
Usuarios no usuarios
Estos días se nos llenan las bibliotecas de usuarios que apenas utilizan los principales servicios que ofrecemos. Son usuarios que acuden en los periodos de exámenes, ocupando las sillas y mesas durante esas cuatro o cinco semanas, para luego desaperecer en su mayoría hasta el próximo periodo de exámenes.
Los bibliotecarios nos enfurruñamos frecuentemente diciéndonos que éstos no son auténticos usuarios de las bibliotecas; que se trata de usuarios esporádicos que apenas utilizan la biblioteca un 10 ó un 15% de su tiempo de apertura anual, pero que como arman mucho ruido se convierten en los “niños mimados” de los políticos y entonces hay que hacerles mucho caso.

Nos molestan muchas veces por sus extremas exigencias (queremos más calefacción, más servicio de cafetería, más sitios libres, más horario de apertura...) en comparación con los usuarios “normales”. Nos decimos unos a otros que estos chicos y chicas vienen a la biblioteca “sólo a ligar”, que ocupan con sus cosas un lugar en una mesa y se largan a tomar café, que no emplean la biblioteca “correctamente”.
Seguro que, sumergidos en nuestro trabajo diario, alguna vez hemos caído en este discurso fácil.
Sin embargo, ofrecer este espacio y horario extraordinario también es uno de los servicios de la biblioteca.
Habitualmente pensamos que nuestros servicios bibliotecarios son el préstamo, la información y referencia bibliográfica, el acceso a Internet... pero a veces se nos olvida que el mero acceso al edificio también es un servicio que ofrecemos al ciudadano. Se trata de facilitar un lugar tranquilo, reposado, con buena iluminación y climatización, con suficiente espacio para trabajar y estudiar. Para mi, y para muchísmias bibliotecas, esto es parte de nuestros servicios básicos a los ciudadanos, por lo que no debemos desdeñar a estos usuarios.
Como en otras ocasiones, no se trata tanto de buscar una respuesta, como de reformular la pregunta. Es decir, en lugar de poner parches ante la avalancha de estudiantes, vamos a planificar los servicios que ofrecemos, incluyendo los esperados picos de afluencia de usuarios a las salas de lectura. Para ello, habría que incrementar los recursos que ponemos a su disposición: más personal para atenderlos y más espacio para que lo utilicen. Personal externo con el que contar puntualmente y que reúna los suficientes conocimientos para mantener la calidad del servicio (¿los propios estudiantes de biblioteconomía?). Y espacios extra, aún fuera de la propia biblioteca, pero que también reúnan las condiciones suficientes para que nuestros usuarios puedan sentir cubiertas sus necesidades (¿colegios, institutos o centros culturales que cierran sus puestas a media tarde?).
Ante la falta de recursos, la alternativa es no ofrecer esos servicios. Pero se hace muy difícil negar un servicio básico de las bibliotecas como es el acceso al recinto bibliotecario.
La gestión de la biblioteca debería anticiparse a esos “servicios extra” que llegan sólo de vez en cuando, preparando los “recursos extra” para responder esas necesidades de nuestros usuarios. Más nos vale aceptar esta situación, porque, nos guste o no, cualquier ciudadano que utilice cualquier servicio de nuestra biblioteca, es uno de nuestros usuarios.












Comentarios
23 Julio 2010
6 semanas 2 días
Efectivamente, como bien dices David, se debe aprovechar la afluencia de usuarios "no usuarios" para promocionar los servicios que ofrece la biblioteca. Eso de enfurruñarse y ya está no me sirve, debemos sacarle punta al lapiz siempre, y mirar las ventajas que estos usuarios potenciales nos ofrecen. Un saludo.
De hecho es que una de las principales bazas que deberíamos jugar los bibliotecarios es la gestión del espacio público. Defender y potenciar el aspecto acogedor de las bibliotecas, la integración de personas diferentes conviviendo en un mismo espacio, la cercanía física entre libros, lectores y bibliotecarios...
