Tecnologías de la información

Realidad aumentada aplicada en bibliotecas

Hola de Nuevo, ha pasado mucho tiempo desde la última publicación en este blog. El tema de hoy sigue la misma temática que en el penúltimo post publicado, la realidad aumentada. En esta ocasión os presento un ejemplo práctico sobre la realidad aumentada aplicada en el ámbito de la biblioteconomía y documentación. Se trata de una aplicación móvil llamada Layar, es bastante innovadora, a mi parecer, puesto que se basa en el reconocimiento de espacios y edificios urbanos; es decir, que si nos la descargamos en nuestro smartphone, tenemos conexión a internet y encendemos el GPS, cuando enfoquemos a un edificio obtendremos información de éste y otros edificios, además de espacios varios. 

Existen muchas aplicaciones para smartphones en el que se utiliza conexión a internet y el GPS, pero ésta va aún más a allá.
 
Esta aplicación tiene una característica a destacar que son las Capas, para entenderlo de alguna manera, se trata de una serie de categorías en las que se divide la aplicación. Por ejemplo, si queremos información sobre museos, éstos estarán en en un tipo de categoría diferente a donde podrían encontrarse los hotels. Pues bien, hace un par de años, más o menos, el Ministerio de Cultura creó una capa o categoría en el que se incorporaban unas 8.215 bibliotecas públicas a nivel nacional, de esta manera, si nosotros seleccionamos la capa que contenga las bibliotecas, la aplicación nos indicará qué bibliotecas están a 5 Km de donde nos encontramos, además de indicarnos dónde se encuentran, ¿de qué manera? pues enfocando con el móvil a la/s calle/s. En mi opinión, es una manera óptima para aumentar el número de usuarios y es una buena estrategia para, como he dicho anteriormente, captar más usuarios. Como siempre he comentado, las bibliotecas deben utilizar las mismas herramientas que usan los usuarios para acercarse a ellos, sobretodo ahora que ha aumentado el consumo de smartphones en España, aunque hay que destacar que con la situación económica en que nos hemos visto inmersos, las bibliotecas no pueden invertir tanto.  

Colibrí, un SIGB alternativo

Hace unas semanas que supe de la existencia de un nuevo Sistema integrado de gestión bibliotecaria (SIGB) y la verdad es que todavía me sorprende su impecable puesta en marcha teniendo en cuenta las particularidades de su desarrollo. Porque que un equipo construya un SIGB nuevo no es una noticia, pero que ese equipo esté formado por una sola persona y además esa persona tenga formación bibliotecaria (es doctor en documentación) es todo un éxito, no solo suyo, sino de toda la profesión.

Banner del SIGB llamado Colibrí

Especializado en sindicación de contenidos, hace ya muchos años que Manuel Blázquez, profesor de la UCM e investigador en el campo de la recuperación de información, desarrolla multitud de programas relacionados con la documentación y la biblioteconomía, desde sistemas de gestión y catalogación fotográficos a sistemas de gestión de fuentes de información, pasando por buscadores o CMSs.

Colecciones digitales

 

Colecciones digitalesEn la actualidad las bibliotecas digitales presentan diferentes temas de los cuales se puede hablar, uno de ellos es el que se relaciona con sus colecciones y su desarrollo.
 
El desarrollo de las colecciones en la biblioteca digital presenta diversas variantes, ya que en un principio se podría pensar que el total de sus colecciones están conformadas por colecciones digitales, sin embargo en la práctica puede observarse que están conformadas por un amplio rango de materiales y tecnologías, más allá de lo únicamente digital.  Son pocas las bibliotecas que son enteramente digitales, por tal motivo es de considerar a la biblioteca actual como una biblioteca de índole hibrida en donde se integran las colecciones y servicios tradicionales así como su integración con su parte digital.
 
