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El testamento de Óscar Botxí

El testamento de Óscar BotxíAño 2057. En un pequeño pueblo, los vecinos votan aquellas propuestas que afectan a sus vidas utilizando una intranet local. Algunas de estas propuestas han sido presentadas por los mismos vecinos. Otras, por el alcalde – administrador. Pero no hay intermediarios. No hay políticos. Es la democracia directa.

Con este escenario comienza la obra de Pere Morera El testamento de Óscar Botxí (2011), editada por la plataforma InnovaLibros.

El libro pretende ser una introducción a aquello que representa la democracia directa.

Como nos dice Morera en el prólogo:

Este libro lo he intentado escribir de forma sencilla y amena, sin tecnicismos ni referencias para que pueda ser entendido por todo el mundo.

Pero ésta no es una introducción típica. En el libro, Morera nos conduce hasta ese futuro de democracia directa a partir de la historia ficticia de la amistad entre el narrador y el personaje clave de la obra, Óscar Botxí.

El narrador (del que desconocemos su nombre), desde su presente en el año 2057, rememora su amistad con Óscar Botxí, una amistad de infancia que se remonta a los inicios de la década de 1960. Ese salto en el tiempo nos retrotrae a la España franquista, un período de dificultades en el que tanto el narrador como Óscar descubrirán la vida y se abrirán al mundo.

Óscar, hijo de una familia humilde, se nos muestra desde el principio como un personaje valiente, independiente, que ansía y valora la libertad. Botxí acepta lo que, para él, es la contrapartida de la búsqueda de la libertad: una vida solitaria, alejada de aquello que podríamos llamar “el sistema” y de sus comodidades. Es esa valentía de Botxí la que provoca admiración y envidia, a partes iguales, tanto en nuestro narrador como en las pocas personas que entran en la vida de Óscar.

Es en las afueras del sistema donde, a pesar de la soledad, Botxí cree posible tomar el control sobre la propia vida, sobre el propio destino. Y es desde esas mismas afueras donde Botxí nos descubre la degeneración que el ideal de la Democracia ha sufrido en nuestros días: políticos corruptos, conflictos de intereses, manipulación mediática…

Quizá sea la conciencia de la pérdida de libertad y de autonomía de los ciudadanos lo que lleva a Botxí a defender que no vivimos en una verdadera democracia, y que es necesario otro modelo de participación política para nuestras sociedades: la democracia directa, en la que los ciudadanos ya no necesitan a los políticos, puesto que gracias a las nuevas tecnologías y a las redes sociales pueden realizar el voto directo, decidiendo por sí mismos en aquellas cuestiones que afectan a sus vidas.

Botxí crea así el partido Democracia Directa Activa, con la esperanza de difundir su mensaje en la sociedad. En ese futuro año 2057 en el que comienza la narración, la democracia directa será un hecho. Pero lo será gracias al narrador, que luchará por mantener vivo el sueño de Botxí de una verdadera democracia tras su trágico final.

El libro es una mezcla de narrativa (la historia de la amistad entre el narrador y Botxí) y de ensayo (una presentación del concepto “democracia directa”). Y es por esto por lo que el mayor defecto de la obra es su reducida extensión: en tan sólo 103 páginas es difícil ofrecer un retrato con cierta profundidad de los personajes que enganche al lector, así como tratar el tema de la democracia directa sin caer en un monólogo que sólo tenga en cuenta un punto de vista. De esta manera, la obra está llena de tópicos, tanto en lo referente a los personajes como a la cuestión de la democracia directa.

Por ejemplo, Morera sólo nos ofrece pinceladas del momento histórico en que se forma la personalidad de los personajes, y en su mayoría en forma de comentarios un tanto manidos, como los referentes a la educación (“La educación, al contrario que en épocas posteriores, se caracterizaba por una rigidez y una disciplina casi militares, pero nosotros ni las notábamos”, p. 20), a las relaciones sociales (“el compañerismo era excelente […] Compartíamos y competíamos sobre todo en los deportes” p. 20) y a la situación económica (“Era un tiempo de estreches económicas pero no lo digo como un impedimento sino como una bendición ya que, al no tener recursos, era una obligación espabilarse” p. 21).

