Bibliotecas en la encrucijada, ¿hacia dónde nos dirigimos?

Bibliotecas en la encrucijada, ¿hacia dónde nos dirigimos?

Encrucijada de caminosSería estupendo que cada vez que nos estrenamos en un trabajo o llegamos a un nuevo hogar organizáramos una fiesta por todo lo alto. En mi caso, mi llegada a esta comunidad de activos bibliotecarios, coincide con el recién estrenado año. Así que voy a aprovechar la circunstancia para invitaros a mi particular fiesta.

Quería hablaros precisamente de bibliotecas. Sí, creo que todos tenemos una idea más o menos precisa de lo que son realmente las bibliotecas. Aunque después de varios lustros, su contenido, su modo de gestionarlas y sus servicios han cambiado sensiblemente. Nada mejor que retomar su valor precisamente en el mes del año en el que abundan los buenos y nuevos propósitos y nos replanteamos el futuro con más claridad.

¿Por qué me metí en este mundo? No sé, imagino que por azar como a veces pasa con aquellos que descubren tardíamente su vocación: en casa disfruté de una interesante biblioteca, mi padre siempre fue un autodidacta en cuanto a formación se refiere y mi hermana siempre gustó de proveerse de libros, crecí rodeada de ellos. Reverentes e irreverentes, nuevos y antiguos, encuadernados en cartoné o en rústica. El lugar más acogedor en mi casa era el salón con la biblioteca de madera, hecha a medida, que ocupaba por completo una de las paredes de la estancia. Recuerdo con sumo agrado las horas que allí, en mi biblioteca familiar, dediqué a mis lecturas en el bachillerato y después en la carrera. Creo que esta costumbre y este ambiente tuvieron mucha «culpa» a la hora de elegir mi profesión, que aunque no la primera sí ha sido la más dilatada y gratificante.

Primero me tentó la enseñanza, y me di cuenta de que lo mío no era sólo transmitir, pues antes de contar a los demás lo que sabes deber saborearlo, degustarlo, digerirlo muy bien digerido, para luego poder hacer crecer árboles hermosos con fuertes raíces: es decir, crear a partir de lo asimilado. Así fue como descubrí que me sentía una verdadera reina cada vez que abría la puerta de mi particular palacio-biblioteca. Así me apasioné por este mundo. Cómo hice de puente entre el fondo bibliográfico y los usuarios que acudían a la biblioteca.

Tras muchos años de feliz reinado, creo que es preciso valorar mi experiencia: es un buen ejercicio al que nos aboca la crisis. Si algo bueno nos traen estos ejercicios de replanteamiento es porque nos ayudan a revisar lo que hemos hecho para saber si estamos en el camino correcto, y si es preciso corregir, cambiar de rumbo y plantearse nuevos retos. Sí, hacer un alto en el camino, con la libreta en una mano, la pluma en la otra, la mirada libre de prejuicios y la espalda libre de cargas. Es el momento, pues, de volver a preguntarse qué es una biblioteca, cómo funciona, para qué sirve realmente.

No valen respuestas trilladas al uso: almacenar el saber humano; servir de apoyo al estudio y la investigación; complementar los medios educativos; fomentar el gusto por la lectura. Eso ya forma parte de los manuales que hemos estudiado. No. Ahora hay que preguntarse, de verdad, qué son y para qué sirven las bibliotecas en una sociedad saturada de información, que nos viene presentada mayoritariamente en soportes nada tradicionales. ¿Qué hago yo aquí, pues? ¿Cómo puedo seguir ejerciendo como bibliotecaria sin caer en el tópico del moño, las gafas, la ropa gris aburrida y mandando callar a cada usuario ruidoso? ¿Cómo no sucumbir al otro extremo de programar actividades sin parar para ofrecer todo tipo de alternativas interesantes a los usuarios que acuden a las bibliotecas?

Posiblemente haya algo que se me ha escapado a lo largo de todos estos años de profesión, porque si me estoy planteando para qué sirven las bibliotecas es porque he entrado en «crisis bibliotecaria».

Os dejo estas preguntas en el aire, necesitamos tiempo y ayuda para responderlas. ¿Quién se ofrece? Es preciso encontrar el valor de las bibliotecas para poder seguir defendiendo su necesidad ante uno mismo y ante la sociedad.

 

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Bibliotecaria, filóloga, apasionada lectora. Siempre investigando nuevos caminos para hacer de las bibliotecas lugares fundamentales para el desarrollo intergral de los ciudadanos.

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