Pensar, sentir, NECESITAR... las bibliotecas - BiblogTecarios

Pensar, sentir, NECESITAR… las bibliotecas

Necesitar las bibliotecas

Necesitar: “Tener necesidad de alguien o algo”, según la RAE. “La necesidad es maestra y tutora de la naturaleza. Es su tema y la fuente de sus invenciones, su freno y su regla perpetua” decía Leonardo Da Vinci.  Tales de Mileto consideraba que “Lo más fuerte es la necesidad, porque domina todo”. “Te necesito como a la luz del sol en este invierno frio ‘pa’ darme tu calor” cantaba Amaral, y así es como nos gustaría que los usuarios necesitaran las bibliotecas, como “respirar” parafraseando a Medina Azahara.

forgesbibliotecasDespués de esta introducción musical y de citas, empiezo este post, el 3º y último ya (lo prometo) de la trilogía “Pensar, sentir, necesitar…las bibliotecas”, con un “bocado de realidad”, la plasmada en el Informe: La lectura en España 2017, que aborda, entre otros temas, la salud de nuestro sistema bibliotecario. Dos aspectos positivos en relación a este tema: después de 20 años el número de bibliotecas ha crecido (la crisis no parece haber afectado al número de estos establecimientos) y un incremento del número de habitantes inscritos en las bibliotecas, que pasa del 28,72% al 34,49%. Y, para equilibrar o desequilibrar la balanza, tres aspectos negativos como el envejecimiento de las colecciones,  la reducción de los horarios de apertura y un descenso en el número de préstamos —8.349.307 menos en 2014 que en 2010—. Además, el informe reconoce como debilidad, la marginación de las bibliotecas escolares, lo que afecta a la baja competencia lectora e informacional de muchos ciudadanos.

Y ahora, ante esta situación real, unas preguntitas para la reflexión. Unas preguntas retadoras cuya respuesta seguramente exija reinventar nuestro trabajo y nuestro contexto. Unas preguntas que retomo para este post, pero que ya se han planteado y que con mucho acierto otros profesionales como Santiago Villegas: ¿Estamos listos los profesionales de la biblioteca, para convertirnos en mentores, guías y promotores de los emprendedores?. O esta otra que ya nos lanzó el Grupo Durga y que también ha sido en parte objeto del VIII Congreso Nacional de Bibliotecas Públicas en España: Espacio físico y virtual:  ¿Creéis que vuestra biblioteca puede dar el paso y convertirse en centro de creación y experimentación? ¿Irreal, muy lejano, hipotético, vital o absolutamente innecesario?. Y una más que está en el imaginario colectivo y que seguramente muchos de nosotros hemos tenido que escuchar de nuestros conciudadanos (y quizá con cierta razón), “¿para qué queremos bibliotecas si ya tenemos Internet?”.

La necesidad siempre es la fase cero de cualquier acción. Se busca y se hace lo que se necesita. En el ámbito que nos ocupa, los usuarios han de sentir esa necesidad de asistir a la biblioteca porque ofrecemos servicios de valor añadido y eso a ellos les interesa y les sirve. Limitar nuestras acciones al estudio, al préstamo de libros o a la lectura, sería una visión muy reduccionista de todo lo que las bibliotecas son en este momento y de lo que pueden (y deben) llegar a ser en el futuro. Un futuro que ya es presente en muchas bibliotecas, a las que ya no se va solo a buscar y consultar información, sino que se va a otras muchas cosas, como es el caso de la Biblioteca Pública de Salamanca, Casa de las Conchas, en la que tengo la suerte de trabajar. A esta biblioteca (y repito, a otras, pero como esta es la que más conozco, es la que comparto con vosotros), se va asistir a conferencias; a formarse; a charlar con escritores; a leer la prensa; a consultar revistas; a ver películas y/o exposiciones; a aprender a utilizar las redes sociales y los dispositivos móviles; a conversar en diferentes idiomas; a debatir e intercambiar ideas (en los Debates Públicos de las Conchas); a escuchar historias (en las lecturas en voz alta con motivo de alguna fecha particular); a crear historias (a través de alguno de los dos Talleres de Escritura Creativa); a escuchar otras historias en Contando Cuentos y música en Conciertos Encuentros;  a dibujar sin saber (a través de alguno de los talleres de dibujo); a compartir lecturas, no solo en alguno de los 10 clubes de lectura, sino también por ejemplo, el primer lunes al mes en la actividad Café con libros, donde nosotros ponemos los libros, el café y las pastas y los usuarios ponen y comparten sus lecturas; a conectarse con el mundo a través de internet; a descargar ebooks (a través de eBiblio); a escuchar música; a jugar; a divertirse; a experimentar y conocer nuevas realidades como sucede en las actividades “De un lado a otro” y “Sin escenario“, un espacio interdisciplinar de diálogo, ocio y cultura; a entrar en un mundo tanto real, como virtual, que nos permite pensar globalmente y actual localmente; a hacer comunidad en definitiva.

