La Liga de los Bibliotecarios Asesinos - BiblogTecarios

La Liga de los Bibliotecarios Asesinos

Noche de lluvia, una ciudad entera duerme tranquilamente, inconsciente de que algo realmente extraño va a suceder en las próximas horas. Una persona caminando entre sus calles en busca de algo, lo único que sabemos de él es su nombre, Pierre.

En medio del silencio una fuerte tormenta se empieza a formar en lo alto de la montaña y por el fuerte viento que se ha originado apunta a que se aproxima a la ciudad… Pierre se dirige con paso firme a un edificio concreto, sabe bien qué quiere y dónde encontrarlo, sus pasos son iluminados por los rayos que cada vez están más cerca de la primera fila de casas, su negra vestimenta pasa desapercibida a través de las oscuras calles iluminadas tan solo por los rayos que se están acercando; de repente, un gesto desata el caos, estira un brazo ante el pomo de la puerta y lentamente lo gira, ¿por qué estará a altas horas de la noche ante la puerta de la biblioteca?

Ha meditado mucho esta decisión pero no le queda otra opción. Todos los intentos por descubrir ese secreto han acabado en un callejón sin salida. Horas y horas buscando una respuesta sin conseguirlo. Archivos, centros de documentación y bases de datos de toda índole que no han dado el fruto deseado. No puede evitar pensar que alguien le está ocultando información, alguien quiere evitar que sepa la verdad y,  aunque esta sea una decisión arriesgada, ha decidido acudir a la cita que ese extraño personaje, que le llamó por teléfono y que se identificó con el seudónimo de Bibliotecario Asesino, le ha propuesto.

Liga de los Bibliotecarios Asesinos 1Y ahí está en la puerta de la biblioteca, en la peor noche del año, esperando encontrar respuestas. ¿Quién será ese personaje? ¿De verdad tendrá respuestas? No se fía. Pero lo que no puede imaginar es que esta decisión será el comienzo de la aventura más insólita que jamás haya vivido.

Le costaba respirar. Se le entrecortaba la respiración ante la atmósfera cargada de humedad, una humedad pegajosa que sólo los libros antiguos y mal conservados como los que se refugiaban en aquella vetusta e inhóspita biblioteca sin nombre desprenden. Pero él como siempre, resistía. Se había convencido de que ya no podía haber más intentos fallidos, más golpes sin efecto, sin resultados, sin respuestas.  Había que arriesgarse, por eso él estaba ahí aquella noche. No había vuelta atrás. La decisión ya había sido tomada, ahora, sólo bastaba con que viniese aquél personaje. Encontrarse con el llamado Bibliotecario Asesino para abandonar de una vez por todas aquellas hirientes dudas que se tornaban como sombras sobre él…

Mientras caminaba entre las estanterías buscando algún libro que fuese interesante para pasar la noche en la biblioteca… un ruido, como del crujir de la madera, que venía de aquella puerta situada al fondo de la sala de lectura. La duda invadió su cuerpo, ¿qué hacer? acercarse o no a ver qué había pasado, no quedaba otra… al final las dudas se despejaron ligeramente y decidió ir hasta la puerta en la que se podía leer un cartel que ponía: “Dirección”, y que estaba empapelada de carteles y actividades que se llevaban a cabo en la biblioteca. Había alguien dentro… parecía que estaba hablando por el teléfono, mientras otra persona le decía a su lado: “Pero di la verdad, di qué pasó con ese usuario que cayó por las escaleras”… De repente se escuchó un golpe seco y pasos que se dirigían hacia la puerta donde Pierre se encontraba…

Y así, tras unos chirridos espantosos dignos de película de Hitchcock, parada frente a él encontró de repente a una pequeña anciana que vestía un pullover gris ceniza,  haciendo juego con el rodete que gobernaba su cabello y una larga falda negra. El conjunto se completaba con unas diminutas gafas redondas, una camisa de flores realmente horrible, un pañuelo al cuello y unos zapatos tan lustrados que encandilaban.  Menuda y de aspecto frágil, no podía medir más de un metro cincuenta. Un estereotipo viviente, que debería inspirar simpatía; pero que le lanzó una mirada que le dejó el corazón helado y que por poco le mata del susto. Casi atravesando sus huesos, como un escáner de aeropuerto, sus ojos glaciales de un color indefinido se clavaron en las pupilas de Pierre, con una mirada siniestra que parecía anunciar una tragedia inminente. Peor aún fue escuchar el oxímoron de su voz, una mezcla perversa de dulzura y amargura,  que en un tono aparentemente tranquilo pero que dejaba entrever una evidente falta de cordura, le espetó sin miramientos un seco e imperativo: “Pase”.