La caracterización de los personajes principales no sale mejor parada. Por un lado, tenemos a Botxí, presentado como un alma libre, independiente y sin miedo; por el otro, tenemos al narrador, que sólo se nos dibuja como por oposición a lo que Óscar representa: un conformista que vive la vida que se espera de una persona de la clase media.

Esta polarización de caracteres tiene una función: el narrador representa el conformismo de la ciudadanía en el actual sistema económico-político, mientras que Botxí simboliza las virtudes que, según el autor, podría ofrecernos la democracia directa: un sistema en el que los ciudadanos han perdido el miedo ha decidir en libertad sobre su futuro. En este sentido, especialmente interesante es el capítulo 4, donde Botxí explica al narrador un sueño en el que se veía a sí mismo como un águila solitaria sobre una colina, viendo pasar a un rebaño de ovejas, entre las que se encuentra al propio narrador: una historia que recuerda a la figura del superhombre de Nietzsche.

La concreción de la obra, y la narración en primera persona, también hace que nos perdamos la evolución del pensamiento político del personaje de Botxí: únicamente somos informados por el narrador de que

Óscar decía cosas muy raras. Para mí sin mucho sentido, o demasiado filosóficas, que no quería o no podía entender (p. 30)

Así pues, de repente, la postura política de Botxí se destapa en el capítulo 6, cuando “sin venir a cuento” Botxí pregunta al narrador: “¿[…] crees que estamos en democracia?” (p. 53). Tanto este capítulo como el siguiente representan la parte que podríamos denominar “de ensayo” del libro.

El modelo de la democracia directa es un tema complejo, y no puedo entrar aquí a discutir todos sus detalles e implicaciones. Así que sólo mencionaré alguna de las ideas que Morera pone en boca de Botxí.

Dejemos de lado la controvertida afirmación de que “no vivimos en democracia”. Morera sostiene que, gracias a las nuevas tecnologías y a las redes sociales, la democracia directa podría implantarse ya en nuestra sociedad. Podemos decir que Morera no defiende una concepción deliberativa de la democracia, sino procedimental: es decir, la discusión pública sobre las cuestiones que afectan a los ciudadanos pasa a un segundo plano, lo importante es la posibilidad de votar sin intermediarios:

[…] aquí se trata de votar, no de discutir. Lo que no quita que a través de las redes sociales se pueda sugerir, aporta ideas a la comunidad… pero siempre tendrán que ser refrendadas por la mayoría de ciudadanos. […] en el supuesto de que no tenga el suficiente conocimiento o no sepa qué votar, simplemente no lo hará. Dentro de la Democracia hay miles de personas preparadas que votarán porque tienen condiciones para hacerlo y la suma de todos ellos es lo que se ejecutará […] en Democracia, nadie vota contra nadie, sino en beneficio propio y por extensión en el de toda la comunidad (p. 66-67)

Y eso según un principio que expresa Morera por boca de Botxí: “todos somos políticos por naturaleza”. Esa presunta naturaleza política implica que

En Democracia se vota por pura lógica, y por egoísmo también, que no es malo, ya que nadie vota contra sí mismo y la suma de todos será lo mejor para la comunidad (p. 75)

Como escribió Robert A. Dahl a principios de la década de 1990, la tecnología es el menor de los problemas para la implantación de una democracia directa: la verdadera cuestión es que los ciudadanos posean el conocimiento suficiente para juzgar determinadas cuestiones (Dahl; 1992). No estoy diciendo que la ciudadanía, en su conjunto, sea ignorante, y no pueda decidir cabalmente sobre los temas que afectan a sus vidas. Pero como profesionales de la información, sabemos que en nuestras sociedades la información que se produce supera en mucho nuestra capacidad de asimilarla, y de hacernos una imagen lo suficientemente justificada sobre el mundo cada vez más complejo en que vivimos.

Más que gestionar el conocimiento, por tanto, hemos de gestionar la ignorancia (Mayos, Brei; 2011): tomar decisiones con aquella información que tenemos, y esperar que esa información esté suficientemente justificada. Morera resta valor a la discusión pública en una posible democracia directa, y creo que eso es un gran error. La discusión abierta es una forma excelente de gestionar la ignorancia, y seguramente la única manera que tenemos de llegar a decisiones racionales. Si los ciudadanos en una supuesta democracia directa se abstuvieran de votar aquellos temas sobre los que no tienen conocimiento, estarían sometidos al conocimiento de expertos, pero entonces: ¿cómo se controlaría la influencia de esos expertos?

