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En defensa de las bibliotecas públicas

Defender las bibliotecas es defender la cultura, la libertad y el progreso

Yo amo la biblioteca

¡Yo amo la biblioteca!

Desgraciadamente, vivimos malos tiempos para las bibliotecas. No es una suposición ni una hipótesis, no. Desgraciadamente es una realidad. Tampoco se trata de pensamientos negativos o de apreciaciones subjetivas que nos lleven a pensar en que es cuestión de perspectiva ver si el vaso está medio vacío o medio lleno. O en este caso, de si las bibliotecas están en el lugar que merecen o aún queda un largo camino por recorrer, si es que aún estamos a tiempo.

No. Sencillamente se trata de realidades que aunque no por ser generales suponen una necesaria aceptación del estado de la cuestión. Si ante las dificultades y problemas no tratamos de encontrar soluciones no esperemos que estos se resuelvan solos. Tampoco podemos mirar hacia otro lado o mantener un silencio cómplice porque eso significaría que no creemos en el verdadero valor de las bibliotecas ni en la importancia de nuestro trabajo como bibliotecarios.

Vamos a analizar el asunto desde los distintos factores implicados.

La inversión económica para el sostenimiento de las bibliotecas

Si hablamos de sostenimiento de las bibliotecas, sea cual sea su tipología, estamos considerando de qué modo están afectadas por la drástica disminución o la ausencia en muchos casos de inversión económica. Cualquier servicio público, consolidado, atendido por personal cualificado, que atiende casi al cien por cien de la población, que además está estipulado como necesario por la legislación, precisa ser sostenido económicamente por las administraciones de las que depende. En el caso de las bibliotecas, desde que tuvimos noticias de la recesión económica, después transformada en crisis, hemos visto cómo se han reducido al máximo las inversiones tanto en personal como en adquisiciones y no digamos ya en actividades culturales directamente relacionadas con las bibliotecas. Y si hablamos de las bibliotecas públicas municipales, en muchísimos casos podemos hablar, desgraciadamente, de ausencia total de presupuestos. Esta falta de inversiones repercute en la actividad diaria de las bibliotecas: en disminución de personal, en disminución o ausencia de adquisición de fondos que paulatinamente van enriqueciendo las colecciones, en la reducción o anulación de programación cultural elaborada directamente por las bibliotecas, etc. Incluso en algunos casos hemos visto que las bibliotecas han desaparecido por cierre, están atendidas por personal inadecuado o han visto mermados en sus horarios y servicios, pues la administración que las sostenía económicamente no dispone de presupuesto para sacarlas adelante. ¿Tal vez nos estemos quedando sin bibliotecas? Hay que plantearse seriamente la cuestión pues mucho debemos temer cuando no escuchamos nada sobre bibliotecas en las políticas culturales en general. Por ello, aunque queramos ser optimistas, el panorama general no permite ver el vaso “medio lleno” pues cada biblioteca que se cierra supone en muchos casos para poblaciones pequeñas eliminar el centro cultural y dinamizador de la comunidad.

La legislación española relativa a bibliotecas: un derecho de los ciudadanos

La Constitución Española de 1978 establece que los ciudadanos tienen el derecho fundamental de acceso a la cultura (art. 44) y a la conservación y enriquecimiento de patrimonio cultural (art. 46), y en este aspecto la función de las bibliotecas es fundamental y absolutamente necesaria para el desarrollo y la participación de la ciudadanía en un estado democrático.

Si echamos un vistazo a toda la legislación relativa a las bibliotecas, vigente en todas las comunidades autónomas, comprobamos que esta competencia que se asumió por éstas contempla la creación, mantenimiento y desarrollo de servicios bibliotecarios para uso y disfrute de sus ciudadanos. En cuanto a los mínimos establecidos en las distintas comunidades, observamos que se establece la obligatoriedad de existencia de bibliotecas públicas en municipios a partir de 5.000 habitantes. Esto está en consonancia con los mínimos establecidos por la Ley 27/2013 de diciembre de racionalización y sostenibilidad de la Administración Local, en su artículo 9, apartado b. Pero incluso en algunas comunidades como Castilla-La Mancha, Castilla-León, Cataluña, Aragón, Cantabria, Comunidad Valenciana, Islas Baleares, Comunidad de Extremadura y La Rioja, los mínimos se fijan en poblaciones de entre 2.000 y 4.000 habitantes, de más de 2.000 o 1.500 o incluso de más de 1.000 habitantes, lo que supone un compromiso aún mayor con la creación y mantenimiento de este servicio público que redunda en beneficio de toda la sociedad.