Tenemos que pasar de simples salas de estudio, a ser los salones de nuestras comunidades, un espacio abierto y para todos. Llegar a ser ese “tercer lugar”, después del primero, que es el hogar y del segundo, que es la oficina, siguiendo el concepto acuñado por el sociólogo Ray Oldenburg en su libro “The great good place” : “cafés, librerías, bares, peluquerías y otros lugares para pasar el tiempo en el corazón de una comunidad”, un lugar al que la gente  va simplemente por el placer de estar: a relacionarse, a hablar, a pasar el rato… Albith R. Delgado en su artículo “Hackerspaces: espacios de posibilidades en comunidad, cita a Oldenburg para aclarar que: “Un tercer lugar tiene varias características, escribe  el lugar es neutral, queriendo decir un lugar donde nadie tiene que ser anfitrión, y todos se sientan a gusto. Esto permite la asociación variada y rica entre personas, a mayor frecuencia que si se dieran a cabo en un lugar privado. El lugar es nivelador, o sea inclusivo, accesible al público en general y sin criterios formales de membresía y exclusión. Un tercer lugar abre las puertas a relaciones entre personas de diferentes escalas sociales, expandiendo posibilidades en vez de restringirlas. Las personas que pasan por un tercer lugar dejan su posición social en segundo plano, y por un rato participan como iguales en un espacio. Los terceros lugares unen a la vecindad, unen a jóvenes con adultos, a recién llegados y veteranos, bajo un ambiente discursivo y abierto a la experimentación”.

Por tanto, nos volvemos a plantear: ¿qué bibliotecas necesitan nuestros ciudadanos en la actualidad?. Está claro que no se trata solo de espacios para acceder a la tecnología, sino para hacer comunidad. Es necesario pasar de las bibliotecas como lugares para las colecciones, para el conocimiento (ya no lo son ni de forma única, ni exclusiva) o para la conectividad (la cosa ya no va solo de tecnología), a pasar a considerarlas como lugares para la conexión, para la cooperación, para crear comunidad en definitiva. Ya que también se pasa del movimiento DiY (Do it yourself), hazlo tu mismo, al DiT (Do it toghether), todos juntos, entre todos, que los que saben enseñen a los que no saben. Un grupo de expertos enseña y la comunidad aprende y la biblioteca es la que conecta y posibilita esas redes.

Las bibliotecas son lugares de encuentro, idóneos para conectar gente en torno a intereses comunes, personas que tienen preguntas con otras que tienen las respuestas. Constituyen grandes infraestructuras físicas que disponen de espacio y deben proporcionar las herramientas necesarias para la producción de cultura.  Además, por definición, las bibliotecas públicas trabajan por la inclusión social, por la integración de grupos de desempleados y sectores sociales en situación de riesgo. Desde esta visión de la biblioteca pública como espacios para la creatividad, la experimentación y la inclusión social, está surgiendo un incipiente pero interesante movimiento de implicación de las bibliotecas con la filosofía “maker”: Coworking, makerspaces, TechShops y FabLabs, entre otras denominaciones.

Algunos ejemplos:  Fab Lab en la Biblioteca Pública Fayetteville de Nueva York, la primera biblioteca pública en disponer de un espacio para “hacer” en  2011. El YOUmedia Chicago o Makerspace en la Chatanooga Public Library- 4th floor. La Bibblioteca  Westport, que ofrece un espacio dentro de la misma biblioteca  donde la gente puede desarrollar contenidos de todo tipo, compartirlo y ponerlos a disposición de la comunidad para su consumo. Se trata de una incubadora de ideas, en la misma línea que los MakerSpaces, que favorece el emprendimiento y se encuentra ubicada en un espacio concreto de la biblioteca para que creadores, emprendedores, la ocupen como su espacio natural.

