Bibliotecas y novedades tecnológicas

TICS y redes sociales colaboran en el día a día de las bibliotecas pero, ¿hasta qué punto nos dejamos vencer por la novedad? Con internet hemos aprendido que las modas duran apenas un momento. Y además la tecnología avanza que es una barbaridad: lo que es el mayor hallazgo desde la rueda un mes, se queda en nada pasado medio año. Nuestro presupuesto y el tiempo de trabajo son limitados y no podemos permitirnos malgastarlos sin fundamento. Hay que saber administrar los esfuerzos con el fin de que no caigan en saco roto.

Esta realidad es aplicable tanto a nivel de internet y redes sociales como con respecto a las nuevas herramientas informáticas y tecnológicas. Lo vemos con los e-books. Algunas bibliotecas pioneras han optado por poner en marcha programas de préstamo de libros electrónicos, aún cuando el mercado todavía no se encuentra asentado y no paran de surgir problemas en cuanto a licencia. Otras tantas, temerosas, no lo han probado aún, tal vez por falta de medios o de manera previsora a la espera de los resultados en otras bibliotecas. Esta es una práctica puesta llevada a cabo desde hace tiempo en el caso de los sistemas de gestión bibliotecaria o los OPACS: observar antes de actuar. Lo malo es que en ocasiones la cautela puede llegar a convertirse en inmobilismo y/o desfase tecnológico.

Me gustaría relacionar todo esto con un controvertido mensaje aparecido en un canal de Facebook lanzado por un bibliotecario. Se quejaba de la dedicación por parte de la profesión a utilidades sociales como Pinterest cuando son muy malos momentos para las bibliotecas. Le molesta especialmente la atención a las últimas novedades 2.0 cuando tal vez nuestros esfuerzos debieran centrarse en solucionar problemas inmediatos (todos sabemos cómo nos están afectando los recortes presupuestarios). No creo que debamos alarmarnos excesivamente por la atención dada por los bibliotecarios al mundo virtual (es menos de la que parece), pero sí es cierto que da qué pensar, sobre todo acerca de cómo estamos utilizandos las TICs y sus derivados.

El ansia de estar a la última, de ser los más modernos, no es nueva. Siempre estaremos orgullosos de situarnos a la cabeza de la tendencia reinante. Pero a veces nos dejamos llevar, ya sea por corazonadas propias o por recomendaciones de gurús en la materia. Pueden ser gurús bibliotecarios o del social media. Y lo cierto es que en el social media se vende mucho aire, se prometen cifras record en muy poco tiempo y se enfatiza en que suponen la solución definitiva a todos nuestros problemas.

Hace un año realicé un curso de Community Manager. Nos repetían una y otra vez que, aunque las redes sociales suelen suponer una interesante oportunidad para crearse una buena reputación en la red y comunicarse con los clientes y/o usuarios, hemos de considerar muy bien su utilidad en cada caso. Y aún siendo idóneas para una determinada marca o negocio, el marketing en internet, y todo lo que implica, no es más que un complemento al márketing tradicional que no hemos de perder nunca de vista. Todo dependerá de dónde se encuentren nuestros usuarios, de lo que precisen, de lo que pidan. Hemos de tomarnos el tiempo necesario para analizar su conveniencia y no lanzarnos a su explotación a la primera de cambio, a la última novedad por el mero hecho de que sea novedad. Nos encontraremos por tanto en la disyuntiva de elegir entre “estar a la última” o “probar a ver cómo les va a otros”, como ya he comentado que se está haciendo con los e-books.

Por esto no debe resultarnos tan extraña la tendencia a abandonar Facebook de la que hablan en Mis apis por tus cookies. Si bien se centran en un uso personal, las pequeñas empresas y, porqué no, las bibliotecas, han de tenerlo en cuenta. Si Facebook no aporta nada de cara a tu trabajo diario, si no consigues interactuar con tu supuesto público, tal vez sea hora de abandonarlo y centrarte en otros canales como blogs o simplemente en tu público “de carne y hueso”. Si los usuarios sólo lo utilizan como un canal de juegos e intercambio de memes graciosos, tal vez sea otro motivo por el que no malgastar el tiempo en alimentar el perfil de informaciones que nadie va a leer. De nada sirve tener un millón de fans si no interactúan contigo. De cualquier manera, el impacto de las redes sociales con respecto a una biblioteca es difícil de cuantificar, no siempre posible. Se asemeja a una sala en acceso abierto , donde hay gente que ojea libros, que se sienta a leerlos. Luego los devuelve a su sitio y nadie sabe que ese libro le ha interesado a alguien.

Las bibliotecas han de tener claros sus objetivos. Han de ayudarse de elementos como las herramientas sociales o las nuevas herramientas informáticas, pero sin que se conviertan en un fin en sí mismas. A menudo se difumina el final del camino al que queremos llegar debido al brillo de algunas de las opciones intermedias que se nos presentan. Hemos de aprovecharnos de lo que nos ofrecen, analizar su conveniencia y arriesgarnos a tomar partido. Sin iniciativa, no avanzaremos, pero tampoco si no actuamos con inteligencia y actitud crítica.

Nota final
Recientemente ha llegado a mis oídos la última noticia de la debacle: cierra messenger. Sí, aquella herramienta imprescincible allá por el año 2000 sin la que ninguno de nosotros era capaz de vivir. Después de tantos mails de spam amenazando con su desaparición si no enviábamos el mail que daba los detalles del suceso a toda nuestra lista de correo (y más allá) en menos de 3 segundos, es verdad. Y nadie llora por ello. Ni siquiera apenas nadie se ha dado cuenta. Así pasa la moda en nuestro mundo actual.

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María Benitez

Bibliotecaria, documentalista y community manager en formación constante. Me apasiona navegar por la red en busca de noticias y nuevos datos acerca del mundo del libro, la edición, las bibliotecas y las redes sociales. A través de este pequeño espacio trato de transmitir mis inquietudes y descubrimientos. Siempre a la caza de aquello que me resulta más llamativo, más curioso y poco conocido.

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