Con la situación actual, de ausencia de presupuestos en muchos casos o de reducciones drásticas de inversiones en las bibliotecas con relación a épocas de bonanza económica, existe un riesgo real de eliminación de muchas de estas bibliotecas públicas. Las bibliotecas son en la mayoría de las poblaciones de menos de 5.000 habitantes el único lugar de promoción y difusión de cultura dentro de las comunidades a las que atienden. No podemos alegar que sea suficiente con contar con salas de lectura, de horarios irregulares, atendidas por personal insuficiente o poco preparado profesionalmente. Ni tampoco podemos esperar que se satisfagan las necesidades de lectura de estas poblaciones sólo con servicios de bibliotecas móviles o bibliobuses. Por supuesto tampoco podemos aceptar el argumento de que gracias a las nuevas tecnologías y su amplísima difusión y uso por parte de los ciudadanos se traduzca en el inicio del fin de la necesidad de mantener las bibliotecas públicas. ¿Todo lo podemos encontrar en la red y ya no necesitamos acudir a buscar información a las bibliotecas ? Si la respuesta a esta pregunta nos causa incertidumbre o hay dudas, entonces debemos temer por el futuro de las bibliotecas.

Cuando los sistemas o redes de bibliotecas públicas que se han ido creando a lo largo de los últimos lustros en todo el territorio español no encuentran el debido apoyo por parte de las administraciones, amparadas en la legislación vigente, el futuro que se avecina es francamente preocupante. No sólo porque pone en serio peligro la subsistencia de este servicio público básico, necesario e imprescindible, que además es el más usado por los ciudadanos después de la sanidad. También significaría que un derecho admitido por la ley se le estaría negando a los ciudadanos por motivos difícilmente comprensibles: la ausencia de política bibliotecaria, el desinterés general por parte de las administraciones y el desigual reparto de los recursos públicos.

Lamentablemente, estamos escuchando discursos por parte de los gestores públicos encargados de la cultura que relegan la importancia de las bibliotecas, a pesar de la legislación, alegando que los ciudadanos disponen de otros medios para acceder a la cultura y la información. ¿Consecuencias? Gravísimo riesgo de empobrecimiento o incluso desaparición de muchas de nuestras bibliotecas, en especial las ubicadas en comunidades pequeñas, a las cuales sirven de único referente cultural, lúdico e informativo. Parece que aún tendremos que seguir justificando nuestro trabajo ante los políticos de turno, que cegados por el avance y alcance de la tecnología y la comunicación, piensan que las bibliotecas están lejos de formar parte esencial en el proceso de la cultura, el ocio, la creatividad y la comunicación. Posiblemente, muchos de estos políticos no conocen o no son usuarios de bibliotecas y ni siquiera han entrado desde hace mucho tiempo en alguna. Desde aquí les invitamos a que las visiten de vez en cuando para comprobar la función que realizan a diario y el uso que sus ciudadanos hacen de ellas. Seguramente más de uno se sorprendería de los servicios que se ofrecen y las actividades que desarrollan.