En España tenemos el ejemplo de Medialab: La biblioteca como laboratorio ciudadano de conocimiento, que como punto de partida se plantea estas cuestiones: ¿Cuáles son las necesidades y desafíos de una “biblioteca” Medialab-Prado?, ¿qué experiencias de biblioteca digital/analógica nos sirven y/o inspiran?, ¿qué necesitamos para hacer circular los saberes de un laboratorio ciudadano, creando una biblioteca como espacio de aprendizaje y vivo?.

También la biblioteca de creación UBIK de Tabakalera especializada en cultura contemporánea y abierta a toda la ciudadanía. Ubik se desarrolla en base a tres ejes que se entrelazan: aprender, crear y disfrutar. De esta manera, y más allá de los servicios imprescindibles y básicos de toda biblioteca, estimula el aprendizaje y la capacidad creativa, tanto del público especializado en la materia, como de todas aquellas personas que tiene interés por el pensamiento contemporáneo, las artes, la tecnología, el audiovisual y el sonido, así como los videojuegos. El conocimiento compartido, la colaboración y la co­creación conforman la base de Ubik. Un proyecto flexible que quiere caminar de la mano de la sociedad.

Nieves González en su artículo “El movimiento “Maker” en bibliotecas” cita algunos ejemplos en el entorno de las bibliotecas universitarias, donde las tecnologías emergentes ocupan un lugar destacado en todos estos centros, y están acogiendo o creando sus propios makerspaces, como en el caso de la North Carolina State University Library, que dispone de un espacio para el aprendizaje de nuevas tecnologías pero sobre todo para “hacer vivir tus creaciones” en un taller dotado de varias impresoras 3D y laser cutters. DeLaMare Science and Engineering Library de la Biblioteca de la Universidad de Nevada-Reno, fué por ejemplo, la primera biblioteca universitaria que en julio de 2012, ofreció una impresora 3D a sus alumnos.

Otro de los caminos por los que debe transitar las bibliotecas de siglo XXI, es el abierto por las “startups”. En palabras de John Chrastka, citado por Santiago Villegas-Ceballos en su artículo “La biblioteca como recurso para el emprendimiento”: “Nunca ha sido tan fácil crear una empresa de tipo “startup”. Poderosas redes de banda ancha, computación en la nube y aplicaciones web y móviles han disminuido las dificultades para comenzar un negocio, además de generar los mecanismos necesarios para el crecimiento de las pequeñas empresas. Pero mientras estos recursos hacen más fácil poner en marcha un negocio, no eliminan el reto de crear un producto realmente ganador. Para hacerlo, las Startups necesitan acceso a la información correcta. Siendo yo mismo un fundador de Startups, tengo un secreto que contarles. Se trata de un recurso caprichosamente obvio que le ahorrará innumerables horas de trabajo y le proporcionará información crítica para su emprendimiento: su biblioteca local… Las bibliotecas de hoy son mucho más que estantes de libros. Ellas son los ejes facilitador de recursos en el centro de un sobreabundante mundo de información. En cada etapa de los negocios, desde la ideación hasta el escalamiento, pueden beneficiarse de los recursos de la biblioteca y la experiencia de un bibliotecario: el bibliotecario sabe cómo obtener la información correcta. Un profesional de la biblioteca puede ser una extensión invaluable de su propio personal, asegurando que tiene lo que necesita para tomar decisiones y desarrollar su producto.”