Cuenta Steven Johnson en "Las buenas ideas: una historia natural de la innovación" cómo la estrecha convivencia de los seres vivos en espacios organizados permite y potencia su desarrollo -desde los atolones de coral en el Pacífico a las afluencias de ideas creativas en los entornos de trabajo compartido de las modernas ciudades- lo que indudablemente incluye las bibliotecas siempre que no las convirtamos en Templos del Silencio.
"debemos crear espacios físicos donde se fomente el diálogo de forma distendida. A ser posible, con una taza de café en la mano. Curiosamente, el café está en el origen de estos espacios destinados a la interacción social y el intercambio de ideas.
http://unpasomas.fundacion.telefonica.com/debateyconocimiento"./2011/05/31/steven-johnson-la-historia-natural-de-la-innovacion-y-las-%E2%80%9Ccoffee-houses%E2%80%9D/
Las bibliotecas son espacios de comunicación y socialización: tengamos espacios de silencio pero por favor tengamos espacios de diálogo. Mejor, con un café.
Podría servir para "fidelizar" a esos usuarios-no usuarios" en mi cafetera opinión.
Estoy de acuerdo con la idea de considerar a los estudiantes usuarios y me ha gustado mucho lo de intentar fidelizarles. Desgraciadamente las bibliotecas públicas no son solo para ellos y es algo que no tienen en cuenta estos "niños mimados". En nuestro caso, en enero, mayo y junio los estudiantes intentan colonizar toda la biblioteca, todos los espacios, e intentan imponer sus condiciones de silencio (chistan cuando hablas con un usuario, resoplan cuando imprimes,se quejan porque no pueden ocupar toda la zona infantil, te miran mal cuando utilizas la fotocopiadora...) Así que en épocas perennes de crisis (la de esta biblioteca debe datar de 1980 mas o menos) en la que no podemos utilizar recursos extras para estos estudiantes les delimito las zonas en las que se les puede garantizar ese silencio y les informo de los horarios de apertura de la bibliotecas universitarias.
9 Septiembre 2010
11 semanas 5 días
Gracias por vuestros comentarios Fuensanta, ehonorio, Patricia.
Estoy de acuerdo con lo que decís. Por supuesto que ésta es una buena ocasión para atraer nuevos usuarios y rebajar la edad media de las salas de adultos.
Y, estando de acuerdo en lo de incluir el café "dentro" de la biblioteca, me temo que habría que remover primero más de dos y tres grandes muros conceptuales. No se trata de meter el café, sino de repensar la biblioteca como centro de ocio y conocimiento social en lugar de como templo mítico del saber.
(Por ejemplo, ahora que no me oye nadie... ¿tan dramático es que se manche de café un libro o haya que expurgarlo por deterioro, si a cambio estamos consiguiendo que un montón de ciudadanos MÁS se acerquen a la lectura, al diálogo y al descubrimiento de nuevos conocimientos? Las bibliotecas públicas no solemos tener incunables ni ediciones príncipe )
[...] jQuery("#errors*").hide(); window.location= data.themeInternalUrl; } }); } www.biblogtecarios.es - Today, 12:05 [...]
[...] jQuery("#errors*").hide(); window.location= data.themeInternalUrl; } }); } www.biblogtecarios.es - Today, 9:40 [...]
11 Abril 2011
10 semanas 5 días
Estoy de acuerdo en que estos usuarios son otro tipo de usuario como otro cualquiera, y habría que considerarlo como tal. Irremediablemente, hay gente que cree que la función esencial de una biblioteca es algo más que ser u ofrecer una sala de estudio, un recinto en el que el que el estudio se hace de forma "colectiva" e importa poco la concentración y se colapsan los recintos para aquella gente que usa los servicios de la biblioteca. En cambio, muchos de ellos, de los que, aunque sea doloroso decirlo), solo se acuerdan de la biblioteca, en tiempos de examenes, pues existe una ignorancia sobre las funciones y la involucración necesaria que ofrece una biblioteca en el rol del estudiante. Creo que las bibliotecas se han convertido en salas de estudio, en una tendencia social, en un sitio estrategico ajeno a tanta distracción que nos vemos sometidos en el día a día.