De bibliotecas escolares y otros paripés

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, paripé -del caló paruipén- significa fingimiento, simulación o acto hipócrita. Y “hacer el paripé” es presumir o darse tono. Y tal cosa es lo que hacen las administraciones públicas con competencias educativas (entiéndase el Ministerio y las respectivas comunidades autónomas) cuando hablan de bibliotecas escolares. Porque en España, las bibliotecas escolares no existen.

Supongo que para argumentar tal aseveración deberé ir al principio y tratar de definir el concepto de biblioteca. Sí, sé que hay muchas definiciones; cada tratadista y cada profesor tiene la suya, pero a mí me parece muy acertada la de los compañeros de la American Library Association cuando afirman que “Biblioteca es una colección de materiales de información organizada para que pueda acceder un grupo de usuarios, con personal encargado de sus servicios y programas”. Y ahí está el quid de la cuestión. Las bibliotecas escolares en nuestro país son una voluntad del que quiere, un brindis al sol… pero no algo real, a causa de que no todos los centros de enseñanza tienen biblioteca, y los que la tienen, no tienen bibliotecario. Resumiendo: Hay espacios y hay libros… pero no hay personal especializado.

La actual Legislación Estatal (Ley Orgánica 2/2006) de Educación obliga a que todos los centros de enseñanza -sin distinguir entre los de educación Infantil, Primaria, Secundaria y Bachillerato- dispongan de una biblioteca,  a que se dedique tiempo a la lectura y su fomento y hasta autoriza a los centros escolares a pactar con las bibliotecas municipales para cumplir estos objetivos. Pero no dice en ningún sitio que las bibliotecas escolares sean atendidas por bibliotecarios. Algo que es evidente: Tampoco dice que las clases hayan de ser impartidas por maestros. Sin embargo, lo que parecía elemental, acaba no siéndolo.

El año 2008 vimos como se celebraba el I Mes Internacional de la Biblioteca Escolar por iniciativa de la International Association of School Librarianship. Muchos políticos en España lo celebraron, pero ninguno propuso la única solución válida a nuestro problema, que es crear por ley plazas de bibliotecario en todos los colegios e institutos de bachillerato de nuestro país.

¿Por qué si en un centro escolar hay psicólogos, pegagogos, y docentes de toda clase de pelaje, no puede haber bibliotecarios? Las bibliotecas escolares -salvo honrosas excepciones que confirman la regla- están atendidas por profesores (normalmente de Lengua y Literatura) que se turnan atendiendo la biblioteca a su buen saber y entender. Pero si bien pueden mantener el orden en la sala, gestionar los préstamos y recomendar una lectura, habría que recordar a nuestros políticos que un bibliotecario es bastante más que eso. Porque un docente no sabe catalogar, ni clasificar, ni hacer bibliografías correctamente, ni enseñar a citar, ni atender un servicio de información y referencia… Simplemente porque no se les ha formado para realizar una serie de tareas técnicas de un ámbito profesional ajeno al suyo.

Por ello afirmo que en España las bibliotecas escolares son un paripé. Sin un técnico, las bibliotecas escolares serán habitaciones con libros. O aparcaderos de niños. O salas de castigo, como acertadamente comentaba hace cuatro meses nuestra compañera Fuensanta Martínez. Cualquier cosa… menos verdaderas bibliotecas.

El Gobierno perdió una excelente oportunidad para crear bibliotecarios escolares cuando reformó en 2007 la Ley de Bibliotecas. Y evidentemente, las bibliotecas escolares siguen fuera del S. E. B., el Sistema Español de Bibliotecas, que encabezado por la Biblioteca Nacional, está integrado por las Bibliotecas de las Universidades Públicas, las de las Reales Academias, las de organismos públicos o privados de excepcional interés que se incorporen por convenio y las de los Ministerios y Organismos Autónomos exceptuando las escolares. ¿Por qué están excluidas?¿No será porque el Legislador sabe que, al carecer de personal profesional, no son verdaderas bibliotecas?

¿Veremos alguna vez, en lugar de voluntariosas alternativas como los “bibliotecarios de doble uso”, o los profesores haciendo de bibliotecarios, que por fin se crean plazas profesionales de bibliotecario en los colegios de nuestro país?

El Ministro de Educación, o Presidente de Comunidad Autónoma, que sea capaz de solventar esta carencia pasará a la Historia de la Cultura. Como pasó Carlos III en 1771 cuando decretó que se abriesen al público las bibliotecas de los obispados y cabildos catedralicios, surgiendo el embrión de lo que luego fueron Bibliotecas Públicas Provinciales, las actuales Bibliotecas Públicas del Estado. ¿O es que a ninguno de nuestros políticos -ni los de antes, ni los de ahora- le interesa solucionar el problema? ¿Es que les basta con seguir haciendo el paripé?

Será un paso de gigante en la formación de nuestros niños, que son el mañana de nuestra sociedad. Sin bibliotecarios escolares es muy difícil que consigamos la anhelada equiparación con Europa de los hábitos de lectura de nuestros conciudadanos.

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Cuaderno de bitácora sobre Gestión Cultural y del Patrimonio, Museología, Bibliotecas Universitarias-CRAIs en el EEES, Asociaciones y Asociacionismo Profesional, y Gestión y Desarrollo de la Colección. Estudios: • Licenciado en Gª e Historia por la UCM, Especialista en Historia del Arte. • Postgrado de Especialista en Archivística por la UCLM. • Diploma de Estudios Avanzados de Doctorado en Humanidades. • Suficiencia investigadora por el Dpto. de Hª del Arte de la UCLM. Bibliotecario desde 1993, primero en la Biblioteca Pública del Estado en Toledo y luego en la UCLM. Actualmente, responsable de la biblioteca del campus científico-tecnológico de Toledo. Ha sido Secretario Regional y Presidente de ANABAD-CLM, y miembro de los consejos federales de ANABAD, FEAGC y FESABID, así como profesor colaborador de la Facultad de Humanidades de Toledo.
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