Nieves González en su artículo Piensa como una startup, cita un artículo de Brian Mathews (Virginia Tech), titulado “Think like a Startup: white paper to inspire library entrepreneurialism”, del que podemos extraer algunos tips para que las bibliotecas tomen algunas ideas que están funcionando en las startups:

  • Ser innovador
  • Pensar como startup y de forma distinta. Los startup son esas empresas que se dedican a crear algo nuevo en condiciones de extrema inseguridad. Como está ocurriendo ahora con las bibliotecas y su situación actual. No solo intentamos sobrevivir, también queremos transformar nuestra organización en un servicio viable para los estudiantes y profesores del siglo XXI.
  • Ayudar a sus usuarios a crear.
  • Aprender de los que triunfan
  • Construir, medir y aprender constantemente. Ir mejorando a base de fallos
  • Repetir y prototipar
  • Facilidad de uso, viable y que aporte valor.
  • Lanzar una buena idea siempre es mejor que no poner en marcha la mejor.
  • Ser telescopios que nos lleven a ver el futuro en vez de microscopios

En este sentido Dosdoce.com, allá por el año 2013 publicó  “Cómo colaborar con startups“ un estudio sobre cómo mejorar las relaciones entre las empresas que conforman el mundo del libro (editoriales, librerías, bibliotecas, etc.) y las famosas “startups” (empresas tecnológicas de reciente creación). Este estudio es un documento de debate y reflexión sobre cómo mejorar las relaciones entre las startups tecnológicas y las empresas del mundo del libro (editoriales, librerías, bibliotecas, etc.) con el fin de establecer conjuntamente áreas de colaboración estratégica.

En “Startup del libro”, Luis González y Nina Klein, consideran que el contexto de mutación de la lectura y de los comportamientos de los lectores, es una variable que introduce una gran incertidumbre tanto para los servicios públicos de lectura (las bibliotecas y las políticas de promoción del acceso a la cultura en general) como para las empresas que piensan en ofrecer productos y servicios a los lectores. Así pues las bibliotecas que quieren seguir siendo una oferta cultural viva y atractiva para los ciudadanos comparten con las startups de la nueva cadena del libro un escenario de incertidumbre. Para avanzar en este terreno se puede partir de un planteamiento muy conocido en el ámbito del marketing o de la empresa:

  1. ¿Saben los lectores que tienen una necesidad que nosotros queremos atender?
  2. Si somos capaces de ofrecer una solución ¿la comprarían?
  3. En el caso de que efectivamente haya un mercado ¿nos la comprarían a nosotros?
  4. ¿Somos capaces de desarrollar esa solución de un modo sostenible?

Lo apasionante de este momento es que la biblioteca se convierte en un ámbito ideal para el aprendizaje estratégico y operativo. Este aprendizaje ha de ser el fruto de la experimentación, porque ya se ha dicho que no nos sirve para nuestro propósito preguntar a los lectores sobre su comportamiento lector sino que debemos aprender sobre ese comportamiento trabajando con ellos. Nuestro trabajo consiste en observar y comprender el comportamiento de los lectores.

En definitiva, para González y Klein, la propuesta de alianza innovadora entre bibliotecas y startups supone una cierta recuperación de la idea de biblioteca y su razón de ser. La esencia de la idea en torno una reunión de lectores en una dinámica de aprendizaje colectivo, como sucedía en las bibliotecas de la Antigua Roma (como en la Villa de los Papiros en Herculano) o en los monasterios del Medioevo, es un elemento seminal de la institución bibliotecaria

Necesitar la información

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Es obvio, como comenta  Juan José Calva González, que las personas presentan necesidades de diferentes tipos: fisiológicas, primarias o básicas como son el hambre, la sed, el sueño, etcétera, así como necesidades de salud, de protección o seguridad, de empleo y de niveles más altos, donde se pueden encontrar las de información. Con nosotros o sin nosotros, está cambiando la naturaleza y la necesidad de información y se imponen los nuevos modos de crear, ofrecer y compartir información.

Y bien, ¿qué es una necesidad de información? En el Glosario ALFIN de la A a la Z, la definí como el “Estado que nos mueve buscar información para su posterior aplicación en cualquier ámbito. Es la base de la ALFIN, si no se es consciente de esa necesidad  no necesitaremos buscarla, ni analizarla, ni evaluarla y por tanto no podríamos hablar de ALFIN. Tan importante como resolver las necesidades informacionales de nuestros usuarios (darles la respuesta mascada, formación centrada en el qué), es el proceso de enseñarles a resolverlas de forma autónoma (formación centrada en el cómo, lo que realmente legitima a ALFIN)”. Y esto no es exclusivo del ámbito educativo, del mundo laboral o de las bibliotecas, se trata de trabajar en colaboración, porque como ya dije en alguna ocasión, “ALFIN es cosa de todos…“.