Los dos extraños que estaban en el interior del despacho se giraron para mirarle, no parecían sorprendidos de que estuviera allí. El hombre, un tipo bajito y con bigote que estaba hablando por teléfono sentado detrás de una mesa, interrumpió su conversación. La mujer que se encontraba a su lado caminó hacia la puerta y la cerró; después se dirigió a él con un cierto tono de nerviosismo en su voz:

“Le estábamos esperando”.
“¿A mí? Pero… Pero… ¿Cómo sabían ustedes que iba a venir? ¿Y el Bibliotecario Asesino?”

Los dos extraños intercambiaron miradas. El hombre sonrió forzadamente y dijo:

“Vamos, vamos… No me dirá que de verdad cree que existe tal personaje”…
Una carcajada inundó la sala.
“Como ve, el Bibliotecario Asesino ya es algo del pasado” —dijo aquel hombre mirándole a los ojos.

Frente a ellos, atado a una silla, se encontraba el cuerpo inerte y azulado de una persona joven. Comenzó a atar cabos y, mientras un sudor frío se dejaba caer por su apurada frente, supo que aquel cadáver era de la persona que se había citado con él para explicarle la clave de los sucesos que le atormentaban desde hacía tiempo, ¡era el Bibliotecario Asesino!. Tenía la certeza de que no saldría de allí vivo, quizá por ese motivo sus captores se sinceraron con él desvelándole el secreto que tanto tiempo llevaba buscando, tal vez porque tras esa conversación desecharían su cadáver en alguna arqueta próxima a aquella biblioteca y nunca jamás encontrarían sus restos. El Bibliotecario Asesino, el único que se había atrevido a plantar cara a aquella organización criminal cuyo único fin era el ataque sistemático contra las instituciones culturales, ya estaba muerto, y sospechaba que a él, conocedor de su secreto, tampoco le quedaba mucho tiempo de vida. La mujer se levantó bruscamente de su silla, y cogiendo un martillo de la mesa comenzó a avanzar con una mirada siniestra, aunque pudo detectar cierto brillo compasivo en su gesto. Él la vio acercarse y cerró los ojos, “de esta no salgo” —se dijo mientras tragaba saliva.

La sangre empezó a fluir por sus extremidades preparando al cuerpo para un ataque o una huida, él sabía, aunque de manera inconsciente, que debía ser rápido y, sin pensarlo dos veces, se abalanzó a la mujer y, quitándole el martillo y agarrándola por el cuello, la dejó en un estado de indefensión total… Caminaba hacia la salida mientras la mujer hacía gestos de  faltarle el aire, la llevó hacia la puerta y pensó que, tal vez, su compañero no le atacaría.

– “Me servirás de escudo” —le dijo con firmeza.
– “¡No se mueva!” —gritaba nervioso, mientras, la mujer jadeaba y hacía intención de soltarse.
– “¡No se mueva maldita sea o la pongo a catalogar!”.

La mujer no entendía ese tipo de amenazas, ella no entendía de gestiones y documentos… nunca se había preocupado de conocer los entresijos que encerraban las bibliotecas. Su compañero… ignorante del tema, pensó que aquella amenaza sería un arma de doble filo y el miedo lo paralizó… Poco a poco se fue acercando a la puerta y… de repente, como si unos hilos invisibles manejaran el destino de aquella situación, algo cayó al suelo y los tres individuos bajaron  la cabeza y allí a los pies de la mujer yacía el volumen abreviado de la CDU, las miradas se cruzaron sin atreverse a mover ni un dedo… la tensión se podía cortar… el sudor empezaba a nublarle la vista….

Pierre sujetaba a la mujer fuertemente sin dejar de mirar fijamente aquel libro, símbolo y casi axioma. La sangre golpeaba por sus venas y el pulso se aceleraba…y cual amenaza implacable Pierre susurró al oído aquellas palabras que podían ser incisivas, sobre todo, para quien nunca supo amar ni entender la importancia del conocimiento Verba Volant scripta manent  aquel eco invadió la sala y su fuerza inundó de luz aquel  espacio ¡la mujer se retorcía como si de un exorcismo se tratara! aquellas palabras representaban la cultura, el saber “¡¡¡Ahhh callaaaa!!!”, no pudo soportarlo y cayó abatida..