Las bibliotecas, base de una sociedad democrática, libre y participativa

club lectura

Debatiendo en el club de lectura

El derecho a acceder a la información es sin duda la base para que los ciudadanos puedan formar y sostener una sociedad libre. También lo es la creación de nuevas manifestaciones culturales, creativas y de conocimiento, que se generarán gracias al acceso sin censuras ni limitaciones al acervo cultural de cada comunidad, de cada ciudad, región o país. Es en este punto en el que las bibliotecas cobran un papel protagonista para estos ciudadanos, pues se ocupan de reunir, conservar, procesar y poner a disposición de estos toda la información generada por el saber, el conocimiento y la creatividad humana de todas las épocas. Un legado de incalculable valor que a lo largo de la historia y a lo ancho de la geografía se ofrece desde las bibliotecas a todo aquel que se acerque a ellas, sea cual sea su naturaleza y esté donde esté. Gracias a la libertad de acceso a la información y al conocimiento los ciudadanos serán capaces de conocer su propia naturaleza, su historia y su saber, y podrán a partir de este conocimiento, ofrecido fundamentalmente desde las bibliotecas, conocer y participar más y mejor en su comunidad, podrán enriquecer su formación y satisfarán con creces sus necesidades de búsqueda, selección, disponibilidad de información y de ese modo disfrutar de manifestaciones culturales en todos los soportes, tanto para formación como para información y ocio. Además, gracias a los programas de difusión y dinamización cultural que se llevan a cabo en y desde las bibliotecas, participarán en multitud de eventos y actividades que permitirán la expresión y la dinamización tanto a nivel personal como colectivo. Por supuesto, cada vez más las bibliotecas son un punto de encuentro de ciudadanos de todas las culturas y gracias a las bibliotecas los usuarios pueden aprender a usar la información eliminando o reduciendo la brecha digital que supone la generalización de nuevos medios y soportes de la comunicación y la información.

En definitiva, con los medios y servicios que ofrece la biblioteca, los ciudadanos se irán formando como sujetos activos de su propia comunidad, tendrán cada vez más y mejores herramientas de análisis de la realidad y de la cultura y podrán así aportar su propia identidad en la construcción de una sociedad más libre, más democrática, más participativa. Saber es poder, es una frase hecha. También esto se podría aplicar a los ciudadanos que saben qué es una biblioteca, que pueden y deben usar los servicios que desde ella se ofrecen y que además conocen las infinitas posibilidades que tienen a su alcance para crecer como personas y aportar valor añadido a la comunidad en la que viven.

A vueltas con los derechos de autor y la remuneración por préstamos en las bibliotecas

Un factor importante a tener en cuenta en el uso de la información y la cultura es el Real Decreto 624/2014, de Derecho de remuneración a los autores por los préstamos de sus obras realizados en determinados establecimientos accesibles al público (http://www.boe.es/boe/dias/2014/08/01/pdfs/BOE-A-2014-8275.pdf ). Uno de los establecimientos afectados es cómo no la biblioteca. Mucho se ha hablado ya sobre las repercusiones de este Real Decreto en la función y el futuro de las bibliotecas, pero si se pudiera resumir la valoración que me merece este decreto, después de hablarlo, comentarlo y debatirlo en diversos foros de profesionales implicados, se podría decir que la implantación de estas medidas es un despropósito. ¿Por qué? Se me ocurren muchas posibles razones para considerarlo así pero la principal es que, a mi juicio y basándome en la propia experiencia, supondría un serio revés para cumplir con una de las finalidades primordiales y genuinas de la biblioteca: el acceso a la cultura de modo gratuito, sin limitaciones, y sin sobrecargo económico para los ciudadanos. Los servicios públicos, todos, y por supuesto las bibliotecas públicas, cuestan dinero, suponen una inversión por parte de los ciudadanos, aunque su uso sea gratuito. El hecho de que tener un carné de usuario o acudir a una biblioteca no cueste dinero no significa que no cueste mantenerlas. Antes de abrir las puertas de cualquier centro bibliotecario hemos tenido que invertir tanto a nivel económico como profesional.

Y si ya nos está costando a todos dinero y nuestro trabajo es una inversión fundamental, que tiene además su repercusión positiva en cuanto a retorno de beneficio económico para la sociedad (http://www.fesabid.org/sites/default/files/repositorio/fesabid-valor-economico-social-servicios-informacion-bibliotecas.pdf ), ¿puede ser beneficioso y necesario pagar aún más por ello? ¿Acaso no estamos pagando ya por los derechos de autor al adquirir legítimamente las obras a través de los canales normales de distribución y venta? ¿No hacemos difusión de las obras de los autores cuyas obras se leen, se escuchan y se ven? ¿No pagamos ya una tasa cuando compramos dispositivos de copia (impresoras, fotocopiadoras, etc.)? ¿No estamos favoreciendo el consumo de otros productos culturales e informativos gracias a las actividades de animación y fomento de lectura, que hacen que nuestros usuarios a su vez se conviertan en consumidores de otros productos y servicios culturales?

