Lectura y running: una pareja inseparable - BiblogTecarios

Lectura y running: una pareja inseparable

Preparados, listos, yaaaa… Búscame en….”

Cuando me incorporé a este gran equipo que conforma BiblogTecarios, su director, Rafael Ibáñez, me puso una condición indispensable: debía aportar mi fotografía para adjuntarla a mi pequeña biografía con el fin de que me identificasen tanto mis propios compañeros de esta red social como las personas que leyesen mis entradas. Así que no tuve más remedio que asentir y morderme la lengua.

¿Por qué comento esto? Porque soy enemigo de que mi imagen y mi vida privada consten en Internet, aunque eso es muy complicado en la sociedad en la que vivimos y porque, precisamente, esa frase que encabeza mi nuevo post -que, en realidad, está incompleta- fue un mensaje personal de los antiguos SMS que le envié a una muy buena amiga una noche de sábado, hace ya unos años, para expresarle mi ilusión por competir en ese momento en una prueba de eso que ahora llaman running.

El pasado 24 de febrero los compañeros de Baratz tuitearon lo siguiente:

Nada más leerlo, no me identifiqué ni con su contenido ni con el mensaje que transmitía, y este es el motivo de esta reflexión: el running es cultura y fuente para potenciar la lectura.

Soy uno de esos afortunados que trabajan en una biblioteca y que también practica asiduamente este deporte, al cual llegué gracias a esa amiga, además de ser amante de los libros y de leer todo aquello que puedo y considero que aporta conocimiento y formación a mi vida. Pero, aunque no lo creamos, este deporte, como otros, tiene sus relaciones profundas con la lectura y ambos, compaginados de manera adecuada, pueden convertirse en un eje fundamental que guíe nuestras vidas.

Quizás suene extraño lo que voy a escribir a continuación o, incluso, que genere un rechazo hacia mi persona, pero se basa en mi experiencia y en diversos casos que he vivido directamente, y siempre desde la perspectiva de fomentar la cultura como base para el desarrollo personal: a veces es bueno dejar de leer durante una, tres o cinco semanas, durante meses y hasta un año, apilando libros sobre nuestra mesa o sobre la estantería hasta que encontremos el camino de vuelta desde el que partimos.

Estamos obcecados y obsesionados con leer, leer, leer y leer, como si nos convirtiéramos en consumidores que vamos a un centro comercial para comprar y comprar con el fin de llenar el carro, sin analizar qué es lo que realmente necesitamos y qué nos satisface. He podido constatar muchísimos casos de personas que leen como si fueran robots, devorando páginas y páginas sin sentido, sin disfrutar de ello y sin quedar atrapados en frases, párrafos, ideas o personajes. Solo leen, pero no hay nada más ni tampoco les está aportando algo a sus vidas, aunque no quieran reconocerlo.

La conclusión es que no les gustaba leer o, si lo hacían, nos les llenaba del todo, sin entender ni apreciar el verdadero sentido de la lectura, quizás porque, como todos, necesitaban que les explicasen esos beneficios y guiarlos de manera efectiva. El hastío y el cansancio hacían acto de presencia en ellas y te das cuenta porque no eran capaces de expresar qué les había parecido el último libro que tuvieron en sus manos y solo se limitaban a balbucear aquello de “bueno… está bien…”, “algo denso” y “una lectura buena”. Eso era todo.

En momentos así, yo aconsejo dejar de leer y descansar la mente para encontrarse a sí mismo y volver a renacer, pero bajo una perspectiva mucho más enriquecedora y dinámica.

“Si entrenas tu mente para correr, todo lo demás será fácil” (Amby Burfoot)

Hay personas que, gracias al running, se han acercado por primera vez al mundo de la lectura, circunstancia que lo habían conseguido antes a pesar de participar en programas de fomento a la lectura en bibliotecas públicas; otras la han retomado al comprobar el potencial de este deporte como crecimiento personal paralelo a esos beneficios señalados; y, por último, un extenso grupo se han desprendido de ese aburrimiento de leer de manera metódica lo que otros querían que leyesen o de lo que consideraban fracaso en su autoformación lectora, que les llevó caer en ese hastío.

Entonces, ¿qué aporta el running a la lectura?

