¿Biblioteco...qué?: una mirada sobre la Bibliotecología en Argentina

¿Biblioteco…qué?: una mirada sobre la Bibliotecología en Argentina

Arte de la bibliotecaEn mi primer post dentro de BiblogTecarios voy a realizar algunas breves observaciones y consideraciones personales acerca de la percepción que existe, sobre la carrera de bibliotecología en mi país, desde mi posición de estudiante avanzado de la misma.

A primera vista, sin necesidad de profundizar demasiado, se puede inferir que en general se observa, por parte de las personas, bastante desconocimiento y poca valorización acerca de la profesión del bibliotecario y sus estudios en la Argentina.

A pesar de contar con una tradición de profesionales reconocidos en el ámbito de la Bibliotecología (Washington de la Peña, Carlos Víctor Penna, Josefa Emilia Sabor, Domingo Buonocore, José Edmundo Clemente y Susana Meden, solo para nombrar algunos, entre tantos otros); y de poseer diversas opciones en diferentes grados de formación académica en la actualidad, habitualmente a la mención de la carrera que estoy estudiando me encuentro con re-preguntas y/o respuestas del siguiente estilo:

  • ¿Biblioteco…qué?
  • Ah, mira vos, no sabía que se estudiaba para eso.
  • ¿Para acomodar libros hay que estudiar?
  • Será algún cursito, alguna carrera bien corta.
  • ¿Y con sistemas e informática que tiene que ver?
  • ¿Bibliotecas? ¿libros?, ¿no es algo antiguo ya?

Ahí es cuando suspiro y de acuerdo al interlocutor optó por mencionar, (aunque más no sea brevemente) a la selección y adquisición del material, su preservación, conservación y/o restauración, el expurgo o la selección negativa. Aprovecho para referirme a los procesos técnicos de catalogación, clasificación e indización y para comentar sobre la diversidad de fuentes de información, su conocimiento y la ardua tarea de los referencistas en la actualidad. No me olvido de la elaboración, gestión y mantenimiento de los catálogos, de los metadatos, de la web semántica, de los sistemas de gestión integral de bibliotecas, de la atención y formación de usuarios o de las diversas actividades de extensión bibliotecaria y otros servicios; ya sea los tradicionales adaptados “virtuales” o otros más novedosos; nombro al pasar a la biblioteconomía y la bibliometría entre muchas otras cosas.

En otras ocasiones, para exponer aún con más fuerza mis argumentos, me despacho con una lista abrumadora de siglas y nombres propios, y disparo sin miramientos: WinISIS, Marc21, HTML, Greenstone, AACR2, ABCD, Koha, CEPAL, Open Book, CDU, Dublin Core, PDF, Z39.50, LCC, RDA, FOCAD, CDD, FRBR, XML, Gnuteca, MODS, METS, Open URL, CrossRef, Aguapey, DOI, OpenBiblio, OSDLS, WebLis, DSpace… Otras veces, optó por la versión resumida de las cinco palabras: “Si, se estudia y mucho” A nivel institucional en Argentina, más allá de la presencia de la “Asociación de bibliotecarios graduados de la República Argentina” y de un naciente proyecto de sindicalización bastante esperanzador (un sindicato de bibliotecarios, hecho por bibliotecarios) que en su blog expresa “Grupo de Bibliotecarios trabajando en la conformación de una organización que defienda los derechos laborales de los trabajadores de de la información. Ya que más allá del cargo que se ocupe, el tipo de biblioteca donde se trabaje o el nivel académico al que se pudo acceder, como trabajadores compartimos- en mayor o menor medida- las mismas injusticias y carencias”; es evidente que no existen demasiadas organismos, ni legislación acorde que se encargue en forma específica y efectiva de la profesión.
Si bien existe un proyecto de Ley para sancionar el “Estatuto del Profesional en Bibliotecología y Documentación” y un “Anteproyecto del Código de Ética del Profesional Bibliotecario”, a estas alturas, en pleno siglo XXI, siendo la información un elemento clave en el desarrollo de las organizaciones, un recurso a nivel mundial para diferenciarse y permitir el desarrollo del conocimiento, entiendo como una deuda pendiente esta situación.

