Historia del Libro (II): Las bibliotecas en Grecia y Roma

La concepción de las bibliotecas en las civilizaciones clásicas va a suponer un paso más hacia la ampliación de la lecto-escritura. En esta continuación de nuestro periplo por la Historia de las Bibliotecas, os propongo dos paradas:

  1. Grecia, cuna de saberes: la difusión del libro.

La escritura en el continente europeo no fue conocida hasta el siglo IX a. C., a pesar de que probablemente en Creta ya conocieran anteriormente los sistemas de escritura egipcio y mesopotámico. La cultura griega se escribió y transmitió también en rollos de papiro. Fue precisamente en Grecia donde el libro adquirió por primera vez su verdadera dimensión, debido principalmente a la generalización de la escritura alfabética, que facilitaba la técnica de escribir, y al sistema de la democracia griega, que permitía a cualquier ciudadano libre que supiera leer y escribir participar en el gobierno. Este aspecto es de gran trascendencia histórica, ya que, a diferencia de lo que explicamos en nuestro anterior post, las habilidades lecto-escritoras pasan a ser indispensables para una vida ciudadana plena, y por tanto se generalizan (aunque todavía no son universales).

Los textos eran copiados por esclavos sin sueldo, muchos de ellos estaban también dedicados a la enseñanza. La tinta que se utilizaba era de composición similar a la egipcia: se mezclaban goma o resina y hollín, y se escribía con cálamo, una especie de caña de punta afilada que se utilizaba a modo de pluma. Con respecto a los materiales utilizados, además de papiro, se utilizaban también tablillas de madera enceradas sobre las que se escribía y se podía borrar (principalmente para usos pedagógicos).

Ya en la época helenística aparece el pergamino. La leyenda atribuye la creación de este material a los bibliotecarios de Pérgamo, ya que aquí existía una biblioteca rival de la Biblioteca de Alejandría. Según esta leyenda, Egipto prohibió la exportación del papiro para dificultar la expansión de la Biblioteca de Pérgamo y los habitantes de esta ciudad se vieron obligados a buscar nuevos materiales, y comenzaron a escribir los libros sobre un material hecho a partir de las pieles de cabra, vacuno u oveja. El pergamino presentaba ciertas ventajas sobre el papiro, ya que se podía escribir en ambos lados, borrar y rescribir. Era, además, resistente y transportable. El pergamino se estará perfeccionando desde el siglo III hasta el siglo VI n. E., pero se seguirá utilizando hasta la Edad Media.

En Grecia se produjo una enorme difusión del libro y de la lectura debido principalmente a la aparición de la escritura alfabética como acabamos de ver, y a la extensión de la enseñanza, a través de las escuelas, los pedagogos, los sofistas y los centros de estudio e investigación (Academia de Platón, Liceo de Aristóteles). En estos centros se discutía y se trataba sobre filosofía, ciencia, religión, etc., y, además, en ellos se acumulaban colecciones de libros de las que, desgraciadamente, no se conserva nada. En esta época, las bibliotecas dejan de ser patrimonio de los templos y ya encontramos bibliotecas en casas particulares, como es el caso de la biblioteca de Ulano, cerca de Pompeya, situada en la casa de un noble, que se ha conservado después de enterrarse en ceniza. Esta biblioteca, donde se han encontrado los textos que se conservan de Epicuro, estaba dividida en dos grandes zonas, una para libros griegos y otra para libros romanos. Aunque, sin duda, en Grecia debemos destacar dos bibliotecas, la de Alejandría y la de Pérgamo.

a) La biblioteca de Alejandría

Biblioteca AlejandríaAlejandría se sitúa geográficamente en Egipto, sin embargo, pertenece a la cultura helenística. Ptolomeo II fundó en el siglo III a.n.E. una institución al estilo griego a la que llamó Museion (Templo de las Musas), que estaba dedicado a la enseñanza y a la investigación. Allí los hombres sabios se reunían, leían, etc. La lectura se hacía en público, en voz alta, por eso era tan importante el espacio abierto, las escalinatas. No se conoce con exactitud el número de manuscritos que pudo recoger, pero pudo llegar a tener unos 700.000 [Recreación a la izquierda de estas líneas].

En origen la Biblioteca de Alejandría estaba cerca del Museion, dentro de los recintos del palacio real, pero cuando la cantidad de libros adquiridos sobrepasó su capacidad se decidió abrir una dependencia adicional en el Serapeion (templo dedicado a Serapis). Los manuscritos se conservaban en salas o habitaciones en nichos de madera o de mimbre, los mejores manuscritos se untaban con aceite de lino. Los manuscritos eran reconocibles por el “sillybos” (al que los romanos llamaron “index”), una especie de etiqueta en la que se escribía el título (que eran las primeras palabras de la obra). El receptáculo de madera donde se conservaban los rollos era llamado por los griegos “bibliotheke”, palabra que pronto adquirió el significado de colección de libros. Existen varias leyendas sobre cómo se destruyó la Biblioteca de Alejandría, pero no hay hechos históricos que lo atestigüen.

