Libros y edición

#Bookcamping, (casi) celebrando su primer aniversario

En estos días, #12M15M, en los que se está celebrando el primer aniversario del movimiento 15-M se me ha ocurrido darle un poco (más) de protagonismo a una de las propuestas nacidas a partir de él y que, en cierto modo, nos interesan como ciudadanos y como profesionales de la cultura.

Estoy hablando de #Bookcamping, que son dos cosas y es una. Por un lado es una biblioteca digital colaborativa, de acceso libre, que en enero de 2012 consiguió cofinanciar sus actividades a través de la web de crowdfunding Goteo con el objetivo de construir un modelo de cultura sostenible.

Y por otro lado, es un grupo de trabajo que pone sus esfuerzos en la reflexión para la generación de un discurso crítico sobre literatura, cultura libre y, lo que ellos llaman, (des)organización editorial.

#Bookcamping

De la fotocopia compulsiva al libro personalizado

Tijeras, celo y goma de borrarNo es precisamente nostalgia lo que siento al recordar aquellos tiempos afortunadamente ya pasados. Nuestra biblioteca era entonces un minúsculo reducto nada funcional, con unos fondos sumamente exiguos organizados en unas estanterías de acceso cerrado que separaban las salas de lectura de adultos y niños. Si bien las mañanas eran relativamente tranquilas —oportunas para revisar albaranes, catalogar, organizar fichas, revisar catálogos editoriales…—, las tareas que nos ocupaban las jornadas vespertinas eran fundamentalmente dos: atender el servicio de préstamo (manual, por supuesto) y hacer fotocopias. Y acaso era ésta última la más frustrante: páginas y páginas fotocopiadas para que los usuarios —fundamentalmente escolares— realizasen sus pequeños trabajos académicos, más o menos afortunados. Lo cierto es que aquello me parecía muy poco enriquecedor: por supuesto, para mí, obligado así a realizar una tarea repetitiva hasta el absurdo (toda una tarde fotocopiando reiteradamente las mismas páginas); pero sobre todo para los niños que, de esta manera, copiaban los contenidos sin, en muchos casos, comprender lo que transcribían.

Han pasado ya muchos años de esto y, lógicamente, las nuevas tecnologías han introducido modificaciones en los procesos. Pero los principios que impulsaban esta práctica no parecen haberse modificado en exceso. La biblioteca abandonó aquellas minúsculas instalaciones para expandirse hasta convertirse en una red urbana con (de momento) casi una decena de sucursales, todas ellas dotadas de servicio público de acceso a Internet. De esta manera, ahora son muchos los niños que —en lugar de fotocopiar páginas de las enciclopedias y el resto de las obras de referencia existentes en las salas— imprimen lo que encuentran en la Red, en muchos casos igualmente sin preocuparse por comprender lo que transcribirán en sus trabajos de clase. Con estas nuevas tecnologías, es verdad, quienes trabajamos en una biblioteca nos hemos liberado (al menos en parte) de aquella absurda tarea de copista, pero no de nuestras obligaciones a la hora de formar a los usuarios en la búsqueda de información. De ahí que, por ejemplo, resulte sumamente interesante la proliferación de tutoriales para la búsqueda en Internet, tanto destinados a los niños como a los adultos.

Algunas pinceladas sobre el préstamo de ebooks y ereaders

El otro día acudí a un curso impartido por el maestro Jordi Serrano (@jserranom) sobre “ebooks” y “ereaders”. En nuestra biblioteca hemos adquirido recientemente varios lectores electrónicos y un ipad e iba con la intención de coger ideas para un posible préstamo de dichos aparatos. 

En el curso se trataron muchos aspectos interesantes de estas nuevas tecnologías (modelos de aparatos, formatos y programas de edición de los libros electrónicos, etc), pero lo que más interesante me resultó, por desconocido, fue el apartado de “posibles aplicaciones prácticas”, es decir, ¿cómo los prestamos al usuario?
 
Alguno de los compañeros allí asistentes explicó su experiencia: en su centro han recibido unos 50 lectores y los van a prestar cargados de obras (libres de derechos de autor) a sus usuarios. El trámite previo e indispensable es la firma de un documento por parte de éstos en los que se responsabilizan del aparato y de su cuidado. El ereader dispondrá de una ficha bibliográfica en el catálogo, con un documento adjunto en el que se detallan las obras que contiene.
 

Primeros pasos por la Biblioteca

Recuerdo muy bien aquel día en el que entré por primera vez a la biblioteca municipal, la primera vez que tengo constancia de entrar en una Biblioteca.

Aquella biblioteca la recuerdo dividida en dos salas, una infantil y otra juvenil. Los primeros recuerdos los tengo son los de la sala infantil, y a penas tengo recuerdos de la sala juvenil. La instalación de la biblioteca de la sala infantil estaba llena de estanterías, todas ellas de madera, y éstas, a su vez, estaban repletas de libros; también, recuerdo que había cajones para los libros según su tamaño, e incluso, había estanterías que estaban justo a mi altura (a la estatura que tenía entonces, una niña de unos siete años). Recuerdo que aquello de que los libros estuvieran a mi altura, era de gran comodidad.
Recuerdo sentirme muy a gusto allí y siempre me llamó la atención la cantidad de libros que había.
 
Recuerdo que iba algunas veces entre semana, después del colegio. Recuerdo ir a la biblioteca a coger libros y a devolverlos. Recuerdo ir a la biblioteca a escuchar como nos narraban un cuento, el que después teníamos que pintarlo allí mismo en la biblioteca, con los materiales que nos dejaban. Era bonito cuando nos contaban cuentos a un número reducido de niños y niñas, mientras observaba al resto de niños cómo leían cada uno su libro.