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Diario de un bibliotecario rural

 

María Moliner

María Moliner

En varias ocasiones he pensado empezar a escribir un diario. Un relato detallado y sosegado de experiencias bibliotecarias. Pero otras tantas he desechado la idea, porque en esta profesión, como en la mayoría, nunca se termina de aprender. Por muchos años que se lleve ejerciendo, no podemos perder la capacidad de sorprendernos, de aprender, de mejorar, de asimilar y llevar a cabo los cambios.

Hace algunos años empecé a conocer la figura de María Moliner, insigne y creo que aún poco reconocida compañera de profesión. Una bibliotecaria infatigable, que no sucumbió al desaliento, que creía firmemente en que todos necesitamos la cultura, la lectura para abrir nuestra mente, para vivir mejor. Su ejemplo es inspiración para mí, sobre todo porque conozco bien el trabajo callado de muchos bibliotecarios rurales, de esos a los que anima María Moliner en sus instrucciones para el servicio de pequeñas bibliotecas a que no cejen en su empeño de llevar cultura, de ofrecer libros a todos, especialmente en pueblos pequeños.

En este blog ya se ha hablado varias veces de la vida y las obras de María Moliner como mujer y bibliotecaria, de su formación académica y las Misiones Pedagógicas y de la importancia de su figura junto a otras bibliotecarias pioneras. Pero en esta ocasión, aunque tendré como referencia su prólogo a las mencionadas instrucciones para el servicio de pequeñas bibliotecas, proyectaré la larga sombra de su trabajo hasta nuestros días.

Es innegable reconocer cuánto ha cambiado el panorama bibliotecario rural en España desde que María Moliner se ocupase de llevar libros y bibliotecas a rincones recónditos de la geografía española. Existen servicios bibliotecarios que atienden aproximadamente al 90% de la población o incluso más. Durante lustros se ha invertido en medios económicos, laborales, personales y de infraestructuras en las bibliotecas, aunque en la actualidad la situación no sea la mejor pero se ha avanzado mucho.

Sin embargo, al leer las Instrucciones, las misiones que tenemos los bibliotecarios, especialmente los bibliotecarios rurales, ahora más propiamente municipales, siguen siendo las mismas:

En vuestro pueblo la gente no es más cerril que en otros pueblos de España ni que en otros pueblos del mundo. Probad a hablarles de cultura y veréis cómo sus ojos se abren y sus cabezas se mueven en un gesto de asentimiento, y cómo invariablemente responden: ¡Eso, eso es lo que nos hace falta: cultura! (…). Todo esto ocurre; pero no ocurre sólo en tu pueblo, ni lo hacen sólo tus convecinos; ocurre en todas partes, y ahí radica precisamente tu misión: en conocer los recursos de tu biblioteca y las cualidades de tus lectores de modo que aciertes a poner en sus manos el libro cuya lectura les absorba hasta el punto de hacerles olvidarse de acudir a otra distracción.

Esa sigue siendo nuestra misión, sin duda, a pesar de todos los cambios a los que nos hemos enfrentado durante los últimos años. Llevar cultura, proporcionar cultura e información, ayudar a mejorar la vida de los convecinos, como nos recuerda María Moliner. Y aunque al principio había reticencias en cuanto a la conveniencia, también debemos proporcionar otras distracciones (música, cines, incluso juegos). Por muchos avances y cambios tecnológicos que tengamos que asimilar e incluir en el día a día del trabajo bibliotecario, la misión sigue siendo la misma. Incluso, como me recuerdan algunos compañeros bibliotecarios municipales, las bibliotecas son esenciales, ofrecen servicios que ninguna otra institución puede proporcionar en una pequeña comunidad rural. Tan esenciales, que si se pierde esta perspectiva, esta misión, se perdería la esencia de la propia biblioteca.

