Bibliotecas hasta en la sopa

Bibliotecas hasta en la sopa

Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca.
Jorge Luis Borges

SopaLa palabra “biblioteca” (del lat. bibliothēca, y este del gr. βιβλιοθήκη), según la primera acepción (y la que nos interesa para el caso) de la Real Academia Española significa: “1. f. Institución cuya finalidad consiste en la adquisición, conservación, estudio y exposición de libros y documentos.”  La enciclopedia cooperativa Wikipedia, agrega: “La biblioteca (del griego βιβλιοθήκη biblion = libro y thekes = caja), puede traducirse desde un punto de vista estrictamente etimológico como el lugar donde se guardan los libros. En la actualidad esta concepción se ha visto hace tiempo superada para pasar a referirse tanto a las colecciones bibliográficas como a las instituciones que las crean y las ponen en servicio para satisfacer las demandas de los usuarios.”

Existen además una gran variedad de normas (ISO 2789-1991, UNE-EN ISO 2789, etc.) con sus propias definiciones establecidas por diferentes organismos (IFLA, ALA, UNESCO, etc.) y también otras desarrolladas por diversos autores. Asimismo, se pueden observar discrepancias a la hora de establecer tipologías o clasificaciones.

Sin embargo, a grandes rasgos, la mayoría de las personas tenemos una idea formada o un concepto sobre el cual nos remitimos y asociamos cuando escuchamos la palabra “biblioteca”. En general, la primera imagen que se nos viene a la mente, son las bibliotecas públicas de diferentes niveles (ya sea nacionales, regionales y comunales o barriales, denominadas en algunos países como “populares”). Entonces pensamos en algún edificio bastante serio y tradicional o, en algunos casos más moderno y original como en los siguientes ejemplos:

En otras ocasiones, la asociación inmediata estará dada por las instituciones a las cuales pertenecen las bibliotecas; ya sea a nivel académico, en todos los niveles (bibliotecas infantiles, escolares, universitarias, etc.) o técnico/científico (de institutos de investigación, laboratorios, museos, etc.) o de índoles tan diversas como las pertenecientes a organismos estatales, clubes, embajadas, asociaciones, cuarteles, etc. Antes de continuar, vale la pena aclarar que existen diferencias entre las bibliotecas, los archivos y los centros de documentación,  que en esta oportunidad no vamos a desarrollar.

Algunas personas, quizás influenciados por la literatura o el cine recordarán las inmensas bibliotecas relacionadas a instituciones religiosas resabios de la época medieval, en abadías, monasterios, iglesias y conventos (obvia e ineludible referencia a “El nombre de la rosa”), las bibliotecas privadas de bibliófilos u otras misteriosas y secretas pertenecientes a logias y sectas reservadas para el uso exclusivo de sus miembros.

Otros seguramente conocerán algunos tipos de bibliotecas especiales como las penitenciarias (o carcelarias) y las hospitalarias o de centros sanitarios. Otra aclaración: no confundir bibliotecas “especiales” con “especializadas” en alguna temática en particular; es decir aquellas que se centran en un tema o motivo particular.

En otro orden, de bibliotecas un poco más inquietas, nos encontramos con las bibliotecas ambulantes, y ahí están desde las más humildes como el biblioburro o las bibliobicicletas hasta por supuesto, los motorizados bibliomóviles (en sus diferentes versiones ya sea en autos, camionetas, micros o camiones).

Siguiendo con los medios de transporte nos sumergimos bajo tierra en el metro (o el subterranéo según la denominación del país) y así, en la ciudad de Madrid nos topamos con el bibliometro. O podemos optar embarcarnos para hallar, más allá de alguna pequeña biblioteca en embarcaciones para el uso recreativo o de su personal, con una lujosa biblioteca con acceso a Internet y hasta la posibilidad de cursar carreras universitarias con convenios con universidades, como la del crucero Queen Mary II.

Quizás por cuestiones de límites de espacio, no sean tan frecuentes, al menos en vuelos y en traslados de pasajeros y comerciales, la existencia de bibliotecas en trenes y aviones. Pero una interesante alternativa se nos presenta en algunos casos cuando los mismos se vuelven obsoletos; y antes de terminar desarmados, son transformados en una original biblioteca avión o en una biblioteca tren.

