Son de los prohibidos - BiblogTecarios

Son de los prohibidos

El libro como objeto de conocimiento, sabiduría y maestro que nos habla ha sido perseguido, censurado, ocultado y quemado en todas las épocas. Un momento clave en la historia conocido por tod@s es la época de la Inquisición.

El Tribunal de la Inquisición española surge en 1478 y su fundación se debe a los Reyes Católicos. La Inquisición estaba Dirigida por religiosos dominicos, pero controlada por la monarquía. Su función era perseguir la herejía. Para saber que libros se debían o no leer, existían diversos índices: publicaciones que recogían el catálogo de obras perniciosas para la salud espiritual de la nación. El Index Librorum Prohibitorum suministró el más completo catálogo de libros heréticos, de versiones no autorizadas de la Biblia, de libros de ciencia heterodoxos, etc.

Las tiendas de libros y bibliotecas también fueron vigiladas y registradas. Es en 1612 cuando se obliga a los libreros a llevar un inventario de todos los libros que tenían en la tienda y presentarlo ante las autoridades inquisitoriales.

Hasta su disolución en 1834, el Tribunal de la Inquisición desempeñaría concienzudamente su labor de control y represión espiritual

El comisario era la figura encargada de la censura de los libros y para ello se situaban en los puertos de mayor actividad comercial. Los libros que no se autorizaban se confiscaban y posteriormente se investigaba a sus dueños. Pese a la vigilancia algún material impreso se colaba/ conseguía y cuando se localizaba algún libro incluido en algún índice prohibido o expurgado, se les colocaban en estantes separados y con una indicación que decía: “son de los prohibidos” sólo podían ser consultados por aquellos que tenían un permiso especial.

El calificador era el encargado de examinar las publicaciones, una especie de colaborador. Este cargo le otorgaba una consideración estimable y unos privilegios evidentes. El calificador podía asignar las siguientes categorías de censura:

  • Prohibición: suponía la condena de la obra en su conjunto
  • Expurgo: eliminación de pasajes condenables para poderlo publicar después
  • Obra no reprobable doctrinalmente, de autor herético: implica una prevención contra el autor y no contra el contenido real de la obra.
  • Prohibición hasta expurgo: Afecta como el 2 sólo una parte de la obra.

Las diversas categorías de obras condenables se hallan enumeradas en las dieciséis reglas que, a partir de 1640, figuran en los Índices españoles. Se las puede encuadrar en cinco grupos:

  1.  Obras contrarias a la fe católica romana, escritas por los heresiarcas u otros herejes, cuando tratan de cuestiones de fe;    textos de Sagrada Escritura y obras de controversia, en lengua vulgar .
  2.  Obras de astrología o que fomentan la superstición.
  3.  Obras que trataban temas lascivos o inmorales.
  4.  Obras anónimas consideradas sospechosas.
  5.  Las obras o fragmentos de obra que atentan contra la buena reputación del prójimo, a las personas eclesiásticas, órdenes religiosas y príncipes temporales.

Pero ¿quiénes eran los que poseían esos libros prohibidos? Se sabe que iban a parar en manos de eclesiásticos autorizados por el Santo Oficio, la clase media que contaba con la respectiva licencia del Tribunal, así como los mercaderes, libreros, funcionarios del gobierno y médicos.

Coetzee decía “bajo la censura no florece la literatura”, sino que mas bien posibilita lo que Isaac Babel llamó “el genero del silencio”.

A modo de colofón decir que a día de hoy, podemos disfrutar del derecho a elegir qué leer  y a tener una oferta variada. Cierto es, que existen muchos escritores que no cuentan con los recursos económicos para publicar sus textos y difundirlos. Como decía una buena amiga, aún hoy existen miles de pensamientos enterrados en un cajón.

 

“Los presos políticos uruguayos no pueden hablar sin permiso, silbar, sonreír, cantar, caminar rápido, ni saludar a otro preso. Tampoco pueden dibujar ni recibir dibujos de mujeres embarazadas, parejas, mariposas, estrellas ni pájaros. Didoskó Pérez, maestro de escuela, torturado y preso ‘por tener ideas ideológicas’, recibe un domingo la visita de su hija Milay, de cinco años. La hija le trae un dibujo de pájaros. Los censores se lo rompen a la entrada de la cárcel. Al domingo siguiente, Milay le trae un dibujo de árboles. Los árboles no están prohibidos y el dibujo pasa. Didoskó le elogia la obra y le pregunta por los circulitos de colores que aparecen en las copas de los árboles, muchos pequeños círculos entre las ramas:

¿Son naranjas? ¿qué frutos son?

La niña lo hace callar y en secreto le explica:

Bobo ¿no ves que son los ojos? Los ojos de los pájaros que te traje a escondidas.”

“Los pájaros prohibidos”, Eduardo Galeano (1976) del libro Días y noches de amor y de guerra.

 

“Los libros le bombardearon los hombros, los brazos, la cara vuelta hacia arriba. Un libro voló, casi obedientemente, como una paloma blanca hasta sus manos, aleteando. A la luz pálida y oscilante apareció una página, como un copo de nieve, con unas palabras delicadamente impresas. En medio de aquella agitación y fervor, Montag sólo pudo leer una línea, pero que quedó fulgurando en su mente como si se la hubiesen estampado a fuego.

El tiempo se ha dormido a la luz de la tarde.

La mano de Montag se cerró como una boca, apretó el libro contra el pecho con una salvaje devoción, con una despreocupación insensata. Los hombres, allá arriba, estaban lanzando al aire polvoriento paladas de revistas, que caían como pájaros heridos de muerte. Y la mujer estaba allí, de pie, abajo, como una niñita entre cadáveres.

¡Keresone!

Los bomberos bombardearon el frío fluido desde los tanques numerados 451 que llevaban en los hombros, y bañaron los libros y las habitaciones.

La mujer, arrodillada junto a los libros, tocaba los cueros y telas empapadas, leyendo los títulos dorados con los dedos y acusando con los ojos a Montag.

Nunca tendrán mis libros dijo la mujer.

Vamos a quemar la casa, dijo Beatty. Voy a contar hasta diez. Uno. Dos y en la palma de la mano apareció un objeto único y delgado. Un fósforo común de cocina.

La mujer en el porche les miró orgullosamente y rascó el fósforo contra la barandilla”.

Fahrenheit 451, Ray Bradbury.

 

QUEMA DE LIBROS

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Laura Martínez

En este blog voy a exponer diversos recursos sobre el mundo de la información, mi humilde opinión y acercar y difundir mis conocimientos sobre este campo. En definitiva un espacio para compartir, aprender, interactuar y opinar.

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