Haciendo referencia a Internet podemos mencionar que su uso ha agilizado la producción, edición y comunicación científica de manera extraordinaria. El número de documentos en texto completo que están disponibles en formato electrónico a través de la red es cada día mayor. Lo anterior se debe a la demanda de acceso a la información digital, que desde las dos últimas décadas del siglo pasado se incrementó debido a los beneficios que ofrece este tipo de contenidos para el desarrollo de la ciencia, la educación y la cultura, entre otros ámbitos de las relaciones humanas, además a ultimas fechas la producción de contenidos se ha incrementado producto de las redes sociales y las tecnologías de la Web 2.0, ya que los usuarios se vuelven colaborativos, comparten y se integran cada vez más en el desarrollo de las colecciones presentando sugerencias o creando contenidos de utilidad.
 
La incorporación de los servicios electrónicos de  información han ocasionado que las bibliotecas se reorganicen o se replanteen algunos procesos de trabajo y establezcan otros nuevos, entre los que podemos mencionar como prioritarios el desarrollo de habilidades y la capacitación al personal para el manejo de estos recursos, así como de los usuarios finales que en la mayoría de los casos requieren asesoría, entrenamiento y una alfabetización informacional, pero que del mismo modo con mayor frecuencia se vuelven parte activa a través una red que permite la colaboración.  
 

El Arquitecto de la información

Hace más de 35 años que se acuñó el término arquitectura de la información  por el arquitecto norteamericano Richard Saul Wurman.Sin embargo, no hace mucho que en España se empieza a conocer tal disciplina, y lógicamente, también, cada vez m&´s la figura de arquitecto de la información, perfil profesional útil y de prestigio (aunque éste sea, a veces, efímero o pase desapercibido por la masa ingente de intrusismo que inocentemente lo prostituye).

Jesús Bustamante, licenciado en Filosofía por la UCM, habló hace una década en uno de sus artículos de la flamante popularidad que gozó la Information Architecture para aquellos que eran especialistas de la información y que, cuando entusiasmados por la magia del término arquitecto, lograron hacerse sitio en el mundo de la Web y dedicarse al fenómeno en aquellos años previos a la burbuja especulativa (2001).

Sin embargo, a partir del pinchazo de esa burbuja, las empresas de internet tuvieron que cerrar y echar a la gran variedad de pelajes académicos y profesionales, que trabajaban sobre el tema. Aunque, especialmente, los profesionales de la información, tuvieron que enfrentarse a una dificultad añadida; la de explicar a otros exactamente y con claridad lo que hacemos, y por qué somos importantes para una organización. Tras esa etapa, y esa dificultad sobrevenida, o vieja amiga, se publicó en el año 2002 el manual clásico de la arquitectura de la información, Information Architecture for the World Wide Web, por los gurús Rosenfeld y Morville.

Narrativa transmedia y bibliotecas

Recientemente he tenido la oportunidad de formar parte como Vocal, del Comité Organizador y Jurado del primer Open Talent de Sedic; un concurso que buscaba ideas innovadoras entre los emprendedores del sector de la gestión de la información. La selección de cinco finalistas me permitió descubrir un tema apasionante sobre el que reconozco que no había oído hablar hasta ese momento: la narrativa transmedia. A raíz de la idea propuesta por Pilar Auserón y su Aplicación móvil para el fomento de la lectura, comencé a interesarme por este movimiento, pero sobre todo, a preguntarme si podría resultar de aplicación técnica y económicamente viable en bibliotecas o en instituciones culturales en general, debido a sus inicios en campañas publicitarias de series de televisión y películas para adolescentes.

Y es que existe un segmento al que podríamos dirigir nuestras estrategias de animación a la lectura, de creación de comunidad y medios sociales, de aprendizaje y enseñanza, o simplemente de promoción y marketing: ciudadanos digitales, nativos digitales, generaciones que comparten una cultura del entretenimiento a través de dispositivos móviles y tecnología y con un concepto diferente de la lectura al que han tenido las generaciones precedentes.