Suele ser habitual que a muchas de las personas que disfrutan de la vida al aire libre también les guste leer. La lectura en un entorno natural, a orillas de un río, lago o el mar, en alguna pradera o bosque con sierras o montañas de fondo es una experiencia maravillosa, donde toma otra dimensión. Así, es como habitualmente hallamos pequeñas bibliotecas en campings o en los refugios de montaña. Quizás en esta estrecha relación entre libros y naturaleza, haya encontrado inspiración el artista español Miguel Ángel Blanco para crear una biblioteca, que en realidad es un proyecto artístico en sí mismo; su “Biblioteca del Bosque”. Con mayor diversidad floro-faunística nos mudamos a la selva, y ahí descubrimos en la localidad de Yarikajé a la biblioteca Churuata en plena amazonia venezolana

Y si existen bibliotecas en bosques y montañas, ¿por qué no también una biblioteca en la playa? Para ese caso, nos trasladamos a Piedras Coloradas, “Las Grutas” en la provincia de Río Negro, Argentina. Ahí, a partir de la iniciativa de la bibliotecaria Alejandra Hernández, se levanta armada con “barro y ganas” una biblioteca. Con mucha más arena, viento y enormes dunas, nos encontramos en pleno desierto, con una biblioteca fundada en el siglo XI, ahora perteneciente a Instituto Ahmed Baba de Tombuctú en Malí y con las 5 bibliotecas en el casco antiguo de Chinguetti (Mauritania) llenas de antiguos manuscritos.

En el otro extremo, tenemos que abrigarnos muy bien para soportar las bajas temperaturas que acompañan a la biblioteca Dr. José María Sobral de la Escuela Nº: 38 Julio A. Roca ubicada en Base Esperanza, en la Antártida Argentina, y a la “biblioteca en el hielo” (Bibliothek in Eis) que forma parte de la estación de investigación Neumayer del “Instituto Alfred Wegener” realizada por el artista alemán Lutz Fritsch.

Para no dejar de lado la tecnología que nos brinda tantas posibilidades, vamos a introducirnos en el mundo de las bibliotecas virtuales. Pero en este caso, no me refiero a las conocidas bibliotecas “virtuales, digitales o electrónicas” que – afortunadamente – siguen creciendo en la web; si no las bibliotecas de “realidad virtual”. Para definirlas, utilizo las palabras del colega biblogtecario, el Lic. Sául Martínez Equihua, que en su excelente libro “Biblioteca digital: concepto, recursos y estándares” nos explica: “En lo que se relaciona a la biblioteca de realidad virtual, su conceptualización se relaciona con su virtualidad considerada como simulación. Las fronteras entre biblioteca virtual y biblioteca de realidad virtual están bien delimitadas; esta última se sustenta en la tecnología de realidad virtual, cuyo propósito es precisamente la simulación de percepciones a las que se tienen en la realidad” Es decir, como bien se señala en la obra, en estas bibliotecas se pretende realizar la simulación del edificio mismo de la biblioteca. Un ejemplo para este caso,  podrían ser las “bibliotecas” que existen en el videojuego de simulación y estrategia “Los Sims” o el siguiente excelente corto animado donde se convierte en protagonista principa de la historial:

Hablando de bibliotecas particulares, no podemos dejar de nombrar a la Biblioteca Brautigan, ubicada en Burlington, Vermon; que se encargaba de recopilar exclusivamente material no editado. En honor al escritor Richard Brautigan e inspirada en la biblioteca de ficción que se detalla en su obra “El aborto: un romance real de 1966”. Otro homenaje, en el mundo digital, es la “Library of unwritten books”, una verdadera colección de libros posibles.

Para ir finalizando esta recorrida sobre bibliotecas, algunas un poco insólitas, y aprovechando para consultar sobre otras que conozcan; presentamos esta original iniciativa de tinte – si nos permiten utilizar el término – “bradburyano” (en alusión al gran escritor que alguna vez nos llamó a la reflexión con su frase: “Sin bibliotecas, ¿qué nos quedaría? No tendríamos pasado ni futuro”). En este caso, nos sorprendemos con la existencia de verdaderos “hombres-libro

Nos despedimos de este paseo algo alocado, reiterando la recomendación de una interesante lectura que ya fuera mencionada en comentarios de algún artículo anterior: “La biblioteca de noche” de Alberto Manguel; coincidiendo en la visión como se señala en su contraportada de la edición de Bogotá: Norma, 2006, respecto a considerar a las bibliotecas “…no sólo para verlas como lugares tangibles donde se almacenan libros y documentos, sino como espacios simbólicos donde se conservan la memoria y los sueños de la humanidad”.

Referencias

  •  Martínez Equiua, Saúl. Biblioteca digital: concepto, recursos y estándares. Buenos Aires: Alfagrama, 2007.
  •  Manguel, Alberto. La biblioteca de noche. Bogotá: Norma, 2006
  •  http://www.rae.es
  •  http://www.wikipedia.org
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Diego Ariel Vega

Lic. en Sistemas de Información de las Organizaciones y Técnico Superior en Bibliotecología. Lector voraz y aficionado al cine, la literatura, el teatro, la fotografía, la música en sus más diversas expresiones y todas las manifestaciones del arte en general. Primer dan (cinturón negro) de aikido (el arte de la paz), ecologista de corazón, runner, amante de los viajes, la vida al aire libre, camping, trekking y montañismo, kayak y mountain bike...entre otras cosas

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