La desprotección, desvalorización de los profesionales de la información y la falta de legislación pertinente que se aplique de forma efectiva, se pone de manifiesto en muchas bibliotecas; inclusive en algunas públicas y/o populares, que administra o subvenciona el Estado con sus fondos, donde los profesionales bibliotecarios son escasos o brillan por su ausencia. Entiendo que esto es algo que debería tratar de mejorarse; y que solo los propios bibliotecarios podemos lograr a través de la unión y la lucha por nuestros derechos e intereses.

A su vez, existen casos en los cuales algunos estudiantes siguen la carrera porque les parece sencilla, sin demasiadas exigencias o porque les gusta la literatura y no se animan a las carreras de letras; o algunos docentes de nivel inicial que optan por cursarla simplemente por el puntaje que les otorga y/o para escapar de las aulas a lo que muchos consideran el lugar tranquilo y relajado de la biblioteca escolar, evidenciando falta de verdadera vocación y desconocimiento sobre la misma.

Más allá de la situaciones mencionadas, creo entender que en la actualidad se nos presenta una oportunidad única; con el auge, valor e importancia que cobraron las diversas tareas y actividades de los bibliotecarios y profesionales de la información, con muchas posibilidades de especificación y/o diversificación, en esta maraña de información que nos agobia, para reposicionarnos y revalorizar nuestras carreras dentro de la sociedad.

A su vez, creo que es hora de aprovechar las ventajas que brindan las nuevas tecnologías de difusión de la información y de la facilidad de las comunicaciones para que, de forma mancomunada, se pueda revertir esta situación; y así de una buena vez por todas, situar a los bibliotecarios y a la profesión en un status apropiado para sus responsabilidades y exigencias.

A pesar de lo restrictivo del prefijo “biblio”, tradicionalmente los bibliotecarios se vieron obligados a tratar con otros diferentes tipos de documentos (revistas, mapas, atlas, partituras; y más acá cintas de audio y video, etc. hasta los actuales documentos digitales). En la actualidad, se presenta el desafío de romper con la consideración popular de la asociación habitual y exclusiva del “libro” como el objeto de nuestro estudio.

Además, hay que tratar de entender, que más allá de los lugares habituales de trabajo podemos ser creativos en ese aspecto también. De esta forma, cualquier tipo de empresa relacionada con la información y las comunicaciones, multimedios, estudios jurídicos, diversas bibliotecas especializadas y/o en ámbitos novedosos (cruceros, centros recreativos, red de transportes, centros turísticos, etc.) entre otros, podrían ser ámbitos laborales a considerar.
Dentro de las crecientes exigencias que impone la actualidad, se puede mencionar la incorporación de servicios virtuales en las bibliotecas para atraer usuarios, la participación de los bibliotecarios en redes sociales o en blogs (como BiblogTecarios); lo cual son un buen ejemplo de generación de contenidos interesantes, con opinión y la oportunidad de adoptar una actitud activa, que otorgue un valor adicional a nuestras actividades.

La remuneración es otro tema delicado y crucial, en el cual, al no existir legislación específica ni todavía un sindicato reconocido y organizado con presencia y representación a nivel nacional; se posibilitan grandes disparidades y situaciones complicadas.

Para finalizar me gustaría conocer sus opiniones respecto a como creen que la profesión de bibliotecarios, documentalistas y otros profesionales de las ciencias de la información son percibidas en sus respectivos países. ¿Son reconocidas y valorizadas? ¿Están correctamente remuneradas? ¿Hay un ambiente profesional y académico acorde? ¿Existe legislación y organizaciones pertinentes? ¿En caso de existir, acompañan de forma adecuada?
Quizás sean demasiados interrogantes para sintetizar en un comentario, pero creo que tener una opinión, aunque más no sea sobre algunos aspectos de los propios protagonistas, siempre suma y aporta para tener una visión más clara. De esta forma, se puede empezar a esbozar un estado de situación actual de nuestras diversas realidades, efectuar comparaciones; y porque no, extraer buenos ejemplos a seguir.

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Diego Ariel Vega

Lic. en Sistemas de Información de las Organizaciones y Técnico Superior en Bibliotecología. Lector voraz y aficionado al cine, la literatura, el teatro, la fotografía, la música en sus más diversas expresiones y todas las manifestaciones del arte en general. Primer dan (cinturón negro) de aikido (el arte de la paz), ecologista de corazón, runner, amante de los viajes, la vida al aire libre, camping, trekking y montañismo, kayak y mountain bike...entre otras cosas

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