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De bibliotecaria a community manager

manosEste post se tenía que haber titulado ¿Cómo he llegado hasta aquí? Reflexión de una bibliotecaria metida a community manager, social media o algo así; pero esto es del todo punto inadmisible. Tanto por el SEO como por la descripción en el titular. Es tan improbable que alguien teclee ese título en un motor de búsqueda, como que este texto se asemeje levemente a La increíble y triste historia de la cándida Edelmira y de su abuela desalmada del inolvidable y grandísimo escritor que fue Gabo. Como lo es que el sufrido lector, si ha tenido el arrojo de continuar leyendo hasta aquí, no desfallezca y me otorgue un voto de confianza. Soy una idealista. Otórguemelo, por favor.

Me pilla el tema por sorpresa. Sí, me ha atrapado, casi como a un escritor le atropella una imagen de una mujer vestida de rojo correteando por la carretera y, aunque él quería escribir de un hombre con boina montado en un burro, no hay manera. Las semanas previas a la escritura de este artículo las he dedicado a la preparación de un curso que, el 30 de mayo y en la Diputación de Badajoz, impartiré a veinte bibliotecarios. La acción formativa, enmarcada en el programa Nubeteca impulsado desde la Fundación Germán Sánchez Ruipérez y la Diputación de Badajoz, se titula: Dinamización de las actividades en la biblioteca a través de las redes sociales. Es inevitable, lo siento. La primera pregunta es obvia: ¿Cómo he llegado hasta aquí?
Yo era una bibliotecaria. Una bibliotecaria que trabajaba (y trabaja) en una biblioteca municipal. El municipio es Peñaranda de Bracamonte (7.000 habitantes censados), a 40 kilómetros de Salamanca y allí nació el editor y mecenas Germán Sánchez Ruipérez, de ahí que la Biblioteca Municipal se ubique y se gestione en el Centro de Desarrollo Sociocultural de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez. Pues bien, como les cuento, yo era una bibliotecaria.

Comencé trabajando en formación de usuarios hace dieciséis años, continué mi labor en la Biblioteca infantil, tiempo después, en la Biblioteca de adultos, casi enseguida empecé a redactar, recopilar y maquetar (tímidamente esto último) la extinta (y nunca olvidada), revista de recomendaciones de lecturas hechas por los lectores y bibliotecarios del CDS, Ratón de Biblioteca. Luego, o a la vez (son años ya), mi trabajo se fue escorando hacia los clubes de lectura presenciales, pero sobre todo, en línea, y a la organización y desarrollo de actividades y materiales de fomento de la lectura. Aparejada a esta labor, llegó algo que no era de mi agrado precisamente: la redacción de los diarios y memorias de actividades.

Estos documentos, contaban minuciosamente el cómo, el porqué, el número, los días, los materiales, la bibliografía y un sinfín de detalles más que seguro que he olvidado. Se preparaban en archivos PDF y se subían a la web, como repositorio de actividades realizadas. Lo cierto es que eran muy valoradas por los profesionales, pero tremendamente aburridas de realizar, pues había que tener en cuenta, casi siempre, un guión con una serie de apartados fijos. Y, sin embargo, esos documentos de los que abominé durante mucho tiempo, me prepararon para después. Ahora lo sé.

De pronto llegó 2010 y, con él, el bigbang de las redes sociales en todos los ámbitos. Tuve la suerte de que me pillara trabajando en un centro cultural abierto a la innovación. Me explico con un ejemplo: jamás nos limitaron el acceso a YouTube en horario de trabajo (a ninguna URL). Aún recuerdo un curso que, junto a mi compañera María Ángeles Redondo, impartimos en varias bibliotecas públicas españolas. Corría el año 2007 y en éste, que trataba sobre marketing, mostrábamos varios videos graciosos que reflejaban la imagen que la sociedad tenía (¿tiene?) de los bibliotecarios. Hay uno archiconocido, del popular José Mota, en el que hace de bibliotecario heavy. Pues bien, en una biblioteca tuve que escenificar el video, porque los bibliotecarios tenían el acceso a YouTube restringido. Vamos, que si eras bibliotecario, no podías entrar en YouTube desde esa biblioteca. Nótese que íbamos a hablar de marketing en bibliotecas. Cuando dejen de reírse (espero que mentalmente) después de imaginarme haciendo de bibliotecaria heavy, volveremos al 2010.

En ese año, comenzamos a abrir perfiles en las redes sociales y a intensificar nuestra presencia en la web y en el blog. Me las prometía muy felices. Fuera diarios, fuera memorias (qué pena que las estadísticas que nos piden a fin de año las instituciones no desaparezcan. Estas también se han aumentado con los datos de las RRSS…). Pues sí, qué ingenuidad.