Hablamos de necesidad cuando hablamos de formación en competencias informacionales, ALFIN, alfabetización mediática e informacional (AMI), competencia digital y/o términos afines…sin olvidar que por debajo de toda la tecnología, que obviamente necesitamos saber manejar, lo que importa es la información que transporta esa tecnología, no olvidemos aquella máxima de la que ya hablé en su momento: “Es la información, estúpido“.

De momento, solo dos definiciones, la más repetida y aceptada es la inicialmente elaborada por la ALA que define ALFIN del siguiente modo: “Alfabetización en información es una capacidad de comprender y un conjunto de habilidades que capacitan a los individuos para reconocer cuándo se necesita información y poseer la capacidad de localizar, evaluar y utilizar eficazmente la información requerida” y la de la Declaración de Praga (2003): “La alfabetización informacional comprende el conocimiento y necesidades de los individuos y la habilidad para identificar, localizar, evaluar, organizar y crear, utilizar y comunicar información eficazmente para enfrentar aspectos o problemas; es un prerrequisito para participar eficazmente en la Sociedad de la Información y es parte de los derechos básicos de la humanidad para un aprendizaje de por vida”.

La Competencia para Manejar Información (CMI) se define como el conjunto de conocimientos, habilidades y actitudes que el estudiante debe poner en práctica para identificar lo que necesita saber en un momento dado, buscar efectivamente la información que esto requiere, determinar si esa información es pertinente para responder a sus necesidades y finalmente convertirla en conocimiento útil para solucionar problemas de información en contextos variados y reales de la vida cotidiana.

  • Estas competencias hacen referencia, específicamente, a que el estudiante esté en capacidad de:
  • Definir un Problema de Información, planteando una Pregunta Inicial, e identificar exactamente qué se necesita indagar para resolverlo.
  • Elaborar un Plan de Investigación que oriente la búsqueda, el análisis y la síntesis de la información pertinente para solucionar el Problema de Información.
  • Formular preguntas derivadas del Plan de Investigación (Preguntas Secundarias) que conduzcan a solucionar el Problema de Información.
  • Identificar y localizar fuentes de información adecuadas y confiables.
  • Encontrar, dentro de las fuentes elegidas, la información
  • Evaluar la calidad de la información obtenida para determinar si es la más adecuada para resolver su Problema de Información, en función de su necesidad.
  • Clasificar y Organizar la información para facilitar su análisis y síntesis.
  • Analizar la información de acuerdo con un Plan de Investigación y con las preguntas derivadas del mismo (Preguntas Secundarias).
  • Sintetizar, utilizar y comunicar la información de manera efectiva.

Se trata de solucionar problemas de NECESIDAD información mediante la obtención, evaluación crítica, selección, uso, generación y comunicación de información.

  • Comprender la importancia de manejar adecuadamente información, manejo que incluye cómo encontrarla, evaluarla críticamente (cuestionarla) y utilizarla.
  • Entender la importancia y la conveniencia de utilizar un Modelo que posibilite el desarrollo de la CMI y oriente, de manera lógica y coherente, procesos de solución de problemas de información en el aula.
  • Identificar un Problema de Información expresado mediante una Pregunta Inicial que oriente el rumbo de la investigación y que permita determinar lo que se necesita indagar para resolverla.
  • Identificar múltiples fuentes de información pertinentes para resolver las Preguntas Secundarias y la Pregunta Inicial.
  • Utilizar estrategias de búsqueda adecuadas para localizar y acceder las mejores fuentes que contengan la información más pertinente.
  • Evaluar críticamente los sitios Web localizados durante las investigaciones.
  • Analizar la información contenida en las fuentes que se seleccionaron como las más pertinentes para resolver las Preguntas Secundarias.
  • Valorar la importancia de respetar los derechos de autor en un proceso investigativo, conocer la forma adecuada de citar información producida por otras personas.
  • Sintetizar la información para resolver Problemas de Investigación.
  • Comunicar a otros el resultado de una investigación (producto) utilizando la herramienta informática más adecuada y respetando los derechos de autor

