Fuentes de información

140 perfiles en Twitter sobre Información y Documentación (2012) #los140infodoc

Un año después del lanzamiento de “140 perfiles en Twitter sobre Información y Documentación”, para BiblogTecarios, Twitter sigue siendo una herramienta fundamental para la comunicación y la información sobre temas de nuestro sector.

Los profesionales de la información, las instituciones y las personas que hay detrás de todos ellos, enriquecen cada día más esta herramienta, así como a todos y cada uno de los usuarios que somos partícipes de la misma.

Y para seguir compartiendo y descubriendo, así como para unirnos a los festejos por el Día de Internet celebrado hoy, BiblogTecarios lanza un año más los 140 perfiles de los “tuiteros” más destacados en el mundo de la Información y la Documentación para nosotros. Esta lista consta de 14 categorías que consideramos apropiadas recomendar su seguimiento dentro de nuestro universo de bibliotecas, archivos, museos, documentación e información.

  • Bibliotecas
  • Bibliotecari@s
  • Sector archivos / gestión de documentos
  • Información y Documentación
  • Bibliotecas universitarias
  • Redes de Bibliotecas
  • Asociaciones - Instituciones
  • Empresas
  • Web - Blogs
  • Formadores / Profesores
  • Sector editorial
  • Sector publicaciones / eBook / eReader
  • Documentalistas
  • Sector Museos y/o Centros Culturales

#Bookcamping, (casi) celebrando su primer aniversario

En estos días, #12M15M, en los que se está celebrando el primer aniversario del movimiento 15-M se me ha ocurrido darle un poco (más) de protagonismo a una de las propuestas nacidas a partir de él y que, en cierto modo, nos interesan como ciudadanos y como profesionales de la cultura.

Estoy hablando de #Bookcamping, que son dos cosas y es una. Por un lado es una biblioteca digital colaborativa, de acceso libre, que en enero de 2012 consiguió cofinanciar sus actividades a través de la web de crowdfunding Goteo con el objetivo de construir un modelo de cultura sostenible.

Y por otro lado, es un grupo de trabajo que pone sus esfuerzos en la reflexión para la generación de un discurso crítico sobre literatura, cultura libre y, lo que ellos llaman, (des)organización editorial.

#Bookcamping

Data sharing, un nuevo avance para la ciencia

En este post os quería hablar del data sharing, el cual se trata de una actividad cuyo fin es compartir los datos generados en una investigación al resto de la sociedad académica o científica. Los investigadores publican estos datos a través de repositorios públicos, revistas o en medios no públicos como data centers.

Con la aplicación de este modelo se pretende ahorrar costes tanto en la Administración como en las agencias porque de esta forma se evita la duplicidad de proyectos. Por este motivo, si un proyecto no se ha podido acabar en un tiempo determinado se puede aprovechar esos datos para seguir continuando con la investigación. Para la Administración la presentación de estos datos sirve para justificar los gastos de los presupuestos.

Este tema también es de gran interés para la comunidad investigadora porque les permite saber que temas se está estudiando, y de paso iniciar un proceso de feedback con los autores del proyecto aportando ideas, opiniones.

No obstante, para que se pueda llevar a cabo esta actividad se necesita un cambio de actitud en los científicos, ya que tienen que estar más abiertos a los movimientos del open access y a no guardar la información en un cajón.

De la fotocopia compulsiva al libro personalizado

Tijeras, celo y goma de borrarNo es precisamente nostalgia lo que siento al recordar aquellos tiempos afortunadamente ya pasados. Nuestra biblioteca era entonces un minúsculo reducto nada funcional, con unos fondos sumamente exiguos organizados en unas estanterías de acceso cerrado que separaban las salas de lectura de adultos y niños. Si bien las mañanas eran relativamente tranquilas —oportunas para revisar albaranes, catalogar, organizar fichas, revisar catálogos editoriales…—, las tareas que nos ocupaban las jornadas vespertinas eran fundamentalmente dos: atender el servicio de préstamo (manual, por supuesto) y hacer fotocopias. Y acaso era ésta última la más frustrante: páginas y páginas fotocopiadas para que los usuarios —fundamentalmente escolares— realizasen sus pequeños trabajos académicos, más o menos afortunados. Lo cierto es que aquello me parecía muy poco enriquecedor: por supuesto, para mí, obligado así a realizar una tarea repetitiva hasta el absurdo (toda una tarde fotocopiando reiteradamente las mismas páginas); pero sobre todo para los niños que, de esta manera, copiaban los contenidos sin, en muchos casos, comprender lo que transcribían.

Han pasado ya muchos años de esto y, lógicamente, las nuevas tecnologías han introducido modificaciones en los procesos. Pero los principios que impulsaban esta práctica no parecen haberse modificado en exceso. La biblioteca abandonó aquellas minúsculas instalaciones para expandirse hasta convertirse en una red urbana con (de momento) casi una decena de sucursales, todas ellas dotadas de servicio público de acceso a Internet. De esta manera, ahora son muchos los niños que —en lugar de fotocopiar páginas de las enciclopedias y el resto de las obras de referencia existentes en las salas— imprimen lo que encuentran en la Red, en muchos casos igualmente sin preocuparse por comprender lo que transcribirán en sus trabajos de clase. Con estas nuevas tecnologías, es verdad, quienes trabajamos en una biblioteca nos hemos liberado (al menos en parte) de aquella absurda tarea de copista, pero no de nuestras obligaciones a la hora de formar a los usuarios en la búsqueda de información. De ahí que, por ejemplo, resulte sumamente interesante la proliferación de tutoriales para la búsqueda en Internet, tanto destinados a los niños como a los adultos.