Es importantísimo, como nos recuerda María, que conozcamos bien tanto a nuestros lectores como los medios de que disponemos. A los lectores, normalmente los conocemos muy bien. Sabemos de sus vidas, de sus necesidades, de su historia personal, y si llevamos muchos años en el pueblo, hasta hemos desarrollado lazos de amistad y afecto. Pero otro asunto bien distinto es el de los medios de que disponemos. No voy a ahondar en las carencias existentes, que en ocasiones anteriores he detallado, al hablar del panorama actual de las bibliotecas públicas , pero sí diré que es general la carencia de medios humanos, económicos e institucionales. Y si se trata de bibliotecas rurales, como es el caso del que me ocupo hoy, las carencias aún son más notables, agravadas por la crisis económica que no termina de remontar y por al escaso apoyo institucional a las bibliotecas. No entraremos en el debate de si los bibliotecarios no somos reconocidos por desconocimiento, desinterés o porque no sabemos muy bien defender y hacer valer nuestra importancia ante la sociedad, pero sí que es una realidad que esa falta de apoyo incide mucho en el empeoramiento de la situación de las bibliotecas municipales.

Por eso, hay que reconocer que sabemos también cuáles son nuestros medios, tratamos constantemente de formarnos en nuevos recursos y en acceso a nuevas tecnologías pero esto no podrá resultar un éxito si no se acompaña de ayuda, de apoyos, de inversiones. En esto, como en tiempos de María Moliner, las cosas no han cambiado tanto como querríamos. Se ha mejorado mucho en infraestructuras, en medios como se dijo al principio, se llega a casi toda la población, entre bibliotecas fijas y servicios móviles, pero las bibliotecas no se mantienen solas ni del aire. Hay que seguir apostando por ellas, hay que mantenerlas, porque como también me aseguran los compañeros de profesión y andanzas, las bibliotecas municipales son el punto de encuentro social y de acceso a la información más importantes, en la mayoría de los casos único dentro del municipio. Y nuestros ciudadanos siguen necesitando cultura, información, distracciones, ayer, hoy y siempre. ¿Qué mejor sitio que en las bibliotecas públicas?

bibliotecas misiones

Lectura gracias a Misiones Pedagógicas

Y lo que debe mover al bibliotecario municipal, principalmente, es la pasión por la lectura, por la libertad,y la pluralidad. No olvidar la misión que tiene dentro de su comunidad, de dinamizador, de animador cultural, ofreciendo medios, lecturas, información, ayudando a mejorar en las infinitas necesidades de las poblaciones a las que atiende. En definitiva, como insistía María Moliner, de llevar cultura.

La otra misión que se indica en las Instrucciones es la siguiente:

La segunda cosa en que necesita creer el bibliotecario es en la eficacia de su propia misión. (…) Pensad en lo que sería nuestra España si (…) hombres y mujeres dedicasen los ratos no ocupados por sus tareas vitales a leer, a asomarse al mundo material y al mundo inmenso del espíritu por esas ventanas maravillosas que son los libros.

Sin duda nuestra misión será más eficaz cuanto más capaces seamos de conectar con los ciudadanos, con los vecinos de nuestros pueblos, de conocer sus necesidades, de satisfacerlas e incluso de adelantarnos a ellas. Y para eso no debemos perder nunca la perspectiva de esa misión, ayudándonos de los medios de que disponemos, tanto humanos como materiales y cómo no tecnológicos.

Para cumplir esta segunda misión también hay que destacar la importancia que tienen las redes de bibliotecas, pues estar insertado en una red aumenta exponencialmente las posibilidades de acceso a más recursos y más información y a una gran pluralidad de soportes. La clave para que las redes funcionen y sean eficaces reside en la cooperación, en la constante formación y en la motivación de los profesionales. Y para no olvidar el factor institucional, es esencial que las administraciones que sirven de soporte y gestionan estas redes, sigan apostando por invertir, por mejorar, por crecer y fomentar el trabajo en equipo.

Estoy segura de que si María Moliner hubiese vivido en nuestra época, sería también una ferviente defensora del trabajo en red y de fomentar la colaboración. Por ello, desde esta mi experiencia, sigo rindiendo homenaje y me sirve de inspiración su trabajo al frente de esa infatigable lucha por llevar cultura y libros a todos los rincones de nuestra geografía. Sirve su ejemplo ahora como entonces, para no olvidar las misiones de los bibliotecarios rurales, hoy bibliotecarios municipales, que somos mayoría y tratamos de ser faros luminosos en medio de un mundo cambiante, convulso, lleno de contradicciones y contrastes pero que demanda, hoy como entonces, cultura, libros, información y libertad.

 

 

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Bibliotecaria, filóloga, apasionada lectora. Siempre investigando nuevos caminos para hacer de las bibliotecas lugares fundamentales para el desarrollo intergral de los ciudadanos.

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