Top5 BiblogTecarios. Septiembre 2011

Las cinco entradas mejor valoradas en BiblogTecarios en el mes de septiembre de 2011 son las siguientes: 

  1. El Bibliotecario Asesino nuestro de cada día por Myrna Lee
    • Bibliotecario Asesino al ataque.

      Saludos desde el Caribe Tropical.

      Aquí andamos explorando, conociendo y estrenándonos en esta nueva etapa profesional. Bien, utilizaré mi primer escrito para dialogar con ustedes sobre el concepto del Bibliotecario Asesino. Leí el término del compañero Julián Marquina, y me pareció curioso, porque todos tenemos nuestro Bibliotecario Asesino! como Romeo tiene su Julieta, Batman su Robín y Pinky tiene a su Cerebro!

      Dependiendo del país, así se le llama… desde “asesino”, hasta “technohaters”, “voldermorts” y “brujild@s” “vieja guardia” etc. Pero analicemos un poco sus características, su presencia, sus motivos y su porque.

      Como características de est@ Bibliotecario Asesino, tenemos a un ser humano, casi siempre adulto de la generación anterior, con una posible aversión a la tecnología y a la gran mayoría de las cosas novedosas. En muchas ocasiones son personas con “poder” lo que magnifica su estado de “asesino”. En resumidas cuentas, son “asesinos” de las nuevas ideas, del positivismo, del crecimiento profesional, y de enaltecer nuestro campo desde otra perspectiva. Este “ser” utiliza su poder, su “seniority” para desde ese estado esconder su realidad, la cual pudiera ser el miedo al cambio y a lo desconocido.

  2. El proceso de información en los jóvenes y las nuevas formas de lectura por Firmas Invitadas (Daniel Becerra)
    • Hace unos años, un amigo me contaba que cuando se inventó el tren, la gente que montaba para realizar un viaje, se mareaba y vomitaba por las ventanas, debido a la extraordinaria (hasta entonces) velocidad de 30 km/h que alcanzaba la nueva tecnología. Ahora, sin embargo, conducimos a 140 km/h, o nos lanzamos en picado en una montaña rusa, sin mayores contratiempos que algunos cosquilleos de emoción en el estómago.

      Imagen tomada de: http://www.guiasenior.com/contenidos/images/cerebro-entrenear.jpgDe un tiempo a esta parte, vengo reflexionando sobre cómo cambia el proceso de la información en una generación nacida y crecida en un entorno de información acelerada y cambiante, en el cual nosotros, nacidos en otra dinámica, nos cuesta tanto movernos.
      Este artículo no aporta soluciones, sino preguntas. Preguntas que creo que pueden ser de interés para nosotros, bibliotecarios, gestores de información... interesados en cómo vender nuestro producto de la forma más óptima y adecuada a nuestros usuarios.
      Recomiendo como bibliografía la lectura de los dos libros “Superficiales. ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?”, de Nicholas Carr, y “Cómo aprendemos a leer”, de Maryanne Wolf.

      Comenzaré introduciendo un pequeño apunte sobre la forma y la capacidad de proceso de información del cerebro del ser humano: durante nuestra evolución vital, de niño a adulto, nuestro cerebro ha ido creciendo estableciendo conexiones neuronales que han dependido de nuestro aprendizaje, basado este en nuestro entorno y en nuestra cultura. Entre grupos y ecosistemas con evoluciones paralelas, puede haber grandes diferencias, y por tanto esas conexiones sinápticas pueden ser distintas, llegando a generar en muchos casos conflictos de entendimiento. Por ejemplo: nuestro cerebro puede ir de A a T pasando por H, cuando otra persona puede llegar de A a T haciendo la raíz cuadrada de P multiplicada por la derivada de L. A veces, es imposible llegar ambos de A a T, porque nuestra secuencia lógica no coincide con la del otro. A lo mejor la T, para el otro, ni siquiera existe. Y tú no puedes ni plantearte un alfabeto sin tener aquella letra.

      Esto tiene que ver con la plasticidad del cerebro, y cómo este se adapta y desarrolla de forma única según las situaciones a las que se ve enfrentado.

  3. Conspirando con gaseosa en la biblioteca de Muskiz por Noemí Gómez Pereda
    • Para quienes amamos esta profesión y la vivimos al 100%, nada más gratificante e ilustrativo que visitar de vez en cuando otras bibliotecas. Para desvirtualizar compañeros, para visitar a aquellos que ya conoces y tienes ganas de volver a ver, para pasar un rato agradable en un lugar distinto (gastronomía típica mediante), y sobre todo para intercambiar puntos de vista y experiencias sobre lo nuestro, el “biblioturismo” es una experiencia sanísima y muy, muy recomendable.