  1. contribuye a generar un hábito saludable basado en una rutina semanal en la que se transmite una orden al cuerpo desde el cerebro, en la cual se le indica que debe prepararse para una actividad intensa, pero beneficiosa, lo mismo que cuando nos sentamos a leer en un sillón, en la arena de la playa o en cualquier otro lado con el mensaje de ese mismo cerebro que nos alerta que esta otra rutina también será provechosa para cimentar los conocimientos de nuestra lengua, abarcando desde la ortografía hasta la gramática, la asimilación de multitud de expresiones, cómo estructurar las frases, el papel de la sintaxis, etcétera.
  2. el running permite conocer tu cuerpo, saber qué tipo de superficie es donde más se desarrolla tu potencial y en qué otra te desgastas más, y a eso se llega tras muchas sesiones de entrenamiento y participación en carreras. Del mismo modo, nos abre las puertas para comprender que cada persona nos formamos progresivamente unos gustos por la lectura a partir de esa rutina y de comparar distintos géneros literarios y de ficción hasta llegar a discernir qué nos gusta y qué nos aburre.
  3. se trata de un deporte que se practica tanto de manera individual como en grupo, y eso te da fortaleza física y genera vínculos de amistad y compañerismo que trascienden más allá de la propia rutina de entrenar y competir. Esto, llevado al campo de la lectura, se proyecta en realizar esta actividad en solitario o bien participando activamente en grupos como los clubes de lectura, en los que se generan esas mismas relaciones y se enfatizan los intercambios de impresiones y comentarios sobre los libros que se leen. En este contexto, los comentarios del resto de compañeros sirven para ampliar nuestro campo del conocimiento y formarnos un espíritu crítico con mayor base, lo mismo que un entrenamiento con otros compañeros permiten medir el rendimiento físico y espíritu competitivo.
  4. supone saber aceptar las victorias y los fracasos, sonriendo cuando entras a meta tras un duro esfuerzo de un trail cuyo recorriendo equivale a una media maratón, o desencajado y con ganas de atravesar una pared con un puñetazo cuando tu cuerpo no ha respondido al mismo ritmo que tu cerebro. Esa idea de superación se traslada a la propia lectura en el sentido de que su filosofía no es tratar de leer la máxima cantidad de libros posible o de hacernos los intelectuales a costa de repetir títulos y frases delante de otras personas, sino de buscar la calidad en lo que leemos, el compromiso del aprendizaje, la necesidad de trabajar constantemente el cerebro y forjar los argumentos necesarios para decir abiertamente cuáles son los motivos de por qué nos gusta o no una determinada obra.

No creo que leer más te haga mejor persona ni que seas más inteligente ni culturalmente más sobresaliente, dentro de un patrón general, como tampoco ponerte a correr como un loco día tras día sea beneficioso para tu cuerpo porque a la larga envejecerás más rápido y contribuirás a que aparezcan enfermedades no previstas.

Tengo amigos y conocidos que no tienen trabajo, que se siguen dando cabezazos contra la pared por culpa de un sistema económico que los excluye; otros que están sufriendo un calvario por enfermedades que les afecta a ellos -directa o indirectamente- a través de algún familiar cercano; y también los hay que tiene problemas domésticos o no saben muy bien qué hacer con sus vidas. Lo magnífico es que algunos han probado con la lectura como hábito en el que iniciarse para tratar de sentirse mejor y otros para evadirse de sus problemas o encontrar una solución o una luz al final del camino. Pero a la mayoría no les sirvió de nada hasta que el running se cruzó en sus vidas, cuando el sudor y el esfuerzo tomaron cuerpo, sintiendo el aire frío de los entrenamientos nocturnos aplastándoles sus caras y el placer indescriptible del abrazo de un compañero al cruzar la meta.

Ahí fue cuando encontraron el camino para apreciar la lectura y volver sobre sus pasos con mayor fuerza que al principio. ¿Cómo? Pues valorando lo que suponía esa rutina y esos logros y su comparación con los de otras leyendas del atletismo, cuya trayectoria quedó reflejada en muchos libros. Entonces, en nuestras conversaciones les hablaba de personajes como Abebe Bikila, que ganó la maratón de los Juegos Olímpicos de Roma de 1960 corriendo descalzo, o Emil Zátopek, conocido por la Locomotora Humana, un ídolo en la Checoslovaquia comunista, que acabó sus días como barrendero, y ellos me miraban preguntándose como es posible que este último llegase a ese extremo, cómo si era muy bueno en el atletismo. Ese es el punto clave, el momento justo en que dices lo siguiente: “Te recomiendo la lectura de Correr de Jean Echenoz y sabrás el motivo. Por cierto: está muy mal escrito y destroza lo que podría ser una excelente biografía, pero el próximo día hablamos de qué te ha parecido”.

No, no comparto para nada ese tuit de que hablaba al principio y habría que replantearse qué tipo de mensajes lanzamos en las redes sociales en relación con la lectura y si realmente conocemos su trasfondo y el impacto pretendido. En mi caso, no gritaría a los cuatro vientos uno en plan “más running y menos leer”, o viceversa, sino algo así como “leer es una victoria como el running a la rutina”, y bajo el hashtag #CorrerMeHaEnseñado.

Y tú, ¿eres de mi grupo de running-lectores? Si aún no lo eres, piensa que un atleta corrió los 1500 metros en 3 minutos 26 segundos, el más grande de los grandes: Hicham El Guerrouj.

The following two tabs change content below.

Francisco Javier León Álvarez

Soy licenciado en Geografía e Historia y trabajo en la Biblioteca Pública Municipal de La Orotava (Tenerife). Actualmente, colaboro en prensa y gestiono un proyecto editorial de autoedición, y me interesan todos aquellos aspectos sociales y culturales relacionados con las sociedades en desarrollo y los mal llamados países del tercer mundo. La creatividad se potencia cuando vas a contracorriente como las truchas para no sucumbir a las normas de lo cotidiano, y disfruto haciendo postres porque la vida y el trabajo bibliotecario son una mezcla de ingredientes, olores y sabores de resultado incierto.

Latest posts by Francisco Javier León Álvarez (see all)

Comments

  1. By Félix González

    Responder

    • By Francisco Javier León Álvarez

      Responder

  2. By Baratz

    Responder

    • By Francisco Javier León Álvarez

      Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *