de esta labor, se consideran en el ámbito cultural diferentes sectores y fases. En el gráfico adjunto se observa que actividades vinculadas a la propiedad intelectual como la publicidad o el desarrollo de software no se contemplan como pertenecientes stricto senso al sector cultural propiamente dicho, mientras que el Patrimonio cultural se limita a las actividades ligadas a la gestión y explotación de elementos patrimoniales, sin vinculación alguna con la propiedad intelectual.

Porcentaje del VAB totalEl avance de resultados 2000-2009 de la Cuenta Satélite de la Cultura en España proporciona una sólida base  que nos permite a los profesionales contestar con datos la agresiva política de desmantelamiento de equipamientos y cancelación de actividades culturales que se pretende justificar con las necesidades económicas imperantes. Y es que, más allá de los valores absolutos, la aportación del sector de la cultura supuso al Producto Interior Bruto [PIB] en 2009 el 3,0%, y el 3,2% al Valor Añadido Bruto [VAB]; estas cantidades se elevan respectivamente al 3,2% y al 4,1% si estimamos las actividades vinculadas a la propiedad intelectual. ¿Son muy reducidas estas magnitudes? La respuesta es una simple cuestión de percepción, pues si bien es cierto que la aportación de la cultura al VAB es ampliamente superada por la industria, la construcción y los servicios, se sitúa en cambio por encima del sector primario (3,4%) y de la energía (2,7%), resultado que pone de manifiesto que tanto las actividades culturales como las actividades vinculadas con la propiedad intelectual tienen un peso nada residual sino muy significativo en la economía española. Es verdad que los archivos y las bibliotecas aportan un porcentaje muy reducido tanto al conjunto del PIB (apenas el 0,06%) y apenas el 2,3% al PIB cultural. Pero no es menos cierto que se porcentaje se ha ido incrementando en los últimos diez años hasta más que doblarse, beneficiándose del retroceso sufrido por los subsectores del libro y la prensa, el cine y la música grabada. Según explicó Pérez Corrales, este crecimiento se puede explicar por el llamado “efecto pintalabios”, un fenómeno que tiene su explicación en la necesidad de los consumidores de demandar bienes más baratos que sustituyan otros más caros que antes consumían: a medida que crecen las dificultades para llegar a final de mes, los ciudadanos se ven más abocados a sustituir la adquisición de libros, discos o entradas para el cine por el préstamo en las bibliotecas públicas, cuyo acceso —salvo deshonrosas excepciones— no le exige un nuevo desembolso económico.

Puesta esta tendencia en relación con los hábitos culturales de los españoles en función de los indicadores de participación cultural interrelacionados, observamos cómo entre aquellos que leyeron un libro en el último trimestre la tasa de asistencia a museos alcanza el 47,5%, el 66,5% asiste al cine cada año y un 35,5% a conciertos de música actual, alcanzando la cota del 92,9% quienes escuchan música al menos una vez al mes. El mayor grado de lectura corresponde a los asistentes a espectáculos de artes escénicas (85,6%), tasa seguida muy de cerca por los visitantes a instalaciones de artes plásticas o asistentes a conciertos.

Con estos datos, resulta muy comprensible que el Presidente de la Comisión de Cultura de la FEMP y Alcalde de Mislata, Carlos Fernández Bielsa, manifestara en el cierre del curso que “la cultura no es un gasto, es una inversión”. ¿Dónde he oído yo una frase similar? ¿Por qué no se la aplican nuestros gestores políticos? Es evidente que el mantenimiento de la tasa de inversión pública en cultura —o, mejor aún, su incremento—, y muy especialmente en instalaciones y servicios bibliotecarios, resulta no sólo muy necesario para sobrellevar épocas de crisis como la actual, sino que resulta imprescindible si se pretende sentar las bases para su superación. Y no acudo para sostener tal afirmación exclusivamente a razones humanitarias o sociológicas, sino también económicas: el fomento público de la lectura no sólo será en beneficio del enriquecimiento personal interior sino que propiciará una mayor demanda de servicios y actividades culturales, potenciándose un sector económico de una importancia reducida pero en absoluto desdeñable y fortaleciendo unos hábitos que incrementarán aún más el consumo cultural.

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Como inmigrante digital, en ocasiones siento cierto vértigo ante las aportaciones de los colegas que se hallan a años luz de mi experiencia (y de otros muchos bibliotecarios) en el ámbito de las nuevas TIC. Creo que será bueno tomar, de vez en cuando, algún respiro y poner los pies en el suelo, proporcionando un toque de la realidad cotidiana de muchos de nosotros a las valiosísimas aportaciones de nuestros inquietos y afortunados compañeros. Será nuestro grano de arena para luchar contra la creciente brecha digital que se está abriendo entre los bibliotecarios.

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