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La multiculturalidad de las bibliotecas frente al terrorismo

La vida continúa a lo largo de Las Ramblas en Barcelona donde el pasado 17 de agosto se produjo un atentado que sembró de dolor uno de los lugares más emblemáticos, vitalistas y cosmopolitas de Catalunya. El silencio como respeto ante lo acaecido ha dejado paso a la rutina, mezcla de lenguas, culturas, trabajo y creatividad porque todo tiene un principio y un final, y hay que saber pasar página, aunque no convertirnos en desmemoriados, y de eso saben mucho las bibliotecas.

La solidaridad mostrada por miles de personas a través de las redes sociales para enviar ánimos a toda Barcelona fue extrapolable a aquellas (caso por ejemplo de la Biblioteca Universitaria de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, entre otras), que utilizaron las suyas para lanzar mensajes de apoyo y muestras condolencias, demostrando que los profesionales vinculados a las mismas entienden que la libertad y la democracia debe estar por encima de todo y que la cultura también tiene voz y voto en momentos como este.

Nuestras bibliotecas son como los mercados barceloneses de La Boquería y Sant Antoni: una mezcla enriquecedora que garantiza la diversidad y la multiculturalidad, teniendo en cuenta que los servicios que ofrecen son para todas las personas, independientemente de su sexo, raza y religión, y que la convivencia pacífica y tolerante que se ha defendido en las calles de la Ciudad Condal por el conjunto de los ciudadanos es la misma que se llevaba a cabo en ellas día tras día, donde no hay imposiciones de ningún tipo.

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Detalle de los pósits pegados frente al Mercado de La Boquería con mensajes de paz frente al terrorismo (Barcelona) Fuente: Agencia EFE

No sé si alguna persona ha hablado antes de terrorismo en un blog sobre bibliotecas, pero de lo que estoy seguro es que los gestos espontáneos mostrados por muchas personas en las inmediaciones de Las Ramblas me han recordado el poder que siguen teniendo tanto las palabras como la capacidad de escribir en un contexto tan especial como este. Me refiero a todas esas notas que, de manera improvisada, dieron lugar a un mosaico de pósits que muchos pegaron frente a La Boquería, en los cuales se podían leer esas muestra de apoyo colectivo, lo mismo que en los paneles informativos de nuestras bibliotecas en las que lo mismo te encuentras uno informando de clases particulares que otro con una dedicatoria de amor, aunque asociados a situaciones distintas. Nada detiene a la voluntad humana en lo que se refiere a la creatividad y a la transmisión de información.

Precisamente, uno de los aspectos que se ha tenido en cuenta a la hora de devolver a la normalidad ese espacio ha consistido en saber qué hacer con todo ese material en el que quedó reflejado el sentimiento de un pueblo, de ahí la relevancia del Arxiu Municipal de la Ciudad Condal y del Museu d’Història de Barcelona, encargados de documentar todas esas muestras solidarias con el fin de preservar la memoria colectiva, fotografiando los espacios donde se crearon los improvisados altares de condolencia y guardando algunos de esos textos como muestras más representativas de esa actuación.

Esta misma forma de proceder se llevó a cabo en Cambrils -la otra ciudad catalana donde se produjo otro atentado- a través de su Archivo Municipal y su Museo de Historia, lo que demuestra que la información tiene unos cauces de expresión amplios y dispares en los que se mezcla su carácter efímero con un componente documental único e irremplazable.

Más allá de todo esto, me imagino que muchos compañeros de diversas bibliotecas habrán expuesto todo tipo de documentos sobre la cultura musulmana y el Islam como respuesta ante la barbarie para enfatizar el papel milenario de una y otra en las relaciones interculturales y para demostrar que no vamos a reaccionar de manera xenófoba ni discriminatoria contra quienes profesen esa religión y cultura porque otros quieran hacer del dolor su garantía para llegar al poder. Todo lo contario: lo mismo que la ciudadanía ha tomado espontánea y pacíficamente esas calles para reivindicar la paz y el respeto universales, describiendo sus sentimientos a través de esas palabras en las que descansan la esperanza de acabar con este sin sentido que nos afecta a todos, nosotros, los profesionales de las bibliotecas, debemos seguir haciendo de nuestro ámbito de trabajo una fortaleza de esa multiculturalidad y demostrar que el odio y las ansias de muerte son efecto de decisiones políticas que tratan de dividir a la humanidad.

Pensemos en un dato básico que seguro que nos hará reflexionar: lo mismo que en nuestras estanterías convive un ejemplar de la Biblia con otro del Corán y el Taoísmo o una biografía de Mahoma con otra de Buda y Jesucristo, en ese mismo espacio bibliotecario se produce la cimentación de las relaciones entre personas de distintas culturas, donde lo que prima es el respeto, las relaciones pacíficas y los lazos de amistad, que trascienden fronteras y religiones. Por tanto, en las calles debe desarrollarse lo mismo, sin atender a la violencia como bandera y comprender que la vida es una aventura en la que se mezclan momentos buenos y malos, pero ninguno debe estar manchado por la sangre del terror.

Hagamos de esa multiculturalidad nuestro santo y seña en las bibliotecas y aprendamos que el terror de unos pocos no podrá acallar las conciencias de millones.

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Francisco Javier León Álvarez

Soy licenciado en Geografía e Historia y trabajo en la Biblioteca Pública Municipal de La Orotava (Tenerife). Actualmente, colaboro en prensa y gestiono un proyecto editorial de autoedición, y me interesan todos aquellos aspectos sociales y culturales relacionados con las sociedades en desarrollo y los mal llamados países del tercer mundo. La creatividad se potencia cuando vas a contracorriente como las truchas para no sucumbir a las normas de lo cotidiano, y disfruto haciendo postres porque la vida y el trabajo bibliotecario son una mezcla de ingredientes, olores y sabores de resultado incierto.

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