Y esta definición, cual círculo vicioso, nos lleva al inicio, a pensar en nuestros usuarios como el centro de nuestros procesos. En sus necesidades, de manera innovadora, aperturista, creativa, flexible, colaborativa y cooperativa, para aportarles la información que necesitan para ser ciudadanos activos y autónomos en la toma de sus decisiones con sentido, espíritu y pensamiento crítico…

Para ir terminando y resumiendo

Nada de lo expuesto en esta trilogía, va solo de información, ni de bibliotecas, ni de tecnología tampoco va de logos, ni de marcas, va de personas. Va de lo que quieren y necesitan esas personas. Y de dos cosas en concreto: ¿Qué necesitan? ¿Qué les estamos dando para resolver esas necesidades? Y conseguirlo no es misión imposible. Pasa ineludiblemente por pensar en el usuario de verdad y sin condiciones. Por dejar a un lado muchas cosas y por centrarnos en ser útiles.

En este sentido, como apuntan Clara Budnik y Gonzalo Oyarzun, los libros no importan, los bibliotecarios tampoco, ni el mobiliario, ni los ordenadores, ni la tecnología, ni la calidad del edificio, ni el presupuesto con el que se cuente. En una biblioteca de estas características realmente nada de esto importa en verdad. Si las bibliotecas centran su desarrollo en ello, pueden fracasar. Puesto así, lo que en realidad importa son las personas. Las formas y la estructura de esta biblioteca deben estar conectadas para que el ser humano sea lo principal. En ese sentido interesa y es requisito tener los mejores libros, los mejores bibliotecarios, el mejor mobiliario y el más bello edificio, pero en ese orden y no a la inversa. Las bibliotecas deber estar en relación a las necesidades de las personas, en cercanía con ellos, creando redes, experiencia, aprendizaje, reflexión y comunicación.

Las bibliotecas deben:

  • Estar preparadas para percibir y dar respuesta a las nuevas demandas de nuestros usuarios. Conocer mucho más a los usuarios, cuyas necesidades, como la misma sociedad, son permanentemente cambiantes.
  • Cambiar los procesos de gestión, la organización y su mentalidad.
  • Tener estructuras ágiles y polivalentes. Esto supone personal implicado en la organización y orientado al usuario (capacitar al personal, realizar rotaciones, grupos de tareas, plantear objetivos y compartir información específica).
  • Introducir profesionales con una formación más amplia que la que hasta ahora se exigía. No descuidar jamás la formación continua con la asistencia a cursos, seminarios,  gestión de servicios, atención a usuarios, etc.
  • Ampliar la red de colaboradores e integrar a otros profesionales (informáticos, creativos, asistentes sociales, expertos…
  • Ser glocales, pensando globalmente y actuando localmente.
  • Estar preparados para atender a un cliente cada vez más racional, al que podemos llegar por el  apartado emocional. Desarrollo vinculado a la cuestión emocional.
  • Empatizar. La empatía es la base para desarrollar todo el proceso creativo. Si no empatizas con tu cliente o usuario, jamás vas a poder idear y diseñar la solución que requieren. Una cosa es tener una idea de lo que tu crees que necesitan y otra cosa totalmente distinta es entender lo que ellos realmente necesitan.

¿Lo estamos? ¿Sabemos ya lo qué es una biblioteca?…

La ponencia completa, resumen de la trilogía: “Pensar, sentir, necesitar… las bibliotecas” que presenté en Diciembre, 2016, en el XIII COLOQUIO INTERNACIONAL DE TECNOLOGÍA APLICADA A LOS SERVICIOS DE INFORMACIÓN Y LA 6ª CONFERENCIA INTERNACIONAL DE BIBLIOTECA DIGITAL Y EDUCACIÓN A DISTANCIA, Universidad Católica Andrés Bello Centro, Caracas, Venezuela.

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Felicidad Campal

En mi vida me debato entre la ilusión y el atrevimiento. Licenciada en Documentación por la Universidad de Salamanca. Desde hace ya más de 15 años trabajo en la Biblioteca Pública del Estado de Salamanca. He compatibilizado su función de bibliotecaria con la de Profesora Asociada en la Facultad de Traducción y Documentación de la Universidad de Salamanca y actualmente coordino el Grupo de Trabajo de Alfabetización Informacional del Consejo de Cooperación Bibliotecaria.

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