Netflix y la biblioteca

Netflix es una empresa que alquila un número ilimitado de películas, series de televisión y documentales a través de su página web pagando una cuota mensual de 8,99 dólares. Estas se pueden ver por “streaming” desde la propia página web, desde dispositivos preparados para ello (videoconsolas o teléfonos móviles, por ejemplo) o recibirlas en DVD por correo en un día. Para ello sólo hay que registrarse con un correo electrónico y una contraseña y pagar la susodicha cuota.

Actualmente tiene 15 millones de personas suscritas, lo que lo convierte en el servicio de “streaming” con más suscriptores del mundo. El servicio actualmente está disponible en Estados Unidos y en Canadá, donde sólo se accede al material por streaming.

Rebecca Fitzgerald, bibliotecaria de un college de Nueva York, cuenta en una entrada como invitada en Tame The Web cómo en su biblioteca se suscribieron con dos cuentas a Netflix, lo que les permitía obtener 8 DVDs a la vez por cada cuenta y un número ilimitado de películas por streaming (un éxito entre los estudiantes). Con esas suscripciones la biblioteca se ahorró unos 3000 dólares en presupuesto.

Fitzgerald proponía esta opción para aquellas bibliotecas con problemas de presupuesto. No es el primer caso, Ciara Healy lo propuso en Library Trend, pero sí es el que tuvo más repercusión.

¿Cuál es el problema?

“The use of the Netflix service, including DVDs rented to you by us and the Netflix instant streaming discs is solely for your personal and non-commercial use.”

Netflix ha aclarado que no ofrece suscripciones a instituciones. Prestar DVDs a profesores para ponerlos en clase o dejar usar el streaming a alumnos en la biblioteca va contra los términos de uso de Netflix. Aunque sus representantes han dicho que no les parece bien, también han declarado que no tienen intención de perseguir a las bibliotecas y que simplemente confían en que cumplan las normas.

El uso de Netflix se ha extendido en bibliotecas académicas y en algunas casos el abuso del servicio es evidente, como ejemplo, esta biblioteca que cobra 50 dólares si se tarda más de 30 días en devolver el DVD o se pierde. Los DVDs en Estados Unidos por lo general no valen 50 dólares y se podría argumentar que la biblioteca saca beneficios económicos usando el servicio.

Algunos bibliotecarios como Jessamyn West piensan que a veces hay que saltarse algunas normas y consideran que Netflix está consintiéndolo haciendo la vista gorda con el tema, mientras otros como Meredith Farkas opinan que es hipócrita saltarse los términos de uso de un servicio con las mismas excusas que se suelen poner para violar el copyright (“todo el mundo lo hace”, “no puedo permitirme comprar todo esto”, “nadie dice que esté mal”).

¿Vosotros qué pensáis?

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Natalia Garea

Trabajo en una biblioteca académica en Londres. Espero poder desarrollar mi carrera profesional en el sector de la Información, viajar y aprender mucho.

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