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Un Oscar de libro: la fantasía echa a volar

Es un lugar común que a los bibliotecarios nos apasiona la lectura. Lo que quizá no resulte tan conocido es que a muchos nos apasiona el cine; al menos así ocurre entre los biblogtecarios. De ahí que en esta misma bitácora nos hayamos preocupado por la presencia de las bibliotecas y los bibliotecarios en la pantalla grande (como prueba el post Cine, bibliotecarios y bibliotecas) o en esa versión tan especial del arte cinematográfico que es la publicidad televisiva. También es cierto que la historia del cine está plagada de adaptaciones de obras literarias, sin que hasta el momento se haya resuelto un dilema que tiene visos de tornarse eterno: ¿qué es mejor, el libro o la película? Posiblemente haya tantas respuestas como lectores cinéfilos y que la cantidad de títulos adaptados de juego para todo tipo de respuestas; de ahí que resulte relativamente fácil encontrar en la web tanto recomendaciones con las (supuestas) mejores adaptaciones —aquí tienes un ejemplo, y éste es otro— como feroces diatribas contra las (presuntas) peores versiones cinematográficas.

El caso es que fue el pasado domingo cuando The Academy of Motion Picture Arts and Sciences hizo entrega de sus premios anuales. Cabía la posibilidad de que el español Alberto Iglesias se alzase por fin con la dorada estatuilla por la banda sonora de Tinker Tailor Soldier Spy [El topo] —era su tercer intento— o que Fernando Trueba y Javier Mariscal enamorasen a los académicos con Chico & Rita, adaptación animada del cómic de igual título que enriquece la historia con la música de Bebo Valdés. Pero nuestra alegría llegó con la concesión del premio al mejor corto de animación para The Fantastic Flying Book of Mr. Morris Lessmore, sobre el que ya llamara nuestra atención hace algunos días el biblogtecario Roberto Soto en su post Tanto por tan poco y que, afortunadamente, es accesible a través de la web:

Morris Lessmore

Los directores de la cinta, William Joyce y Brandon Oldenburg, tienen toda la razón. The Fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessmore conjuga una suma de inspiraciones bastante claras: “el huracán Katrina, Buster Keaton, El mago de Oz, y el amor por los libros”, según se confiesa en la web promocional del filme.

Morris Lessmore es una historia de gente que dedica su vida a los libros y libros que devuelven el favor. The Fantastic Flying Books of Mr. Morris Lessmore es una conmovedora y humorística alegoría sobre los poderes curativos del relato.

La historia comienza precisamente con un huracán como el Katrina, representado a la manera de The Wizard of Oz [El mago de Oz] (1939), con gente volando por los aires en bicicleta y casas tragadas por el ojo del huracán. A su paso dejará un mundo gris, patas arriba, donde los libros descansan por el suelo destrozados, hechos trizas. El señor Morris Lessmore, pesaroso, avanza entre las ruinas cuando, de repente, mira al cielo y observa la mágica imagen: una muchacha que levita en el aire ayudada por libros voladores a semejanza de la Afrodita de la antigüedad con sus cisnes. Ella le hará un gran regalo: un libro de Humpty Dumpty, conocido personaje de una rima de Mamá Ganso, que también aparecía en Alicia en el país de las maravillas. Precisamente este libro tomará el papel de conejo blanco y guiará al señor Lessmore por un mundo mágico, lleno de color, hasta llegar a una “casa de libros” donde el protagonista desempeñará el oficio de cuidador.

Morris LessmooreVemos, pues, que el corto se encuentra lleno de referencias literarias y cinematográficas a las que se les han dado nuevos usos. La utilización del color es la misma que en la película sobre Dorothy, pero con matices. Por una parte el gris se relaciona con un mundo arrasado, cuya cultura se ha destruido, mientras que el color le corresponde a otro donde los libros están vivos. Puede parecer un mero homenaje hasta que observamos cómo, al poseer un libro, las personas vuelven al color. Significa la vuelta a la fantasía, a la imaginación, al descubrimiento. En cuanto al personaje de Morris, se asemeja a un nuevo Buster Keaton o Harold Lloyd de los libros no sólo por su expresividad sino, indudablemente, por sus reconocibles sombrero y bastón. Mientras, ¿quién no recuerda a Mary Poppins al ver a los personajes volando colgados de una bandada de libros?

Es también notable el uso de las peculiaridades de los libros. Más allá de la metáfora del vuelo al asimilarla al conocimiento o la fantasía, se juega con el concepto de la restauración de libros como una operación de cirugía, el vestir los libros con su “camisa” o el desayuno con “cereales de letras”.

También hay implícita una alegoría al trabajo diario de los bibliotecarios y al papel social de las bibliotecas, mediante un simbolismo muy poético de cómo el bibliotecario dedica su vida al cuidado y mantenimiento de las colecciones para que el enriquecimiento personal y el aumento de la calidad de vida beneficien a la sociedad entera. Y esta labor, como continuación inmediata de la labor de sus predecesores, que tan desinteresadamente la van dejando como legado propio para que se prolongue sin fin a lo largo de los tiempos, de la misma manera que el nacimiento de un libro responde a la lectura previa de otros muchos.

Asimismo, se ensalza la simbiosis entre libros y personas, el carácter del libro como el mejor amigo del hombre, y como éste a su vez es esencial para que el primero tenga el sentido para el que fue concebido.

Otros cortos de animación

Éste no es el único corto de animación que ha hecho referencia a los libros o a las bibliotecas a lo largo de la historia del cine. Sin ir más lejos, en 1994 se filmó Dada, una curiosa historia en la que la gente lleva libros en la cabeza como representación de sus conocimientos.

Sin embargo, el caso que nos ocupa se encuadra dentro del subgénero de los “libros que cobran vida”, muy popular en los dibujos animados del comienzo del segundo tercio del pasado siglo, sobre todo con el fin de parodiar asuntos de la actualidad literaria y cinematográfica. Así tenemos Have You Got Any Castles? (1938), Sniffles and the Bookworm (1939) o Book review (1946). Con el tiempo esta temática pasará de moda, aunque no desaparecerá del todo. Ex libris (1983) es un claro ejemplo de corto sobre libros animados y, más recientemente Library (2008), del chino Yu Ming, que sugiere que el cerebro de cada persona es una biblioteca, y cada libro en su interior el recuerdo de la risa, la ira, la tristeza y la felicidad. Y, claro está, no podemos dejar de referirnos a otra de esas fabulas que te atrapan y sobrecogen: Mourir auprés de toi [Morir a tu lado] de Spike Jonze, en la que se vive una relación, de amor y pasión entre personajes que saltan de entre las páginas de los libros de una estantería.

Como hemos visto, los mundos del cine y de los libros se tocan. Y no sólo como temática para películas y cortometrajes, sino también en su historia. Recientemente, los compañeros de Frikitecaris nos han recordado que tal vez fue la bibliotecaria Margaret Herrick la que le diera el nombre de “Oscar” a los premios de la Academia de Cine. Aunque circulan muchas otras versiones, nosotros siempre preferiremos ésta.


Elaborado con la participación de María Benítez, Rebeca Hernández, Rafael Ibáñez, Sofía Möller y Roberto Soto.

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