La comunidad internacional, por medio de la UNESCO, ha financiado el Proyecto de Reconstrucción de la Antigua Biblioteca de Alejandría. Este proyecto nació en 1974 y ha cristalizado con la inauguración de la Biblioteca Alexandrina en 2002. Cuenta con la sala de lectura más grande del mundo. Además, alberga importantes tesoros, muchos ya digitalizados, en una clara vocación de facilitar el acceso a sus colecciones. También ha inspirado a una Declaración de la IFLA sobre ALFIN, celebrada en dicha ciudad.

b) La Biblioteca de Pérgamo

La Biblioteca de Pérgamo fue fundada, en esta ciudad de la costa de Asia Menor, por Átalo I, aunque no se desarrolló totalmente hasta el reinado de su hijo en el siglo II a. C. Esta bblioteca estaba organizada alrededor de un templo en honor a Atenea. Según Plutarco, acogía unos 200.000 volúmenes, y llegó a rivalizar con la Biblioteca de Alejandría. La tradición atribuye a esta biblioteca el empleo del pergamino como material de escritura

2. Roma: comercialización del libro y primeras bibliotecas públicas

El libro romano es una réplica del griego. El soporte más utilizado fue también el papiro, ya que las relaciones comerciales con Egipto facilitaron su suministro. Sin embargo, en Roma se produjeron importantes cambios en cuanto a la difusión y elaboración del libro.

Se comenzó la comercialización del libro, que dará lugar a la aparición de librerías editoriales, talleres donde se fabricaban y vendían los libros, donde los esclavos copiaban los textos. Además, se organizaban lecturas públicas, a modo de campañas de publicidad para dar a conocer las novedades. Existían personas especializada en acudir a las audiciones públicas, retener los textos en la memoria para después escribirlos y venderlos. Ya entonces había problemas de propiedad intelectual por el plagio de obras. Los libreros eran a la vez editores y tenían su propio taller de copistas, conformados (normalmente eran griegos alfabetizados).

En Roma también se produjo un importante cambio en la elaboración del libro. Además del papiro, también se utilizaron tablillas enceradas, que los romanos llamaban “Codex”, y se utilizaron sobre todo para anotaciones breves y para la enseñanza. Esta nueva tipología irá desplazando al rollo, hasta crear la configuración que hoy tenemos del libro. El códex tenía una disposición diferente de los textos, y su origen estaba en la unión de dos o más tablillas, atadas por uno de sus lados, que se podían cerrar sobre sí mismas; la cara interna estaba untada con una capa de cera sobre la que se podía escribir con un punzón. Al principio, el códex encontró cierta resistencia como alternativa al volumen (rollo de papiro) pero su facilidad de consulta hizo que finalmente se impusiera su uso (¿no os suena esto a la típica discusión entre soporte papel y electrónico?). Los cristianos observaron en el códex una mayor capacidad que permitía reunir series de escritos útiles para las comunidades, ya que era más fácil localizar los textos que convenía leer a la audiencia en las reuniones.

Biblioteca UlpiaAdemás, en Roma aparecieron las primeras bibliotecas públicas. Se construían generalmente después de una batalla victoriosa, por orden del emperador. Eran de acceso público con sistema de préstamo mediante fianza económica. En el año 39 d.n.E. se fundaron en Roma varias bibliotecas, entre ellas la de Asinio Polión, ubicada en el Templo de la Libertad, que es considerada como la precursora de la biblioteca pública. Augusto creó dos grandes bibliotecas, una de ellas situada en el Pórtico de Octavio y la otra en el Palatino, junto al Templo de Apolo, ambas públicas. Otra biblioteca pública muy importante fue la Biblioteca Ulpia, creada por el Emperador Trajano, donde también se conservaban documentos públicos, por tanto, es probable que fuera, además, un archivo histórico [recreación a la izquierda de estas líneas]. Al frente de las bibliotecas públicas estaba el Procurator Bibliotecorum, a cuyas órdenes estaban los bibliotecarios que trabajaban en cada una de ellas. Estas bibliotecas públicas, se construían al lado de un templo y tenían una sección latina y otra griega. Aunque fueron usadas y apreciadas por los ciudadanos, no alcanzaron la importancia de las bibliotecas privadas de los patricios y ricos romanos. Podéis profundizar en las bibliotecas y bibliotecarios romanos en este documentadísimo enlace. Las bibliotecas públicas desaparecen con la Roma de los Césares y no volverán a aparecer hasta avanzado el siglo XVIII.

Por tanto, podemos resumir la aportación grecorromana a las bibliotecas en tres pasos: extensión de la alfabetización, cambio definitivo de la morfología del libro y surgimiento de la noción de acceso público a la biblioteca.

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Laura Novelle

Documentalista, formadora y consultora docente
Documentalista, consultora, formadora e investigadora. Licenciada en Historia y Especialista en Gestión documental. He ejercido como docente en universidad pública y como documentalista (tanto en centros públicos como privados). Nací con discapacidad, por eso en este blog encontraréis aspectos relacionados con la accesibilidad, pero también sobre el libro y las bibliotecas, el proceso de edición, las fuentes de información y en general, sobre todas las implicaciones sociales de esta maravillosa profesión.

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