Se alquila nombre de biblioteca. Razón aquí - BiblogTecarios

Se alquila nombre de biblioteca. Razón aquí

En los últimos días el cambio de nombre de la estación de Metro de Sol por el de una conocida compañía telefónica ha causado un gran revuelo social. La búsqueda de financiación a través de la explotación comercial de los derechos de nombre de la emblemática estación ha generado un intenso debate sobre este tipo de prácticas, más conocidas como naming.

Estadios de fútbol, salas de conciertos e incluso teatros ya habían suscitado polémicos cambios de nombre en España. Las sustanciales cantidades económicas percibidas por sus administradores son un punto a favor, mientras que la pérdida de identidad que supone tan drástico cambio de denominación se convierte en el principal argumento de sus detractores.

En un contexto de crisis como el que actualmente vivimos, la venta o cesión de los derechos de nombre a marcas comerciales o a acaudalados mecenas se ha convertido en una excelente, y no menos polémica, alternativa de financiación para organizaciones tanto públicas como privadas. Las bibliotecas no son ajenas a esta difícil situación, por lo que cabe preguntarse: ¿es el momento de sustituir los característicos nombres de ilustres hombres y mujeres de la cultura, que habitualmente figuran en las fachadas de los centros, por el de marcas de refrescos o ropa deportiva?

Tu nombre aquíHemos visto con anterioridad en Biblogtecarios cómo las bibliotecas luchan contra la precariedad económica buscando nuevos ingresos a través de donativos, micromecenazgo o financiación privada. El desarrollo de servicios y colecciones está en juego e incluso la existencia de la misma biblioteca se encuentra bajo amenaza ante la falta de recursos, por lo que llegan a surgir iniciativas de financiación que parten de los propios usuarios, en forma de crowdfounding. El propio Julián Marquina se preguntaba en su día si este tipo de iniciativas eran positivas para las bibliotecas. Pero quizá ya no sea suficiente con preguntarse esto y haya que barajar la toma de medidas más agresivas y desesperadas, como puede ser negociar con la propia identidad de nuestros centros.

Desde hace décadas la venta de los naming rights es común en lugares como Estados Unidos, Canadá o Reino Unido. No es difícil encontrar casos de bibliotecas que han recurrido a este método para encontrar unos suculentos ingresos extra para mejorar sus servicios.

En el país americano podemos encontrar uno de los ejemplos más significativos. La New York Public Library decidió en 2008 cambiar el nombre de su edificio principal, situado en la Quinta Avenida, por el del afamado empresario Stephen A. Schwarzman a cambio de 100 millones de dólares. Un amplio beneficio para el centro público que sin embargo no fue bien recibido por parte de sus usuarios, que vieron como su emblemática biblioteca, símbolo de la generosidad y la apertura, cambiaba de denominación por la de un nombre asociado a la codicia y la opacidad.

Caso parecido al que sucedió tiempo después en la prestigiosa Universidad de Cambridge, que tuvo que dar marcha atrás en sus planes de cambiar la denominación de su biblioteca por el de la marca de supermercados Tesco y que generó un amplio debate en su exigente comunidad universitaria que no vio con buenos ojos las intenciones de los administradores.

Otro buen ejemplo de explotación de sus derechos de nombre es el de la Bedford Public Library de Texas, que ofrece a sus usuarios la posibilidad de patrocinar los ladrillos del edificio desde 50 dólares. Pero que además ofrece no sólo la cesión del nombre de la biblioteca, si no también el de sus diferentes salas. Este último caso es más frecuente en España donde podemos encontrar salas informáticas que bajo la denominación de proveedores de bases de datos o de entidades
bancarias.

RedBull College LibraryUno de los casos de naming más recientes y llamativos es el de la biblioteca principal de la Universidad de Wisconsin. Y es que es posible que no exista mejor nombre para una biblioteca de campus que abre las 24 horas que el de una marca de bebida energética.

Como se puede ver, los cambios de nombre siempre conllevan una amplia polémica y pueden llegar a jugar en contra de la institución que lo lleva a cabo por lo que hay que tener en cuenta si el beneficio reportado merece la pena.

Y vosotros, ¿creéis necesario este tipo de medidas?, ¿estáis dispuestos a sacrificar la identidad de vuestra biblioteca a cambio de un buen puñado de euros?

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Pablo García

Un espacio para hablar con una visión desenfadada sobre temas relacionados con el mundo de las bibliotecas y la documentación. Se trata aquello que es tendencia, especialmente enfocado en la innovación en aspectos tradicionales de la profesión, y la adaptación de la tecnología al trabajo diario del profesional de la información. La imagen social de la profesión también tendrá protagonismo.

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