      Logo biblioteca de MuskizLos planetas se alinearon y llego por fin el día de ir a visitar la biblioteca de Muskiz. Ya me había saltado demasiadas veces esa salida de autopista, ya tenía ganas, ya no tenía excusa. Porque si digo Muskiz, lo primero que nos viene a la cabeza (a aquellos que no somos de la tierra), es “biblioteca”. Todo profesional de la información entiende Muskiz (o al menos debería) como una referencia, como un puntero láser que desprende mucha luz y hacia el que es inevitable y necesario mirar. Porque Muskiz esta en todo, en tod@s, y se reinventa cada día, nos reinventa.

      Casi cuando Tim O`Reilly acababa de inventar el concepto web 2.0 (2004), Muskiz ya había creado un blog de reseñas literarias (2005). Cuando Twitter aún preguntaba What are you doing?, Muskiz ya tuiteaba (2007), y seis años antes del propio Ayuntamiento de Muskiz, la biblioteca ya tenía web propia (2002). Y así con todo.

      Pero el gran valor de Muskiz no es ese. Lo que hace grande a Muskiz, es que toda la investigación y la puesta en marcha de proyectos sociales para su biblioteca, los ha compartido, y ha implicado a todos sus colegas en el proyecto, con una intensa labor pedagógica y la cooperación como bandera. El Liburutegien haria (canal de sindicación para las bibliotecas vascas) y el Bateginik (boletín de novedades de las bibliotecas de Euskadi) son solo algunos ejemplos.

  4. ¿Cuál es tu primer recuerdo en una biblioteca? por Julián Marquina
    • Todos nosotros hemos tenido una primera experiencia y sensación cuando éramos pequeños, o no tan pequeños, en una biblioteca. Que si era pequeña, que si la bibliotecaria nos mandaba callar todo el rato, que si era un lugar muy oscuro… Pues bien, ahora vamos a hacer un ejercicio de retroceso al pasado donde cada uno podrá plasmar ese primer recuerdo que tiene de la biblioteca (ya sea una biblioteca escolar o una biblioteca pública) y el cual no ayudará a darnos cuenta de la visión que pueden tener (o no… las bibliotecas han evolucionado) los usuarios más pequeños de los centros.

      Vamos a realizar una especie de experimento social (social porque lo haremos entre todos nosotros [toca participar]) en el cual vamos a contar esa primera experiencia que tuvimos.Podrás participar a través de varios medios:

      • A través de los comentarios de este post
      • A través de Twitter con el hashtag #recuerdosBT
      • A través de nuestro muro en Facebook o comentarios en el enlace que aparezca de este post.
  5. El papel formador del bibliotecario por Rafael Ibáñez
    • Bart SimpsonLa reciente difusión en los medios de comunicación del Plan Estratégico de la Biblioteca de la Universidade de Santiago de Compostela ha desempolvado un viejo debate que, sinceramente, a estas alturas creía superado en su totalidad. Es cierto que los titulares informativos estaban redactados en forma tal —“Los bibliotecarios de la Universidade tendrán función de formadores”— que parecían sumarse a sus tareas habituales nuevas responsabilidades docentes, lo que en estos tiempos de crisis que padecemos suena a reducción de recursos humanos o aumento de la presión laboral. El desacierto de los titulares, sin embargo, quedaba paliado en el cuerpo de la noticia, que explicaba el verdadero significado y alcance de la función formadora de los bibliotecarios de la BUSC. En la práctica, el mencionado Plan Estratégico vendría a reconocer el papel formador que le es propio al bibliotecario universitario, siquiera porque el Espacio Europeo de Educación Superior así lo exige.

      Lamentablemente, en algún debate entre profesionales se oyó alguna voz discordante entre las casi unánimes felicitaciones que suscitaba este reconocimiento de los bibliotecarios como formadores. Quien discrepaba de la mayoría parecía hallarse conforme con el viejo cliché anquilosado del bibliotecario “guardián de los libros”, erudito de un conocimiento profesional imprescindible para acceder al conocimiento bibliográfico, y defendía su postura con peregrinos argumentos que confundían la formación con la docencia o exigiendo retribuciones extraordinarias por tareas que entendía exógenas a la responsabilidad del bibliotecario.