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…y en la BNE pudieron investigar mujeres

“[El Bibliotecario] tampoco permitirá que se entre en ella con gorro, cofia, pelo atado, embozo, u otro trage [sic] indecente o sospechoso; ni muger [sic] alguna en dia y horas de estudio; pues para ver la Bibliotheca podrán ir en los feriados con permiso del Bibliothecario Mayor”. Así reza el artículo 7 del capítulo 1 de las Constituciones de 1761, con Juan de Santander como Bibliotecario Mayor de la Real Biblioteca Pública (hoy Biblioteca Nacional de España). En la práctica, esto significaba que solo se permitía investigar y hacer uso de sus servicios a los usuarios varones. Las mujeres podían entrar, pero siempre fuera del horario habitual, sin tocar nada y, por supuesto, sin quedarse en las salas, bajo pretexto de que su presencia incomodaría a los usuarios. Hoy, semejante argumentación nos sonroja, pero era el uso habitual de una época en la que las mujeres tenían escasa presencia en la vida extradoméstica.

Antonia-Gutiérrez BuenoTuvo que pasar más de un siglo para que esto cambiase. Antonia Gutiérrez Bueno (Madrid 1781-1874) fue quien consiguió tamaño privilegio en 1837. Fue la tercera hija de Mariana Ahoiz y Navarro y del químico y farmacéutico ilustrado Pedro Gutiérrez Bueno, boticario mayor del rey. Recibió una educación muy alejada de los cánones habituales para las mujeres de entonces. Sus ambiciones intelectuales fueron entendidas y estimuladas por su padre, un hombre de ciencia siempre rodeado de libros y de amistades intelectuales. Se casó con Antonio Arnau, con quien vivió en París (tal vez el principal foco cultural de la época), y uno de sus hijos fue diplomático. Cuando cursó su petición tenía 55 años y  estaba ya viuda. El objetivo de su consulta a la BNE era documentarse para su obra Diccionario histórico y biográfico de mugeres célebres. Su peripecia es muy interesante, porque ha quedado constancia de que su solicitud llegó a las más altas instancias de poder del momento. La Reina regente María Cristina de Borbón, resolvió que “permita V.S. la entrada en la sala baja que indica a las mugeres [sic] que gusten concurrir a la Bibliotheca (…) no sólo a doña Antonia Gutiérrez Bueno, sino (…) a todas las demás mugeres [sic] que gusten concurrir, añadiendo que en el caso de que afortunadamente el número de éstas exceda de cinco o seis, lo haga usted presente, manifestando el aumento de gasto que sea indispensable”

Antonia tuvo que escribir sus obras (el mencionado Diccionario que nunca publicaría íntegro, así como un artículo en defensa de la educación femenina y una colección de artículos sobre el mal de cólera traducidos del francés) bajo el seudónimo masculino de Eugenio Ortazán y Brunet. Pero consiguió un hito histórico. Con su autorización a usar la BNE como investigadora, entraban también todas las mujeres.

FUENTES: La propia BNE le dedica un post, del cual hemos extraído la foto que ilustra estas líneas. Para quien desee profundizar más en el tema, recomiendo el artículo de CARREÑO RIVERO, M. y COLMENAR ORZAES, MªC. “1837: “La biblioteca Nacional, por primera vez, abre sus puertas a la mujer”, que podéis descargar completo aquí.

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Laura Novelle

Documentalista, formadora y consultora docente
Documentalista, consultora, formadora e investigadora. Licenciada en Historia y Especialista en Gestión documental. He ejercido como docente en universidad pública y como documentalista (tanto en centros públicos como privados). Nací con discapacidad, por eso en este blog encontraréis aspectos relacionados con la accesibilidad, pero también sobre el libro y las bibliotecas, el proceso de edición, las fuentes de información y en general, sobre todas las implicaciones sociales de esta maravillosa profesión.

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