Si en lugar de promulgar decretos y leyes que graven económicamente los ya menguadísimos recursos económicos de las bibliotecas, se promulgaran decretos que desgravaran esa misma cultura, el futuro de las bibliotecas y de muchos sectores culturales sería muy diferente. Y no podemos esgrimir que los autores y creadores no tienen derecho a cobrar por sus obras, ni a incluso poder aspirar a vivir de su trabajo, por supuesto que no queremos eso. Los profesionales de las bibliotecas somos unos de los más fervientes defensores de los autores, de los creadores, de hecho nuestro trabajo tiene su fundamento en la custodia, tratamiento y difusión de la cultura y por ende de sus autores. Pero la cultura no se crea para encerrarla en una vitrina que sólo puede abrirse si se echan unas monedas, como si fueran un dispensador de billetes o una máquina expendedora de bebidas, que se disfruta en pequeñas dosis y sólo enriquece a unos pocos. La cultura se genera para que los ciudadanos tengan la libertad y el derecho de disfrutarla. Y dónde mejor que en una biblioteca.

Las declaraciones de la UNESCO en materia de bibliotecas

Según las declaraciones de la UNESCO (http://unesdoc.unesco.org/images/0011/001121/112122so.pdf ), la biblioteca es una fuerza viva para la educación, la cultura y la información y agente especial para conseguir la paz, el bienestar y el diálogo intercultural. Es además el centro local de información que facilita todo tipo de conocimiento e información a sus usuarios. Una de sus tareas prioritarias es ofrecer a la ciudadanía una información básica imprescindible al alcance de todos, independientemente del nivel de formación, situación social o lugar de residencia. De esta forma, las bibliotecas contribuyen a construir una sociedad de la información, democrática, abierta y transparente.

No se puede decir mejor. Los que somos bibliotecarios de profesión y nos sentimos bibliotecarios por vocación hemos tenido siempre estas palabras como si fueran dogma de fe en nuestros puestos de trabajo. No son sueños o ilusiones utópicas. Son verdades que cada día tratamos de validar desde nuestras bibliotecas, aunque debería decir de vuestras bibliotecas, porque las bibliotecas son de todos los ciudadanos, las usen o no, las conozcan o no, las disfruten o no. Por eso, como bibliotecarios convencidos y vocacionales, seguiremos defendiendo las bibliotecas. Porque son un derecho fundamental para la sociedad, y porque además en un deber que hemos de exigir que nos respeten, que nos ofrezcan y que además se mantengan y mejoren. Porque sin bibliotecas, sin cultura en libertad, no seremos ciudadanos ni libres ni competentes ni podremos participar de modo pleno en la construcción de la sociedad en la que nos ha tocado vivir. Porque sin bibliotecas perderemos nuestro pasado, nuestra identidad y nuestro futuro. Y porque las bibliotecas existían antes de que se inventara la imprenta, la bombilla, el teléfono, e incluso antes de que existiera Internet… En esta batalla de defensa de las bibliotecas públicas, debemos decir como los legionarios romanos, antes de emprender la batalla: «volveremos con el escudo o sobre el escudo», es decir, victoriosos o muertos. Pero debemos seguir librando la batalla, de cualquier manera y por cualquier medio. La misión: defender las bibliotecas. Cueste lo que cueste. Es nuestra responsabilidad y nuestro deber. El resultado no depende sólo de nosotros, pero lo que no podemos hacer es dejar de poner todos los medios para seguir manteniendo vivas las bibliotecas. Son nuestro pasado, nuestro presente y esperemos que también nuestro futuro.

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Bibliotecaria, filóloga, apasionada lectora. Siempre investigando nuevos caminos para hacer de las bibliotecas lugares fundamentales para el desarrollo intergral de los ciudadanos.

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