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Más luz sobre el préstamo de e-books

Las nuevas tecnologías lo están cambiando todo. También en las bibliotecas. El préstamo de libros electrónicos es ya una realidad consolidada. Y por si alguien tenía dudas Julio Alonso Arévalo ha recopilando en un par de textos las principales opciones tecnológicas que tienen los bibliotecarios a su disposición cuando empiezan a pensar en prestar e-books.

Libro electrónico

En una de estas ponencias, la titulada “Plataformas de préstamos de libros digitales en las bibliotecas públicas”, el autor analiza los principales sistemas informáticos a nivel internacional para préstamo digital (OverDrive, Freading, Axis360, 3MCloud…) y también en España (OdiloTK, iBiblio, Xebook). En el otro estudio, “Dónde comprar libros electrónicos en España”, se repasan los principales modelos de negocio del mercado del libro digital para préstamo: suscripción por paquetes, compra a perpetuidad, pago por uso y compra a petición de los usuarios (PDA: Patron-Driven Adquisition).

Entre las conclusiones que se sacan de la lectura de estos dos trabajos, una de las principales es que la selección, adquisición y gestión de la colección de e-books son mucho más complicadas que cuando se trata de la colección de libros de papel. La culpa la tienen la multiplicidad de opciones de compra que se le ofrecen a la biblioteca y la aparición de nuevos intermediarios, los agregadores y las plataformas, que parecen distribuidores al uso pero que son algo más completo.

Por lo menos parece que en España, al menos por ahora, nos libramos de la vinculación obligatoria entre contenidos y plataformas. En otros países, como en EE.UU., las plataformas mayoritarias dificultan a las bibliotecas la migración a otras plataformas de los contenidos que las mismas bibliotecas han pagado a los editores.

También queda clara la falta de unanimidad a la hora de establecer las condiciones de adquisición de los libros electrónicos: el número de accesos simultáneos a cada título, la temporalidad o perpetuidad de las licencias, la calidad y oportunidad de los paquetes iniciales que deben comprarse o la enorme diferencia de precios si se trata de la adquisición del libro o si sólo se paga por un uso o acceso. Además se cita la escasa disponibilidad de los títulos más demandados (novedades literarias), víctimas del “embargo digital” de las editoriales que intentan sacar el máximo provecho a las novedades de papel antes de pasarlas al mercado digital. Un concepto de autocompetencia comercial que, en mi opinión, debería reinterpretarse para desarrollar estrategias paralelas de comercialización.

Ya sabíamos que las editoriales sufren un miedo cortoplacista frente a las bibliotecas, cuando se trata del préstamo digital. Temen ver reducido su mercado de venta de e-books. Sin embargo siguen olvidándose de que las bibliotecas públicas son más aliados que enemigos ya que es innegable su contribución a la formación de hábitos lectores y por lo tanto a la creación de futuros consumidores de los productos de las empresas editoriales.

En un mercado que se acerca a la madurez, sería deseable un mayor entendimiento entre las bibliotecas y las editoriales. Tal y como se recomienda en los trabajos citados, en este contexto debería intentar consolidarse un mercado al que concurrieran bibliotecas y editoriales con un modelo de negocio común: un mercado estable del libro electrónico para el préstamo.

Por otro lado, lo que nos evidencia la lectura de estos dos trabajos de análisis es que hay otros actores que están acercándose sigilosamente a la escena del préstamo de e-books.

Amazon ya permite el préstamo de libros electrónicos entre sus cilentes. Adobe lucha encarnizadamente por mantener su propio sistema de gestión de derechos digitales (DRM). Telefónica y Círculo de Lectores lanzan Nubico, su plataforma de comercialización de libros electrónicos…

Estos grandes agregadores o distribuidores, con su capacidad de negociación con los grandes grupos editoriales, ¿cuánto tardarán en desarrollar sus propias plataformas de préstamo independientes de las bibliotecas? ¿Cuánto tardarán en aparecer servicios de préstamos de e-books por un par de euros?

¿Y cómo hacer frente a esta competencia para las bibliotecas públicas? Mi apuesta es la que ya he manifestado en otras ocasiones: selección y calor humano. Contacto directo y cercano con nuestros usuarios, recomendaciones, orientación, potenciar la relación con el ciudadano, con el usuario de la biblioteca pública, bien sea presencialmente o por medios telemáticos.

Mientras que estos cambios llegan y se consolidan en España, los dos artículos citados más arriba son una lectura altamente recomendable si en tu biblioteca estáis empezando a pensar en incorporar e-books  en vuestra colección… y prestarlos, claro.

 

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