Al cerciorarse de que la mujer se encontraba totalmente indefensa y que ya no podía hacerle daño, Pierre la ató de pies y manos con un cordel junto al bibliotecario asesino, ya muerto, del que pensó posteriormente que podía haberle servido de mucha más ayuda si estuviese vivo… pero en fin, no era momento para contemplaciones, debía averiguar por qué le había hecho ir hasta allí, y las razones de que aquella mujer le hubiese intentado matar.

“¿Quién eres?”- preguntó Pierre a la mujer, bruscamente.
“Vamos, sabes perfectamente quién soy…”
“No, en realidad no”- contestó Pierre algo desconcertado.
“Trabajo para el gobierno, mi misión es ir causando “accidentes” a usuarios e ir provocando el cierre de bibliotecas para así ahorrar costes a las administraciones”. Y con lo de accidentes me refiero a matarlos, pero yo no he matado, si es a eso a lo que le das vueltas,  cuando vine ya estaba fiambre.

Pierre no sabía si creer a la mujer que acababa de intentar matarle…tenía todas las papeletas para haber sido ella la causante de todo este embrollo… Sin embargo algo le decía que no mentía.

Pierre, tras la conversación desconcertante que tuvo con la mujer, decidió descubrir por sí mismo la información que le habían ocultado. Empezó observando las altas estanterías de la biblioteca y los libros que allí estaban bien ordenados, a ver si así podía descubrir la información oculta. Buscó y buscó en la base de datos, pero allí no encontró nada. Quizás, no lo buscaba con el término adecuado. Decidió mirar las estanterías que estaban numeradas (las de la CDU) y se quedó literalmente petrificado ante el número 5. El 5 es el número que siempre ha estado con él, nació un día 5 de febrero, su piso es el número 5 de su bloque 5. Frente a sus ojos tenía la información. Ahora, necesitaba la ayuda de El Bibliotecario Nocturno para que le ayudara a encontrar la información sobre el cambio climático.

Pierre cogió el móvil temblando y llamó a quién podía ayudarle.

“¿Hola?” —espetó una voz a través del teléfono.
“Hola Jordi. Es complicado de explicar, pero necesito tu ayuda, tendrías que venir a la biblioteca.”
“¿Pero qué pasa? A mí hoy no me toca trabajar.”
“Pero es que sólo tú puedes ayudarme…”

Pierre consiguió convencer a Jordi, El Bibliotecario Nocturno, que jamás descansaba porque trabajaba por vocación. Se movía como nadie entre las estanterías, encontraba la información más concreta, ya que siempre estaba dispuesto a cualquier cosa. Era alto, atractivo; nadie sabía por qué, pero Jordi recordaba al típico caballero con espada sobre un caballo blanco que aparecía en los libros, siempre dispuesto a luchar por sus princesas, pero en vez de esto, el estaba dispuesto a luchar entre libros.

“Tranquilo, ya estoy llegando” —dijo Jordi con una sonrisa.
“¡Jordi, lo siento… yo vine, necesitaba información… vi a aquella mujer con moño…, me llamó muy tarde…lo he visto, está muerto…, intentó matarme pero la até los pies… están en dirección…”
“¡Tranquilízate, Pierre! ¿Qué ha pasado para que estés tan nervioso? ¡Chico, ni que hubieras visto al Bibliotecario Asesino!” —rió Jordi enseñando su inmaculada dentadura.

Cuando Pierre se tranquilizó se lo contó todo a Jordi: por qué fue a la biblioteca tan tarde, el encuentro con la señora mayor, el cadáver del Bibliotecario Asesino y los raptores…, ¡los raptores!, ¡faltaba uno! ¿Dónde estaba el hombre bajito? ¿A dónde había ido? Empezó a sentirse inseguro y con miedo pero Jordi le tranquilizó.

Una sombra cruzó corriendo la biblioteca hacia el despacho del director. Ambos amigos se miraron y salieron corriendo detrás de la peculiar sombra que iba diciendo:

”… si sumas 2+3 es igual a 5, si al 5 dividido entre 5 es 1, 1+4 es igual a 5… jajejijoju… 3×2 es igual a 6, 10-6 es igual a 4, 4+1 es igual a 5… ¡me gusta el agua! ¿Te gusta el agua? agua, agua…”

Pararon de correr. La sombra era incansable, corría alrededor de la biblioteca sin darles tregua. Pero creo que la sombra quería algo de ellos. Entre jadeos Pierre le dijo a Jordi:

“¿Cuántas veces ha nombrado el 5?”
“Mmmm, no estoy seguro…”
“5”
“¿Y por qué ha dicho lo del agua?”
“¿Cuál es el número de la CDU para el agua?”
“¡Puffff Pierre! Hay varias CDU para el agua: si es tratamiento, si son residuales, sin son cuevas, el derecho al agua…”
“No, dentro del 5 ¿cuál es la que se refiere al agua?”
“Mmmm…está dentro del 55… ¿qué quieres decir, Pierre?”
Creo que deberíamos mirar entre los libros con la signatura 55 hasta buscar los que hablen de agua o haya agua”
“¡Está bien amigo! Pero esta biblioteca es grande…”

Con una pequeña carrera, y la habilidad de quien usa las bibliotecas frecuentemente, los amigos se encontraron en el pasillo de la signatura 5 y empezaron a buscar.

“Geología, geodinámica, geotérmica, oceanografía,… eso es agua ¿no? Este le cogemos, clima… ¡uy! ¿y ese libro plateado?”
“¿Un libro electrónico? Enciéndelo…”
“No, es una tablet…”

La pantalla se iluminó y en ella apareció un rostro oculto tras una espesa oscuridad, sentada ante un butacón de sky granate aunque se notaba la cercanía de una luz amarilla. Una voz sonó… una voz conocida… ¡la anciana!

“¡Hola pupilos! Veo que habéis encontrado una pista… Os enseñan bien en las escuelas, eso me alegra mucho. He tenido becarios que lo único que sabían era de nuevas tecnologías y ordenadores pero no sabían la CDU, ¡eso es una aberración! Perdón, no me he presentado: mi nombre es Sra. Debye Ranganathan y soy un miembro fundador de la Liga de los Bibliotecarios Asesinos…”

Al concluir Debye con su presentación, de forma extraña y sin dar un solo toque, la tablet comenzó a parpadear, mostraba pantallas de colores como si de una prueba de la resolución de la misma se tratara.

Pasados apenas 5 segundos, nuevamente la tablet cambió el contenido de la pantalla, Pierre y Jordi no entendían porqué sucedía esto. Y en ese instante apareció en la pantalla el siguiente texto:

Estimado Pierre, cuando leas esto no sé si aún permaneceré con vida, sin embargo he de decirte que dentro de esta tablet te dejo parte de las respuestas a lo que has venido a buscar a este templo del saber y el conocimiento.

Primeramente has de saber que Debeye Ranganathan ha sido mi protectora y mentora; ella sabe de la delicadeza de la información que requieres y por la cual nuestras vidas corren riesgo.

Sé que ella intentará protegerme y aunque no sé si logrará su cometido, debo advertirte que, aunque poco afecta a las tecnologías, siempre ha estado dispuesta a colaborar en satisfacer las necesidades de usuarios, que al igual que tú han requerido de información.

Pero recuerda que la información que se encuentra en manos equivocadas puede llegar a ser muy peligrosa.

Además se que nuestro amigo en común… Jordi sabrá ayudarte a descubrir parte de este embrollo. Apóyate en él para entender esta pista, ya que la información que buscas no le conviene a todo el mundo que sea conocida. Al concluir estas líneas busca dentro de esta tablet la aplicación que tiene como icono un puñal y que se llama Bibliotecario Asesino.

Al concluir la lectura de estas líneas Pierre y Jordi buscaron la “app” mencionada y al momento de abrirse apareció lo siguiente:

“Sé que Jordi te podrá ayudar a descifrarlo…”

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<subfield code=”a” >10 consejos para los profesionales que empiezan su vida laboral /</subfield>
<subfield code=”c” >por El bibliotecario Asesino</subfield>
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<subfield code=”x” >Formación profesional</subfield>
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<subfield code=”a” >En: Liga de Bibliotecarios Asesinos. — </subfield>
<subfield code=”d” >Burundanga: Bibliotecarios Asesinos. — </subfield>
<subfield code=”g” >Vol.6, n.10 (oct.1997); p. 23-24.</subfield>
<subfield code=”x” >– ISSN 5555-5555</subfield>
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La primera reacción de Pierre al ver el código fue de miedo, angustia. El recuerdo de asignaturas cursadas en el pasado le venía a la cabeza y le impedía centrarse. Nunca se le había dado demasiado bien la informática, un lastre que todavía le pesaba demasiado. Por suerte, tal como había apuntado Debey, Jordi lo ayudaría. Siempre había sido mucho mejor que él en asuntos tecnológicos.

