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Servicios bibliotecarios y tercera edad

Anciano leyendoLas bibliotecas públicas se han adaptado a distintos tipos de público. El infantil tal vez sea el más específico y sobre el que más se ha escrito y trabajado. Pero, ¿qué pasa con el otro extremo de la pirámide? Los usuarios mayores también presentan necesidades e intereses específicos que pueden y deben ser atendidos desde la biblioteca pública. Según datos recientes, alrededor del 20% de la población española tiene 65 años o más, y el envejecimiento es una tendencia común a todas las sociedades avanzadas.

Estados Unidos y Canadá son dos de los países que más camino llevan andado en este sentido, con portales específicos para usuarios de la tercera edad. En nuestro entorno se ha avanzado, pero la situación varía mucho en cada centro. Según una encuesta realizada en 2015 en 130 bibliotecas españolas, casi un un 75% señala que las personas mayores es uno de los colectivos con los que trabajan habitualmente (el 23,5% restante lo hacen más puntualmente). Este dato indica, al menos entre las bibliotecas participantes en la encuesta, que existe un interés cada vez mayor en ampliar la oferta bibliotecaria a este sector de la población. Las bibliotecas que respondieron no haber trabajado con el colectivo de mayores (el 10% de las bibliotecas participantes) argumentaron como razones más relevantes que nunca se lo habían planteado, que no sabían qué actividad o servicio ofrecerles, ni cómo plantearles participar en las actividades de la biblioteca. Otras razones aducidas fueron que resulta difícil acceder a este colectivo por encontrarse muy disperso en el municipio, que no suelen visitar nunca la biblioteca  o que no tienen los medios necesarios para ofrecer actividades o servicios de su interés (García Gómez, 2015).

¿Qué puede ofrecer la biblioteca a los usuarios de edad avanzada? Mucho, teniendo en cuenta que debe tratarse de una relación bidireccional en la que ambas partes pueden salir ganando. Veamos a continuación unas sugerencias:

  • Estudiar a las personas mayores del barrio o localidad donde se ubica la biblioteca y pensar qué pueden necesitar o qué tipo de actividades les pueden atraer. La biblioteca ofrece estímulos muy diferentes a los típicos viajes organizados o actividades de los centros de mayores. Tenemos que pensar que, si el usuario goza de un buen estado de salud, dispone de tiempo libre y por tanto puede plantearse retos que no había abordado hasta ese momento: aprender a usar el correo electrónico, aprender un idioma, asistir a un taller de escritura… La edad no es una limitación, sino que en este caso puede ser un plus.
  • Realizar campañas específicas de formación de usuarios. Para muchos mayores, su conocimiento de la biblioteca se limita a acompañar a sus nietos/as a la zona infantil durante sus ratos de ocio o vacaciones escolares. Es importante que conozcan bien la biblioteca, sus salas y sus servicios. Crear grupos pequeños para enseñarles la biblioteca y todo lo que tienen a su disposición es un paso fundamental.
  • Personalizar la biblioteca para este perfil. Crear un centro de interés con material sobre aspectos como envejecimiento activo, hábitos saludables, vida sexual en la vejez u otros temas de interés. Para detectarlos, se puede realizar una pequeña encuesta (llevándola incluso fuera, por ejemplo a centros de mayores) sobre qué tipo de libros les gustaría poder consultar en la biblioteca.  También se pueden diseñar carnés de usuario senior con alguna ventaja extra y la letra más grande, para facilitar su uso.  
  • Introducir a este colectivo en el circuito de extensión cultural de la biblioteca. Publicitar convenientemente las actividades e invitarles a participar, ya sea como público o como protagonista: como conferenciantes, en talleres intergeneracionales o como practicantes de un oficio. Las personas de edad son una fuente de sabiduría que no debe perderse, y la biblioteca puede aprovechar ese caudal para enriquecer su entorno. Si la experiencia es satisfactoria, no solo estamos contribuyendo a mejorar su autoestima, sino que pueden ejercer como polos de atracción de nuevos usuarios a la biblioteca.

Las personas mayores también tienen su sitio en la biblioteca. Para encontrarlo, nada mejor que pedir su colaboración y pensar en ellos y para ellos. La vocación de servicio y la necesidad de dar respuesta a una realidad social y demográfica cada vez más tangible así lo demandan. Y al final, también estamos invirtiendo en salud pública: mantener la mente ágil es el mejor seguro de vida contra las demencias y las enfermedades degenerativas. La biblioteca pública también es calidad de vida.

PARA SABER MÁS…

GARCÍA GÓMEZ, F.J. (2015). Las bibliotecas públicas también son para los mayores: resultados de una encuesta realizada a profesionales bibliotecarios españoles. Revista General de Información y Documentación, 25(1), pp. 69-91. Disponible a texto completo aquí.

GARCÍA GÓMEZ, F.J. y DÍAZ GRAU, A. (2004). Servicios bibliotecarios para la tercera edad en entornos web: experiencias desarrolladas en bibliotecas públicas. El Profesional de la Información, 13(4), pp. 272-280.  Disponible a texto completo aquí.

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Laura Novelle

Documentalista, formadora y consultora docente
Documentalista, consultora, formadora e investigadora. Licenciada en Historia y Especialista en Gestión documental. He ejercido como docente en universidad pública y como documentalista (tanto en centros públicos como privados). Nací con discapacidad, por eso en este blog encontraréis aspectos relacionados con la accesibilidad, pero también sobre el libro y las bibliotecas, el proceso de edición, las fuentes de información y en general, sobre todas las implicaciones sociales de esta maravillosa profesión.

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  1. By Iñaki

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    • By Laura Novelle

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  2. By Félix González

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  3. By Félix González

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