La biblioteca secreta del Monasterio de Santa Catalina del Monte Sinaí - BiblogTecarios

La biblioteca secreta del Monasterio de Santa Catalina del Monte Sinaí

manuscript-1614234_640Las sociedades tienen un gran problema cuando los libros son destruidos, censurados, excluidos u olvidados. También cuando las bibliotecas son diezmadas. La lista de bibliotecas desaparecidas es larga: las bibliotecas de Constantinopla saqueadas por los cruzados; los códices mayas destruidos por los monjes franciscanos; las bibliotecas de Beijing y Shangai destrozadas por las fuerzas de ocupación japonesas; la Biblioteca Nacional de Serbia arrasada por las fuerzas aéreas de Hitler; la Biblioteca Sikh de Punjab devastada a instancias de Indira Ghandi o la Biblioteca de Camboya asolada por los jemeres rojos. Aquí ya hemos hablado de los libros de Tombuctú o los de la Universidad de Mosul.

Sin embargo, no todo son noticias tristes de desaparición de conocimiento. En los rincones de algunas bibliotecas se esconden descubrimientos excepcionales. Así un bibliotecario halló en la Biblioteca Nacional de Noruega un mapa de 1803 del mundo otomano del que solo se hicieron cincuenta copias: el Atlas Cedid; Remy Cordonnier se topó en la biblioteca Saint-Omer con el Primer Folio de Shakespeare (la primera edición de recopilación de las obras de teatro de William Shakespeare elaborada tras su muerte en 1616 por dos actores y compañeros de reparto, John Heminge y Henry Condell, y publicada en 1623); en una biblioteca pública de Nantes encontraron un manuscrito de Leonardo da Vinci y en la Biblioteca Nacional de España se descubrió un fragmento de un manuscrito autógrafo del compositor Vincenzo Bellini dentro un álbum de fotografías y dibujos del siglo XIX con paisajes de Malta y Sicilia.

Recientemente en uno de los monasterios más antiguos todavía habitado se han descubierto varios palimpsestos (manuscritos antiguos a los que se les ha borrado expresamente el texto primitivo para volver a escribir encima) durante los trabajos de restauración y digitalización de los fondos de su biblioteca, reconocido centro de aprendizaje desde su fundación a mediados del siglo VI durante el reinado de Justiniano I.

En la desembocadura de un desfiladero a los pies del monte Sinaí (montaña sagrada para las religiones cristiana, islámica y judía), en la península del Sinaí (Egipto), el Sagrado e Imperial Monasterio del Monte Sinaí o Monasterio de Santa Catalina o de la Transfiguración contiene la segunda colección de códices y manuscritos más extensa del mundo (el primer puesto pertenece a la Biblioteca Apostólica Vaticana) conformada por unos 6.000 textos en griego, copto, armenio, hebreo, árabe, etíope, siríaco, junto con iconos, objetos litúrgicos, tallas, bordados con hilos de seda, decretos y reglamentos emitidos por los califas de la primera época del Islam.

Este conjunto de documentos históricos y religiosos pone de manifiesto la tolerancia y convivencia entre religiones al demostrar el intercambio de ideas y literatura entre las diferentes creencias. Este monasterio, sede de una reducida comunidad cristiana, conserva la versión más antigua a nivel mundial de una Torá y varias hojas y fragmentos (algunos habían formado parte de encuadernaciones de varios libros del Monasterio y otros aguardaban a alimentar el fuego junto con otros restos de pergaminos considerados de nulo valor) del Códice Sinaítico o Codex Sinaiticus, manuscrito de la versión griega de la Biblia escrito en el año 331 a. C. por orden del emperador romano Constantino tras su conversión al cristianismo.

Debido a que en la época de las cruzadas las peregrinaciones al monasterio se redujeron considerablemente, durante el siglo VII el comercio del papiro egipcio sufrió dificultades y en los siglos posteriores la elevada demanda de pergaminos propicio su escasez y altos precios los escribas se vieron obligados a reutilizar antiguos documentos después de lavarlos con zumo de limón y rasparlos cuidadosamente.

Este proceso dejaba unas marcas, rasguños y manchas que han servido como indicativo para que un grupo de investigadores, mediante técnicas novedosas y avanzadas de imagen, fotografíen durante cinco años hasta doce veces 6.800 páginas con diferentes rangos del espectro de luz visible, luz ultravioleta y luz infrarroja desde distintos ángulos para resaltar las casi imperceptibles huellas de tinta o las depresiones en la superficie de las páginas. Una vez tomadas todas las fotografías se juntan y mediante determinados algoritmos computacionales se analizan y combinan los resultados para separar el texto borrado de la reescritura.

Estos palimpsestos están considerados un tesoro de incalculable valor histórico, científico y lingüístico pues permiten investigar las primeras escrituras del cristianismo, dan pistas sobre la historia y la vida cotidiana del Egipto de la época medieval y contienen restos de lenguas perdidas por completo hace muchos años y cuyo estudio ha permitido incrementar su conocimiento (en determinados casos algunos de los textos borrados han duplicado el vocabulario conocido de un idioma).

Entre estas lenguas descubiertas se encuentran el albanés caucásico y el arameo palestino cristiano. El primero se hablaba antiguo reino de Albania caucásica, que comprendía el sur de la actual República de Daguestán y gran parte de Azerbaiyán y su registro escrito se perdió entre los siglos VIII y IX cuando sus iglesias fueron destruidas. El segundo es una mezcla de siríaco y griego usada por algunas de las primeras comunidades cristianas en Oriente Medio y que se usó en algunas de las primeras versiones del Nuevo Testamento y que a pesar de tener una importante cultura entorno a ella murió en el siglo XIII.

Otros palimpsestos muestran textos en idiomas más comunes (como el griego, el latín, el árabe o el siriaco) pero no por ello han dejado de sacar a la luz importantes hallazgos. Entre ellos destacan textos árabes con poesía griega hasta ahora desconocida, fragmentos de tratados médicos como una de las páginas perdidas del tratado de Galeno “De los preparados y los poderes de los remedios simples” o una parte de una receta médica atribuida a Hipócrates, el médico ilustre de la Antigua Grecia, considerado el padre de la medicina (hallado en un manuscrito que también contiene ilustraciones de hierbas medicinales de la Antigua Grecia).

Todos estos descubrimientos se están haciendo públicos Early Manuscripts Electronic Library (EMEL) para que investigadores actuales y futuros de todo el mundo se sirvan de ellos para sus estudios.

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Inma Herrero

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