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FAIFE y Wikileaks

El Comité del Libre Acceso a la Información y la Libertad de Expresión (FAIFE), perteneciente a la IFLA, que tiene como objetivo principal difundir la correlación existente entre el concepto biblioteca y los valores de la libertad intelectual comenzó el año estrenando su presencia en Facebook y Twitter e iniciando la publicación de una serie de artículos (FAIFE Spotlights) sobre temas candentes relacionados con la libertad de expresión.

El primer artículo escrito por Päivikki Karhula de la Biblioteca del Parlamento Finlandés se titula “What is the effect of WikiLeaks for Freedom of Information?“.

Es un artículo verdaderamente interesante en el que Karhula nos explica los orígenes de Wikileaks y como este se ampara en el Artículo 19 de los Derechos Humanos para hacer lo que ellos denominan “principled leaking” (hacer filtraciones por principios éticos) descritos en Wikileaks como una herramienta necesaria para luchar contra corrupción gubernamental, individual o corporativa.

En el artículo procede a hacer un resumen de los documentos filtrados hasta el momento: en 2007 se filtró el manual de operaciones militares para Guantánamo en el que se decía que a algunos prisioneros se los ponía en zonas donde el Comité Internacional de Cruz Roja no pudiera visitarlos, todo esto fue negado. En julio de 2010 se filtró el Diario de la guerra afgana, 76900 documentos sobre la guerra de Afganistán en los que se destapa el encubrimiento de las muertes de civiles inocentes. En octubre se publicaron 400000 documentos esta vez colaborando con una parte de la prensa, los Registros de la guerra de Irak, en los que se lleva cuenta de las muertes producidas y se evidencian torturas. En noviembre se publicaron los cables diplomáticos de Siprnet, la red cerrada del Departamento de Defensa de Estados Unidos, que desde hace diez años utilizan también las embajadas para compartir información mucho más rápido. 100000 cables estaban clasificados como confidenciales y 15000 eran secretos (una escala algo mayor que confidencial).

Estos últimos, nos explica Karhula, son los que han provocado una mayor reacción: el bloqueo de la página por parte de varios gobiernos y proveedores de servicios americanos y el bloqueo a la cuenta de Wikileaks por parte de Swiss PostFinance, Bank of America, PayPal, Visa y MasterCard. Pero no sólo eso: estudiantes universitarios, trabajadores del gobierno y futuros empleados en Estados Unidos fueron advertidos de que no debían leer, imprimir, comentar o enlazar a Wikileaks puesto que la información que aparece en la página todavía tiene rango de confidencial.

Hillary Clinton, secretaria de Estado de Estados Unidos, condenó inmediatamente la publicación ilegal de documentos del gobierno y defendió la necesidad de un espacio confidencial para las conversaciones diplomáticas además de comentar que con las filtraciones se ponía en riesgo la vida de personas.

La reacción civil ha sido de todo tipo, mucha gente considera justas las filtraciones porque les parece un abuso que se utilice el secreto de los documentos administrativos para encubrir malas conductas, como tratos inhumanos o asesinatos. Otros, sin embargo, consideran que han sido unos temerarios al publicar documentos que exponen a personas trabajando para el gobierno en los países con los que están en guerra. Entre los que opinan así se encuentra la Asociación de Reporteros Sin Fronteras. Stephen Aftergood, director de la Federación de Científicos Americanos, considera que Wikileaks ha pasado el límite a partir del cual no se ataca sólo a la corrupción si no también al secretismo, a la privacidad.

Se recoge en el artículo un comentario de la periodista Claire Berlinski en el que se queja de la doble vara de medir de los periodistas que defienden el derecho a proteger sus fuentes y que por otro lado no conciben que el gobierno tenga las suyas y que quiera preservarlas en secreto.

¿Y qué consecuencias va a traer todo esto? ¿Transparencia radical o mayores medidas de control sobre lo que se publica? A mí parecer la balanza se inclina por lo último pero en el artículo, Karhula dice que aún no hay suficientes evidencias como para saber qué camino se va a seguir y que sería interesante que FAIFE siguiese este tema.

¿Vosotros que opináis?

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Natalia Garea

Trabajo en una biblioteca académica en Londres. Espero poder desarrollar mi carrera profesional en el sector de la Información, viajar y aprender mucho.

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