Según Morera, la solución es fácil, y se resume en la fórmula: “nadie vota contra sí mismo y la suma de todos será lo mejor para la comunidad”. Me parece que ésta es un afirmación muy parecida a aquella de Adam Smith sobre la “mano invisible” que mueve los mercados: la libre persecución del interés de cada uno, acabará beneficiando a todos. No hay más que ojear las noticias sobre la crisis económica para comprobar la falacia que comete Smith, y que me temo que es la misma que comete Morera: efectivamente, somos políticos por naturaleza, y lo somos tanto que hay suficiente evidencia como para afirmar que nuestras inclinaciones políticas están fuertemente influenciadas por nuestros genes y por la irracionalidad, y no por la búsqueda del bien común.

Bibliografía

  • Dahl, Robert A. La democracia y sus críticos. Barcelona : Paidós, 1992.
  • Mayos, Gonçal; Brey, Antoni (eds.). La sociedad de la ignorancia. Barcelona : Península, 2011.

Hablando con el autor

Agradecemos la atención que nos ha prestado el autor, Pere Morera, para responder a estas breves preguntas. También agradecemos a Javier Campelo, editor de InnovaLibros, su ayuda para contactar con el autor.

Tu libro es una introducción diferente al tema de la democracia directa: ¿a qué público dirías que se dirige?

No creo que sea un tema diferente a la democracia directa, es más, lo que se propone es sustituir el parlamentarismo actual y aplicar la DEMOCRACIA sin intermediarios gracias a las nuevas tecnologias, puesto que ya es posible. Actualmente estamos en una Monarquia Parlamentaria, no hay ningúna referencia a la democracia en a la Constitución. Evidentemente se dirige a todo el mundo.

La historia de amistad entre el narrador y Botxí, ¿es totalmente ficticia o hay algún elemento autobiográfico?

Todo lo referente a Botxì es autobiografico de mi persona. El narrador está formado por muchos amigos y conocidos que preguntan a Botxì.

Parece que concedes más importancia al procedimiento mismo de voto directo, que a la deliberación pública de los temas que podrían votar los ciudadanos: ¿qué opinas entonces de los modelos de democracia deliberativa?

Creo sinceramente que una vez implantada la Democracia, las deliberaciones , debates serán nuchos menos, puesto que al final te encontrarás detrás de una terminal para emitir en intimidad tu voto. La deliberacion es necesaria actualmente para que optes por alguna de las propuestas (que nunca se cumplen) de los partidos oligarquicos actuales. Aunque el libro ya me lo han criticado como infantil, es eso precisamente lo que pretendia para ser entendido por todos, dejando los debates sesudos que no llevan históricamente a ninguna parte, coma ya ha demostrado. En Democracia es evidente que se puede deliberar y discutir , pero no convencer ya que serás tú el ultimo en votar con lógica los temas propuestos tanto por el alcalde como las propuestas de los ciudadanos. ¿Dónde está la deliberación?

¿Cómo has vivido el surgimiento del movimiento 15-M?

Lo he vivido con gran alegria, pero el derecho a pataleta siempre a existido, por lo que el movimiento 15-M necesita de una clara alternativa. Implantar la democracia sin intermediarios creo que es una buena alternativa. Puesto que como he comentado antes, nos podemos pasar años deliberando sin llegar a una acción. Yo hace años (1991) ya legalicé una alternativa que podéis visitar en www.democraciadirectactiva.org

BiblogTecarios es una plataforma dedicada al mundo de las bibliotecas y los centros de información: ¿cuál crees que podría ser el papel de las bibliotecas en el fomento de otros modelos de democracia diferentes al actual?

Muy fácil, primero concienciándose de que no estamos en Democracia, puesto que ésta se define por la mayoria de votos DIRECTOS sin intermediarios. Curiosamente la Constitución dice que se puede votar a través de intermediarios o de forma directa, y no creo que los políticos que la hicieron, pensaran en que actualmente es totalmente factible votar directamente. Visionarios no creo que fueran.

Referencia bibliográfica

Morera, Pere. El testamento de Óscar Botxí. Madrid : InnovaLibros, 2011. ISBN 978-84-939019-4-3

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