Si hasta entonces escribíamos antes (notas de prensa) y después (diarios, memorias), ahora escribimos antes, durante y después. Y más veces. Pongamos el caso de una invitación para una sesión de un cuentacuentos. Se lanza a través de varios medios, varias veces al día, de modos distintos: póngame 4 tuits con poesía, humor y profundidad; 1 post en Facebook resaltando el curriculum del narrador y 1 nota de prensa que (bendita sea) se reconvierte en noticia para la web. Y durante la sesión, fotos, videos, y tuits. (Tengo la suerte de que el tema audiovisual lo desarrollan otros compañeros, Joaquín Hernández, Juanjo Rodríguez, Manuel G. Orgaz, y que los perfiles en Pinterest son actualizados por María Ángeles Redondo y Joaquín Hernández). Y después, crónica bloguera, descripción de videos, tuits de agradecimiento o reflexión, post en Facebook recogiendo la experiencia, recopilación de noticias en prensa y difusión de éstas (para no marearles más, que se lo saben) en las RRSS. Y menos mal que tengo sustituta. Florencia Corrionero, la directora del Centro, si hace falta, publica tuits y post en Facebook; redacta muchas notas de prensa y textos para el blog. Sí, tengo la suerte de contar con mis compañeros. Somos un equipo. Pero, ¿se han dado cuenta? Aún no me he definido como community manager.

Después de 6 años de aprendizaje forzoso en los que simultaneé varios perfiles en otras tantas RRSS; después de aprender que éstas exigen mimo, cuidado, atención; después de que en el V Congreso Iberoamericano de Cultura de 2013 celebrado en  Zaragoza, que seguí por streaming desde Peñaranda, escribí tal cantidad de tuits que el personal preguntaba por mí en la Sala para saludarme… Después de pasar por la efervescencia de escribirlo todo, de escribir todos los días, de no descansar ni en domingo. Después de todo eso, caí en la cuenta de que es necesaria la desinfoxicación. Obligatorio desconectar. Airearse. Mirar el mundo desde fuera de una pantalla. Saltarse la dieta de los tuits, los retuits, los Me gusta y el número de impresiones. Sí. Como escribe el (este, sí) community manager de Infobibliotecas, Vicente Funes en Léeme, soy community manager (DJs bibliotecarios en el filo):

Una dieta a base de Me gusta, Compartir, retuits y atención a las estadísticas (…) como si de programadores cardiacos de realities televisivos se tratara es del todo desaconsejable, pero a la par inevitable.
La fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a pagar, que advertía la profesora en la serie de los 80, Fama. (…) En Perfiles profesionales del Sistema Bibliotecario Español se relacionan las aptitudes propias del bibliotecario metido a faenas de web social: dominio de las redes sociales, destrezas tecnológicas, capacidad de comunicación, empatía, etc…Todo un abanico de habilidades personales y profesionales en el que faltaría incidir en lo que da sentido a todo eso: la creación de contenidos.

Ahí está la clave, no hay que perder de vista los contenidos, la calidad de éstos, la pertinencia, el interés que puedan tener para nuestros usuarios. ¿Se han dado cuenta? Aún no me he definido como social media.

A lo largo de estos años, he ido ensayando/descubriendo/investigando/experimentando maneras, modos, contenidos, horas de publicación, formas de difusión, actitudes en la dinamización… y un largo etcétera. En mi opinión, no hay que perder de vista que detrás de un tuit, de un post, de un texto en un blog, de una fotografía… hay una persona. Y esa persona es la voz que transmite la esencia (la misión, los objetivos, el espíritu, el trabajo) de la Biblioteca, del Centro Cultural. Es quien transmite el trabajo de todo un equipo, que materializa la relación con los usuarios. Es una labor muy satisfactoria, que lleva consigo determinados peajes: exige una actitud determinada y mucha responsabilidad.

Sé muy bien que los bibliotecarios a los que voy a impartir el curso son, como yo, bibliotecarios de trinchera y, como a mí, les da cierto apuro denominarse community manager o decir que trabajan en social media. Y, sin embargo, se ha de valorar muy positivamente la labor que se realiza en las redes sociales de la biblioteca pública española. No todos tienen la suerte de poder trabajar en equipo, porque muchos bibliotecarios municipales están solos, y graban videos y los suben a Facebook o a YouTube sin editar, o sin describir. Y escriben en Facebook y suben las fotos de las novedades o de la última sesión de cuentos en la Biblioteca infantil. Y se adhieren a campañas en Twitter. Y abren un perfil en Instagram. Y, si no pueden actualizar las cuentas, porque esa mañana tienen que atender a visitas escolares, lo hacen cuando pueden, a deshoras. Estos bibliotecarios suelen sentirse culpables si dedican mucho tiempo a las redes sociales (pasé esa fase, también). Y no, bibliotecarios de trinchera. No. Hemos llegado hasta aquí tras arduos esfuerzos, tenemos un caudal riquísimo de trabajo que compartir y unas conversaciones pendientes que mantener con nuestros usuarios. En las redes sociales.

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María Antonia Moreno

Mi blog pretende recoger, analizar y reflexionar sobre proyectos y acciones puestas en marcha desde la biblioteca pública; teniendo como eje y centro de atención el lector. Un lugar de encuentro y conversación para todo aquel que esté interesado en la mediación entre lectores y lecturas; así como en las relaciones de la biblioteca con los ciudadanos. Trabajo en el Centro de Desarrollo Sociocultural, de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, en Peñaranda de Bracamonte (Salamanca).

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  2. By Nuri

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