El Bibliotecario Nocturno mantuvo la mente fría y supo desentrañar el misterio con facilidad. Todo apuntaba a una publicación periódica titulada “Liga de Bibliotecarios Asesinos”. ¿Dónde se encontraría? Tal vez en la zona de periódicas, o tal vez en el depósito. Tal y como se habían puesto las cosas, este último no parecía ser el lugar más seguro. Sin embargo, sentían que la historia estaba cada vez más cerca a su final, así que primero se dirigieron al catálogo de fichas para anotar la situación exacta de la revista con el fin de no perderse en el depósito.

Ahora, a buscar el depósito. Extrañamente, se encontraba bien señalizado, detrás del mueble-catálogo, con la puerta abierta y las luces encendidas. Parecía todo demasiado sencillo. ¿Sería sensato lo que estaban a punto de hacer?

La Liga de los Bibliotecarios Asesinos 2Las dudas los asaltaban continuamente. Además, ¿qué conseguirían accediendo a un artículo titulado “Diez consejos para los profesionales que empiezan su vida laboral”? Mientras bajaban unas interminables escaleras escucharon susurros, muy a lo lejos, y una puerta chirriante que se cerraba lentamente llevándoselas consigo.

Al llegar al depósito se sorprendieron: apenas había unas 10 estanterías y no se habían construido en torno a un compactus. Aquello era muy raro, sobre todo porque a primera vista no había ninguna salida por donde hubieran escapado los desconocidos. Estaban convencidos que uno de ellos era el que había acabado con la vida del Bibliotecario Asesino. ¿Cuál sería el resorte que accionaría el mecanismo de apertura de la puerta invisible?

Cuando por fin localizaron la publicación, la duda cayó sobre ellos. ¿Qué hacer? La respuesta a todo parecía estar tan cerca, tan a mano…. pero, ¿y si aquello no era más que una trampa?

Jordi dijo que había de ser él, Pierre, quien cogiera el volumen y lo examinara.

Cuando el joven rozó la punta del dedo índice con el lomo de la publicación, se oyó un extraño ruido…. crec…. crec………crush

“¡Pierre, hay una trampa. Mira debajo de ti!”

Pero demasiado tarde lo dijo: el suelo se partió y se lo tragó. Jordi se quedó paralizado, aunque de pronto escuchó la voz tranquilizadora de su amigo:

¡Jordi, debes bajar ahora mismo. Es impresionante todo lo que hay aquí. Te encantará!

Aquél habitáculo era muy extraño, pero a la vez sumamente atractivo. En el centro de la estancia, flotando en el aire, había una esfera incompleta, formada por pequeñas piezas de puzzle, cada una de ellas con un carácter escrito en su superficie: ?, W, ?… Era blanca, y de su interior irradiaba una extraña luz que se reflejaba en las paredes, proyectando cantidad de información en multitudes de idiomas y continua actualización: textos, enlaces, fotografías, vídeos, sonidos… Daba la sensación de tratarse de un organismo vivo; o, mejor aún, de una comunidad muy compleja y vital, como si de un panal de laboriosas abejas se tratase, cada una aportando su mejor saber en beneficio del resto.

En un principio, cuando se repuso de la brusca caída, Pierre se sintió sobrecogido, sentimiento que fue tornándose en sorprendida admiración para después inundarle una gran alegría.

Aunque la felicidad duró menos de lo esperado:

“Jordi, ¿bajas? ¿Eh?, ¿Quién…?, ¿Qué? ¡Socorro!, ¡no!, ¡yo no….!. ¡Déjeme! ¿Jordi? ¡Ayúdame!, ¡Jor…..d…!

Continuará…


 

La creación de la historia

Todo comenzó cuando se planteó para BiblogTecarios hacer alguna actividad original para el Día del Libro. Entre todos decidimos realizar una historia encadenada en que cada uno de los miembros seguiría la historia creada por uno de nosotros. La idea era crear una historia en la que se mezclaran los diferentes estilos y maneras de escribir con los que cada uno de nosotros nos caracterizamos. La verdad es que el resultado se puede calificar de éxito puesto que aunque se hayan incorporado párrafos en los que cada uno “ha dejado volar su imaginación”, hemos sabido complementarlos. Lo cierto es que hemos querido celebrar a nuestra manera este día que en cierta manera nos atañe, esperamos que hayáis disfrutado con nuestra aportación y, quizá, hasta el año que viene.
Feliz Día del Libro.

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